viernes, 18 de mayo de 2018

Pompeyo Gener, Cosas de España (Herejías nacionales y El renacimiento de Cataluña)

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Pompeyo (o Pompeu, cuando escribía en catalán) Gener (1850-1920) fue un conocido periodista, escritor, publicista y funcionario en la Barcelona del penúltimo cambio de siglo. Fue progresista radical, republicano federal, y catalanista… racial. Desde una curiosa amalgama de cientifismo, positivismo y darwinismo social, bien cimentada con un historicismo romántico y emocional, rechazó la monarquía, el catolicismo, el krausismo y la España castellana. El resultado de esta mixtura es quizás un tanto endeble: las costuras (y costurones) son demasiados patentes, las contradicciones demasiados evidentes, y el complejo de superioridad demasiado racista. Con facilidad deja de lado aquellos datos que harían desentonar sus planteamientos. Por ejemplo, el entonces omnipresente carlismo catalán simplemente no existe. El lector no puede menos de sentirse tentado, muy a poco de iniciar la lectura de la obra, a aplicar al autor éste su periodo: «A partir de aquí, empieza a considerarlo todo inferior a lo suyo; toda opinión que en algo le contradiga le parece falsa; créese posesor de la verdad absoluta e indiscutible y desprecia toda razón, toda observación y todo invento, como una impertinencia.» Naturalmente, Gener lo aplica a los españoles…

Cosas de España fue publicada en 1903, pero en realidad es la reedición de su Herejías. Estudios de crítica inductiva sobre asuntos de España (Madrid 1887), al que añade La cuestión catalana, o sea la resurrección de un pueblo, materiales, nos dice, para un libro sobre el catalanismo que no llegará a escribir. Su tesis es la característica de los sectores supremacistas catalanes; sus objetivos son hartos conocidos, y sus argumentos son tan endebles como lo son hoy en día: «España está paralizada por una necrosis producida por la sangre de razas inferiores como la Semítica, la Bereber y la Mogólica, y por el espurgo que en sus razas fuertes hicieron la Inquisición y el Trono, seleccionando todos los que pensaban, dejando apenas como residuo más que fanáticos, serviles e imbéciles. La compresión de la inteligencia ha producido aquí una parálisis agitante. Del Sur al Ebro los efectos son terribles; en Madrid la alteración morbosa es tal que casi todo su organismo es un cuerpo extraño al general organismo europeo. Y desgraciadamente la enfermedad ha vadeado ya el Ebro, haciendo terrible presa en las viriles razas del Norte de la Península. (…) Desesperamos de que el elemento indogermánico verdaderamente humano que hay en la Península se levante y triunfe de esos neo-moros adoradores del Verbo, raza de gramáticos y de sofistas, y de esos neo-judíos que explotan en beneficio propio, hasta producir la esterilidad o apelar a la falsificación, desde el simple obrero que rueda un huso, al genio que concibe un invento. Mucho tememos que estas razas mestizas de Sarraceno, Vándalo y Mogol, unas; de Cartaginés e Israelita, otras, predominen ayudadas por el medio en que se vive en la Península, y que tan favorable les es. Desgraciadamente la Historia parece indicarlo. Expulsamos los franceses en seis años, los moros en setecientos; lo que es a los judíos no les echamos hasta que nos apercibimos que nos hacían la competencia en agiotaje.»

Y es que esta obra es una interesante muestra de la influencia que alcanzó el autodenominado racismo científico en los planteamientos políticos del XIX y del XX (y parece que más acá también). Lo que tiene de superficial, de pura agitación propagandística, de excesiva si queremos, nos atestigua la influencia enorme que alcanzó: sirve para justificar la expansión colonial, para defender la integridad nacional, para exigir la emancipación de la nación… y siempre para considerarse superior a los demás. El racismo de Gener es el moderno, y sobre él fundamenta todo su análisis. No es de extrañar la frecuencia con la que utiliza algunas palabras. Como es lógico, dada la temática del libro abundan las referencias a Cataluña y lo catalán (unas quinientas veces) y a España y lo español (una cifra similar). Pero es que raza o razas aparece en casi dos centenares de ocasiones, a los que hay que añadir sus denominaciones específicas, como arios, habitualmente identificados con los catalanes y contrapuestos a las otras supuestas razas que caracterizarían a castellanos, manchegos, andaluces… Resulta curioso la frecuencia (más de cien veces) con que Gener utiliza los comparativos inferior/superior para definir personas, poblaciones, territorios, literatura, ciudades, costumbres… El peso de su racismo sólo se modula cuando se interponen otras de sus obsesiones. Así, parece lamentar que la expulsión en masa de los moriscos a principios del siglo XVII se llevara a cabo «no por cuestión de raza alguna, sino por el interés de la religión católica.»


Cu-cut, 10 de septiembre de 1910

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