viernes, 16 de marzo de 2018

Felipe II rey de Inglaterra. Documentos (1554-1557)

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Juan de Mariana, en la Historia General de España: «La nueva reina de Inglaterra estaba deseosa de asegurar aquel reino, y para esto tomar por marido persona de valor y fuerzas; pareció que ninguno podía ser más a propósito para lo que pretendía que el príncipe de España don Felipe, al cual el emperador, su padre, a postrero de octubre del año pasado había nombrado por rey de Nápoles y duque de Milán. Hechos los conciertos, pasó el príncipe a Inglaterra, donde se celebraron las bodas en la ciudad de Vintonia, a 25 de julio, el mismo día de Santiago. Hallóse presente el cardenal Reginaldo Polo, enviado por legado del pontífice por ser de la real sangre de Inglaterra y de vida muy santa, con pretensión de reducir, como lo hizo, y reconciliar aquel reino con la Iglesia romana.»

Modesto Lafuente, en su homónima Historia General de España: «Trataba ya Carlos de casar otra vez a su hijo. Inclinábase Felipe a la infanta doña María de Portugal, hija del rey don Manuel y hermana de la emperatriz su madre. Mas como este matrimonio no se efectuase a causa del inmediato deudo que entre los dos había, se pensó en otro de más importancia para el engrandecimiento de Castilla, en el de María de Inglaterra, heredera de la corona de Eduardo VI. Este casamiento no podía ser sino puramente político y de cálculo, porque ni la edad de la princesa, que frisaba ya en los treinta y ocho años cuando Felipe no había cumplido aún los veinte y siete, ni su carácter y figura la hacían a propósito para inspirar una pasión amorosa. Pero Carlos en los últimos años de su imperio no pensaba más que en el acrecentamiento de sus estados y en el engrandecimiento de su hijo; y Felipe, que tampoco carecía de ambición, no dudó sacrificar los afectos de hombre a los cálculos de rey (1553); y llamarse rey de Inglaterra y unir este reino a tantos otros como estaba llamado a heredar era cosa que lisonjeaba grandemente al padre y al hijo. Halagaba a María la idea de tener un marido joven, heredero de tan grandes estados, y descendiente de su misma familia de España; y el catolicismo de Felipe y su devoción que para otros era un defecto, era para María, católica y devota como él, una recomendación y un aliciente. Así, cuando a la muerte de su hermano Eduardo heredó el trono de Inglaterra, a las embajadas e instancias que con este motivo se apresuró a enviarle y hacerle Carlos V contestó la reina María muy favorablemente, y mostrando en ello la mayor satisfacción, en términos de ajustarse muy pronto las capitulaciones, y escribir a Felipe, tanto los encargados de negociar el contrato como el emperador su padre (enero, 1554), que viese de acelerar todo lo posible su ida a Inglaterra.»

Rafael Altamira, en su Historia de España y la civilización española: «La viudez de Felipe hizo posible la combinación que años más tarde llevó a cabo el emperador, casando nuevamente a su hijo con la reina de Inglaterra, María, hija de Enrique VIII y de la infanta española Catalina. La opinión general del pueblo inglés no era favorable a una alianza con España, y, además, el fuerte partido protestante que allí se había creado, necesariamente tenía que ser hostil al cambio de política que aquel matrimonio suponía, aunque la reina fuese ya de suyo ardiente católica y tan dispuesta a rectificar lo hecho por su padre, que había acudido a los medios violentos para reducir a los protestantes. Felipe vivió algún tiempo en Inglaterra y se esforzó en hacerse agradable al pueblo, conquistando, efectivamente, algunas simpatías entre los nobles. El parlamento inglés aprobó (Octubre de 1554) la sumisión al Papa, y la nobleza prestó juramento, de rodillas, ante los reyes. Pero el matrimonio de Felipe y María no fue fecundo ni muy feliz, aunque la reina parece haberse plegado bien a la voluntad de su marido. Llamado por su padre, Felipe salió de Inglaterra el 29 de Agosto de 1555 y no volvió a ver a su esposa hasta Marzo de 1557, veinte meses antes de que muriese María.»

En la entrega de esta semana podremos acercarnos a las interioridades de los acontecimientos narrados: la correspondencia oficial de los soberanos (el príncipe, la reina, el emperador), y sobre todo de los fontaneros de la época: embajadores y secretarios. En ella observaremos la información, avisos y reclamaciones (principalmente de dinero) que consideran más relevante o urgente, que se entrecruzan entre todos ellos. También incluimos un escueto diario del viaje de Felipe II a Inglaterra, de la mano de Juan de Varaona, que formaba parte de su séquito.

Felipe II y María Tudor. Bedford Collection, Woburn Abbey

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