jueves, 1 de enero de 2026

Ramón del Valle-Inclán, Visión estelar de un momento de guerra. La Media Noche. En la luz del día.

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Escribe Margarita Santos Zas en su Introducción a la vida y obra de Valle-Inclán: «El estallido de la I Gran Guerra en 1914 coincide, desde el punto de vista personal del escritor, con una etapa de reflexión que se traduce en silencio literario. Pero ese silencio está preñado de cambios que cristalizarían en breve. Valle se había declarado aliadófilo y había firmado con otros intelectuales un manifiesto a favor del bando aliado, que se publicó en el periódico El Liberal (5 de julio de 1915).

»La oportunidad de visitar el frente de guerra se presentó a través de Jacques Chaumié, cónsul francés en España, amigo, traductor y gran admirador del escritor, que fue el portavoz oficial de su Gobierno para invitarlo a París, probablemente en la visita que Chaumié hizo a Madrid con editores franceses en la primavera de 1915. Sin embargo, el viaje se retrasaría hasta 1916. El 30 de abril sale Valle con destino a París (según consta en su pasaporte), comisionado por Prensa Latina como cronista de guerra; y el 2 de mayo está en la capital francesa, como atestiguan sus primeras impresiones recogidas de puño y letra en un pequeño cuaderno de notas inédito (...), en el que el escritor dio cuenta puntual —a veces minuciosa y otras apresurada— de su sobrecogedora experiencia como testigo de guerra.

»Si el cuaderno citado es de excepcional valor para conocer la vivencia bélica del escritor y su posterior transmutación literaria, son también de gran interés las cartas que desde París escribió a su mujer y amigos, así como las entrevistas concedidas durante su estancia en Francia y posteriormente en España. De la reelaboración artística de aquella experiencia surge la serie de crónicas sobre la guerra, que se publicaron, a su regreso, en Los Lunes del Imparcial bajo el título genérico de Un día de guerra (Visión estelar), que daba cobijo a dos partes: la primera, La Media Noche (octubre-diciembre de 1916), versión que transformó considerablemente al editarla como libro en 1917; la segunda, En la luz del día (enero-febrero de 1917), quedó olvidada durante cincuenta años en las páginas de dicho periódico hasta que la rescató en 1968 Roberta Salper.

»Aquella excepcional experiencia, a mayores de su significado humano, tiene una importante trascendencia estética. Valle tuvo ocasión de recorrer las trincheras aliadas, ver la ciudades bombardeadas, los hospitales de la retaguardia, conocer a altos mandos del Estado Mayor francés y participar del horror, la destrucción y la muerte de una guerra distinta a todas las que le precedieron. Pero la vivencia que más hondamente caló en el escritor fue un vuelo sobre los campos de batalla, que relataría, entre otros, a su amigo Tanis —Estanislao Pérez Artime— en carta fechada el 3 de junio de 1916: Yo he volado sobre las trincheras alemanas, y jamás he sentido una impresión que iguale a ésta en fuerza y belleza.

»Aquel vuelo, confiesa a Corpus Barga, acompañante en este viaje: Será el punto de vista de mi novela, la visión estelar. A partir de ella escribe La Media Noche. Visión estelar de un momento de guerra (1917). Este importante hallazgo comporta el protagonismo múltiple, la reducción y la simultaneidad temporal, la multiplicidad de focos espaciales y el fragmentarismo constructivo. Estas implicaciones técnicas determinan la modernidad de este texto y de la novelística posterior.»

Ahora bien, además de un aguzado reportaje, un gran aporte estético, y una denuncia de las calamidades de la guerra, no podemos soslayar que en buena medida es también un inteligente producto de propaganda, en el marco del crudo enfrentamiento que se desarrolló en la neutral España entre aliadófilos y germanófilos. Valle-Inclán no duda en absoluto a la hora de tomar partido entre los poilu (a los que él traduce por peludos) y los boches. La cuestión es que lo hace de un modo no sólo inelegante sino también injusto. Las condenas se restringen a los alemanes, acompañadas de gruesas descalificaciones. En cambio se elude cualquier crítica hacia la dirección de la guerra por parte francesa, y se narra con indiferencia (que roza la justificación) la decisión temporal del mando inglés de no hacer prisioneros...

Trinchera en Souchez (Artois), diciembre 1915. Acuarela de Francois Flameng (1856-1923)

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