sábado, 15 de marzo de 2014

Rufus Festus Avienus, Ora Marítima

De un incunable con sus obras de 1488
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Rufus Festus Avienus, de procedencia itálica, fue quizás un funcionario del bajo Imperio romano en el siglo IV de nuestra era, que desempeñó cargos relevantes en África (si se le identifica con el aludido en una inscripción de Bulla Regia, Túnez). Pero ha pasado a la posteridad gracias a su obras didácticas de carácter geográfico, en buena medida reelaboraciones personales de obras anteriores de otros autores. Con el título Descriptio Orbis tradujo de forma muy libre, quitando y añadiendo lo que consideraba conveniente, una obra del griego Dionisio Periegetes. El resultado fue un manual en verso sobre el mundo conocido que parece tuvo cierto éxito entre los jóvenes estudiosos romanos, ya que la versificación facilitaba su aprendizaje de memoria. También tradujo del griego el poema erudito Fenómenos de Arato de Soli, que se ocupa del movimiento de los astros.

Pero la obra que nos interesa es su Ora Marítima, a pesar de que ha llegado a nuestros días en estado fragmentario (713 versos). Es otro poema didáctico en el que describe las costas europeas, desde las islas Británicas hasta el mar Negro. Pero en la época del autor el prestigio de lo antiguo es grande: «Se encontrará aquí, pues, a Hecateo de Mileto y Helánico de Lesbos; asimismo Fileo el ateniense, Escílax de Carianda; a continuación Pausímaco, a quien engendró la antigua Samos, incluso Damasto, nacido en la noble Sige, y Bacoris, originario de Rodas; también Euctemón, conciudadano de la metrópolis ática; el siciliano Cleón, el propio Heródoto de Turios y, por último, aquel que es la gran lumbrera de la elocuencia, el ateniense Tucídides.» (42-50).

Como vemos, Avieno aduce como fuentes de información viejos autores prestigiosos de los siglos VI y V a. de C., que nos retrotraen a una época ocho o nueve siglos antes. Pero parece ser que, más que estos textos, utilizó preferentemente el denominado Periplo Massaliota, un documento perdido de principios del siglo VI a. de C., en el que un desconocido marino y comerciante de la Marsella focense recogería toda la información práctica necesaria para la navegación: accidentes costeros, corrientes marítimas, vientos, estado de los fondos, características de las distintas poblaciones con las que entraría en contacto... En resumen, un documento de gran valor en la época de las grandes colonizaciones.

Para la península Ibérica su importancia es capital; tenemos mucha información a partir de la presencia romana a fines del siglo III a. de C., pero para los siglos anteriores sólo disponemos de las fuentes arqueológicas. Esta obra es la que nos permite poner nombres e identificar lugares y poblaciones en la más antigua protohistoria hispánica. Y esto aunque sea de forma meramente aproximativa, ya que el rigor y la precisión no son las características principales de esta obra (en ocasiones habrá que plantearse si lo curioso de un nombre o de una localización no se debe principalmente a las necesidades de la métrica...).

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