domingo, 3 de diciembre de 2017

Luis de Ávila y Zúñiga, Comentario de la Guerra de Alemania hecha por Carlos V, máximo emperador romano, rey de España, en el año de 1546 y 1547

Bob de Moor
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Luis de Ávila y Zúñiga (1504-1573) fue uno de tantos estrechos colaboradores que mantuvieron en pie la monarquía universal de Carlos V. Estuvo presente en la capital (aunque no tanto decisiva) campaña de Alemania contra los príncipes de la Liga de Smalkalda, que culminó en la celebérrima batalla de Mühlberg, y decidió redactar para mayor glorificación del Emperador «una relación de parte de sus hechos (...) tan verdadera y sucinta, que si algo se le quitase, sería hacer agravio a la verdad del que la escribió. Vuestra majestad la lea, y dé gracias a Dios, que le hizo tan gran príncipe, y tan merecedor de serlo, que es más; y también nosotros se las daremos, pues nos le dio por señor; que tanto le debe vuestra majestad por lo uno, como nosotros por lo otro.» Y nos narra detenida y vivazmente las dos campañas, de las que ha sido testigo de vista: la primera contra la liga de los príncipes protestantes en torno al Danubio, y la segunda, al año siguiente, directamente contra el elector Juan Federico de Sajonia y el landgrave Felipe de Hesse.

Y concluye: «Desta manera ha compuesto el Emperador las cosas de Alemania, que estaban en la cumbre de la soberbia y con tanto poder, que los que eran cabezas dellas no les parecía su soberbia presunción, sino razón. Y sin duda ninguna su poder era tan grande, que, cuanto a lo humano, no parecía que había fuerzas en el resto de la cristiandad toda junta para contrastar con las destos; mas Dios, que todo lo puede, ha permitido lo mejor. Y así, el Emperador ha ganado estas victorias, de las cuales quedará su nombre más claro que el de los emperadores romanos, pues en los efectos muy grandes ninguno le hizo ventaja, y en la causa dellos él la ha hecho a todos; y así, tiene obligados a todos estos príncipes que estén por la determinación de la Iglesia, así como al conde Palatino y duque Mauricio y marqués de Brandemburg, electores, y a todos los de su nombre y al duque de Vitemberg, y lo que más imposible parecía en Alemana, al mismo Lantgrave y otros príncipes, y juntamente todas las ciudades imperiales; de lo cual desde Augusta, donde se tiene la dieta, su majestad envió con el cardenal de Trento larga relación a su santidad.

»La grandeza desta guerra merece muy más larga relación que esta mía; mas yo con esta breve ayudo a la memoria de los que la han de hacer de toda ella más particularmente. Sólo esto diré, que César, de cuyos comentarios el mundo está lleno, tardó en sojuzgar a Francia diez años, y con sólo haber pasado el Rin y estado diez y ocho días en Alemania, Roma hacía suplicaciones a los dioses, y le pareció que bastaba aquello para la autoridad y dignidad del pueblo que señoreaba el mundo. El Emperador en menos de un año sojuzgó esta provincia, bravísima por testimonio de los romanos y de los de nuestros tiempos. También Carlomagno en treinta años sojuzgó a Sajonia; y el Emperador en menos de tres meses fue señor de toda ella. Así que la grandeza desta guerra merece otros estilos más altos que el mío, porque yo no la sé escribir sino poniendo la verdad libre y desnuda de toda afición apasionada; porque la memoria della, en cuanto en mí es, pues lo vi todo, sea tan perpetua cuanto merece la grandeza de la empresa, la cual y la del año pasado han sido gobernadas por el Emperador tan acertadamente, que si de otra manera se hubiera guiado, no se hubiera conseguido el fin que todos hemos visto. Porque todas las veces que ha sido menester el gobierno y arte, se ha observado la orden para aquel efecto necesaria; y cuando ha sido conveniente la fuerza y la determinación, se ha ejecutado con aquel ánimo y esfuerzo que es menester para que la fama de su majestad quede tan superior a la de los capitanes pasados, cuanto en la virtud y valor él lo es a todos ellos.»


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