miércoles, 4 de marzo de 2015

Adolf Hitler, Mi lucha

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Al iniciar su monumental estudio biográfico sobre Adolf Hitler (1889-1945), Ian Kershaw escribe: «Más que la extraña personalidad del hombre que tuvo en sus manos el destino de Alemania entre 1933 y 1945, lo que ha seguido interesándome... ha sido la cuestión de cómo fue posible Hitler: no sólo cómo pudo obtener el poder del estado un aspirante tan absolutamente impropio, sino cómo consiguió ampliar ese poder hasta hacerlo absoluto, de tal forma que hasta los mariscales de campo estuvieran dispuestos a obedecer sin vacilar las órdenes de un antiguo cabo, e incluso profesionales capacitados e inteligencias agudas de todos los sectores de la vida estuvieran dispuestos a prestar una obediencia acrítica a un autodidacta cuyo único talento indiscutible era el de saber avivar las emociones más viles de las masas.» (Ian Kershaw, Hitler 1889-1936, Barcelona 1999, p. 10)

Más adelante señala el mismo historiador: «Mein Kampf es importante porque nos permite asomarnos a su pensamiento a mediados de la década de 1920. Por entonces Hitler había elaborado una filosofía que le proporcionaba una interpretación completa de la historia y de los males del mundo, y los medios que podían permitir superarlos. Lacónicamente resumida, no pasaba de ser una visión simplista y maniquea de la historia como lucha racial, en la que la entidad racial más elevada, el ario, estaba siendo debilitada y destruida por la más baja, el judío parásito... La misión del movimiento nazi estaba, por tanto, muy clara: destruir el bolchevismo judío. Al mismo tiempo (un oportuno subterfugio que permitía justificar la conquista imperialista directa) esto proporcionaría al pueblo alemán el espacio vital que la raza dominadora necesitaba para sustentarse.» (Ibid., p. 250 s.)

La difusión de la obra fue prodigiosa... sobre todo desde que Hitler asumió el poder absoluto, cuando se la quiso convertir en la Biblia nacionalsocialista, o incluso la Biblia del pueblo alemán. En cualquier caso, queda en pie la pregunta cómo fue posible Hitler. Rosa Sala lo expone así: «Mein Kampf no sólo fue uno de los libros más vendidos de la Alemania nazi (…) sino, desafortunada y paradójicamente, también uno de los menos leídos. Frecuentemente considerado ilegible por partidarios y detractores debido a su estilo farragoso y repetitivo, su desconocimiento contribuyó en gran medida a la subestimación política del nazismo y de su Führer. El hecho de que, desde 1930, el propio Hitler quitara importancia a su obra programática (…) permitió que se pasara por alto el hecho incuestionable de que en Mein Kampf, con su manifiesta exposición de la cosmovisión hitleriana, se expresen de forma inequívoca y con asombrosa consecuencia tanto sus propósitos de expansión imperialista hacia el este como su convicción de que había que deshacerse de los judíos en un combate que, según sus propias palabras, es y va a ser siempre sangriento (…) Una y otra vez se ha formulado la pregunta de cómo es posible que un libro como Mein Kampf pudiera distribuirse sin impedir para siempre la subida al poder de Hitler.» (Rosa Sala Rose, Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, Barcelona 2003, p. 260 s.)

Esta postura puede conducir, en ocasiones, a explicar el nazismo basándose en la ignorancia de gran parte de la población (no sabía,  no leí, no me enteré...), o en trivializar aquellos propósitos manifiestos y públicos (quién pensó que los aplicaría, los políticos siempre exageran, se moderará en el poder...). Sin embargo debe tenerse en cuenta, también, el pavoroso conductismo práctico de la propaganda en las nuevas sociedades de masas: si determinante en el campo del capitalismo consumista, decisivo hasta un grado patético en el de la imposición ideológica. Hasta el punto en que modelar una sociedad en función de unas ideas determinadas viene a ser lo mismo que modelarla en función de unos gustos musicales determinados, siempre y cuando se disponga de los recursos, medios y poder coercitivo necesario. Y el nazismo, y el fascismo, y el comunismo (y no sólo ellos) lo consiguieron.

¿Y por qué editar aquí este libro? En primer lugar porque es un texto de carácter propagandístico imprescindible para conocer su época. En segundo lugar porque debe estar disponible (con sus clamorosas inconsistencias) fuera de los círculos cerrados de sus mitificadores. Pero hay una tercera razón: en nuestras sociedades hoy está presente el culto a la violencia (generalizada la verbal; ¿cada vez más presente la física?), el supuesto derecho a imponer la Verdad Absoluta (es decir, mi pequeña y retorcida verdad), el desprecio cargado de razones hacia los que piensan o actúan o son de otro modo (o son malos o son tontos), los racismos que nunca han desaparecido y que tintan a tantos nacionalismos (aunque se disfracen de culturalismos e idiomismos), los imperialismos expansionistas... Todos estos rasgos no derivan necesariamente del nazismo, pero quizás sea urgente poner de relieve que todos ellos estaban presentes en el imaginario hitleriano...


Felix Nussbaum, Prisionero acurrucado, 1940

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