domingo, 23 de noviembre de 2014

Octavio César Augusto, Hechos del divino Augusto

Augusto, año 14 (12,8 x 9,3 cm). British Museum
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Se cumple el bimilenario de la muerte del creador del principado, el modelo romano de poder autocrático que no prescinde de las formas e instituciones republicanas, pero concentra todo el poder decisivo vitaliciamente en una persona. Esta solución a las tensiones del siglo I a. C. se demostrará exitosa, y perdurará hasta el fin del imperio: su máxima expresión, Diocleciano, dominus et deus para millones de súbditos. Con respecto a Octavio ya hemos presentado algunas biografías, como la de Suetonio en su Vidas de los doce césares.

En esta última obra se hace referencia a la que ahora nos ocupa: «Había hecho Augusto su testamento (...) un año y cuatro meses antes de morir; le añadió dos codicilos, escritos en parte de su puño y en parte de sus libertos Polibio e Hilarión. Este testamento, depositado en el Colegio de las Vestales, lo presentaron estas mismas en tres cuadernos con idénticos sellos. Abrióse en el Senado y se le dio lectura. (… El segundo codicilo contenía) un sumario de su vida, que debía grabarse en planchas de bronce delante de su mausoleo.» Suetonio se refiere así a las Res Gestæ Divi Augusti, que tuvieron una gran difusión. Naturalmente, las placas originales se perdieron, pero con frecuencia se reprodujeron en los muy numerosos templos dedicados a Augusto repartidos por todo el Imperio. Las inscripciones conservadas son muy abundantes, y también traducidas al griego; entre ellas destaca la de Ancyra, en la actual Ankara.

En este breve escrito, del que presentamos su traducción junto con el texto latino, se observa ante todo su finalidad propagandística. Sólo aparecen los hechos que legitiman el poder del príncipe: la pacificación de Roma con la conclusión de las luchas civiles, la protección del pueblo mediante su munificencia, la reconstrucción de la urbe con un amplio programa constructivo, la defensa de los limes del imperio, la recuperación de estandartes de las legiones, la fundación de numerosas ciudades (y entre ellas, nuestra Cæsar Augusta)... Pues bien, esta maniobra política tendrá éxito: la imagen de Octavio que han presentado a lo largo de los siglos historiadores y literatos, deriva con frecuencia de esta visión sin sombras, dejando de lado otras fuentes más críticas.

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