domingo, 12 de enero de 2014

Ajbar Machmuâ


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«En el nombre de Dios clemente y misericordioso. La bendición de Dios sea sobre nuestro señor Mahoma y su familia; salud. Colección de tradiciones relativas a la conquista de España; relación de los emires que hubo en ella hasta la entrada de Abderramán ibn Muawiya; de cómo triunfó y reinó en ella, así como sus hijos, y de las guerras que hubo entre unos y otros con tal motivo».

Así comienza un manuscrito anónimo de la Biblioteca Nacional de Francia, posiblemente escrito en el norte de África bereber hacia el siglo XI. Recoge numerosas tradiciones sobre Al-Ándalus, correspondientes a los siglos VIII a X: comienza con la conquista musulmana, dedica una gran extensión a Abderramán, el primer emir independiente, y alcanza de un modo más somero la época de plenitud del califato de Córdoba. Fue traducido al castellano a mediados del siglo XIX, por lo que influyó poderosamente en las interpretaciones de los historiadores de la época.

El Ajbar Machmuâ no constituye una verdadera obra histórica al modo al que estamos acostumbrados: se ha compuesto mediante la concatenación de diversos testimonios (a algunos de sus autores los cita, a otros no) que el desconocido autor ha ido recopilando. El resultado es, por tanto, desigual: hay importantes lagunas (de acontecimientos, de etapas, de personajes) e incluso errores claros puestos de manifiesto por los historiadores actuales, que, en general confían más en otras obras escritas en la misma época, como el Muqtabis del historiador cordobés Ibn Hayyan.

Y sin embargo merece la pena leerse esta breve obra: su viveza y colorido la hacen amena y próxima. Debe además valorarse un cierto rechazo a las numerosas leyendas que se habían generado con la conquista de la península Ibérica, y que tuvieron una gran difusión, hasta incluirse algunas de ellas en la colección canónica de Las mil y una noches.

El texto es la traducción que Emilio Lafuente, uno de los más destacados arabistas españoles del siglo XIX, incluyó en la edición originaria de esta obra, en 1867. Solamente he modernizado la ortografía, y he añadido numerosos epígrafes (identificados mediante corchetes) para facilitar su lectura.

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