viernes, 20 de septiembre de 2019

El voto femenino: debate en las Cortes de 1931

Clara Campoamor
 |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

Desde principios del siglo XX las reclamaciones para el reconocimiento del derecho del voto femenino en España, existentes desde tiempo atrás, se hacen más frecuentes en la vida política: aumenta el asociacionismo de mujeres en todo el arco ideológico y en todos los campos sociales, así como su presencia activa en los medios de comunicación y en la vida de la cultura. En 1907 se produce el primer intento de modificar en este sentido la legislación electoral, aunque sin éxito alguno. Otras enmiendas y proyectos de ley se presentarán en 1908 (por parte de un senador conservador y, de forma independiente, por un grupo de diputados republicanos), y en 1919, por parte de un diputado conservador.

El primer reconocimiento legal del voto femenino tuvo lugar apenas iniciada la dictadura del general Primo de Rivera. En 1924 se aprobó el Estatuto municipal redactado principalmente por Calvo Sotelo, que reconocía el derecho a voto en las elecciones de Ayuntamientos a las españolas mayores de veintitrés años, no sujetas a la patria potestad, autoridad marital, ni tutela, que fuesen vecinas con casa abierta. Consecuencia de ello fue el nombramiento de las primeras mujeres concejales y, en 1927, el de de trece mujeres como miembros de la Asamblea Nacional reunida por el dictador. Entonces, en el Anteproyecto constitucional que se elaboró, se amplió el reconocimiento del voto femenino y se estableció el voto para todos los españoles mayores de 18 años, sin distinción de sexo. Ahora bien, estos cambios se produjeron en un régimen autoritario, en el que no se reconocían las libertades políticas básicas, y en el que no existían elecciones libres, y con su hundimiento quedaron truncados dichos cambios.

En 1931 se produjo la proclamación de la República, con un propósito expreso de democratización de la vida política española. Sin embargo, el gobierno provisional no mantuvo los avances establecidos por la dictadura respecto al voto femenino. La vieja Ley electoral liberal fue modificada, pero sólo concedió a las mujeres el sufragio pasivo, es decir el derecho a presentar su candidatura y ser votadas, y no el sufragio activo, es decir el derecho al voto. Para cambiar la situación hubo de esperarse a la elaboración de la nueva Constitución. Los debates a que dio lugar, tanto en la Comisión correspondiente como en el Pleno de las Cortes, fueron extensos y acalorados, fruto de la división de opiniones en el seno de la mayoritaria conjunción republicano-socialista, dominante entonces, e incluso en el seno de cada uno de los partidos que la componían. El voto femenino fue rechazado sobre todo por sectores radicales y radical-socialistas por motivos de oportunidad: se temía que las mujeres apoyaran en buena medida a las derechas no republicanas.

Este debate se desarrolló en varias sesiones, principalmente en septiembre de 1931, y concluyó con la definitiva aprobación del voto femenino en iguales condiciones que los varones. Aunque intervinieron una treintena de diputados, la voz principal a la que puede atribuirse el resultado fue la de la republicana radical Clara Campoamor, que tuvo que combatir la oposición de miembros de su propio partido, de los radicales-socialistas (entre los que estaba Victoria Kent), y de otros grupos republicanos. Presentamos un completo extracto de las sesiones celebradas entre los días 1 de septiembre y 1 de octubre de 1931, tomadas del Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes de la República Española.

Parte de los miembros de la Comisión Constitucional en las Cortes de 1931

viernes, 13 de septiembre de 2019

Hartmann Schedel, Crónicas de Nuremberg

Tomo I  |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |
Tomo II  |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |
Tomo III  |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

Hartmann Schedel (1440-1514) fue un humanista, médico e historiador alemán, impulsor y autor de uno de los incunables más bellos, el Liber chronicarum, más conocido como las Crónicas de Nuremberg. Lo editó doblemente en latín y en alemán en 1493, e incluye casi dos millares de grabados en madera (un buen número de ellos repetidos), obra de Michael Wolgemuth y Wilhelm Pleydenwurff. La voluminosa obra contiene una completa historia del mundo, según la concepción tradicional cristiana que se inicia con san Agustín y que amalgama la historia bíblica con las concepciones historigráficas clásicas, como vemos en las Historias contra los paganos del Paulo Orosio. El decurso del tiempo se divide en seis edades, a la que algunos añadirán una séptima y concluyente, el fin de los tiempos. La presente obra narra las cuatro primeras edades a partir del Antiguo Testamento, pero se centra sobre todo en la quinta (desde la deportación de Babilonia) y la sexta (desde el nacimiento de Cristo), lo que le permite explayarse con la historia griega, romana y la que por ese tiempo va a proponerse denominar medieval. Al final se incluye una somera geografía del mundo. Pero la razón por la que presentamos en Clásicos de Historia esta obra es la riqueza informativa de sus grabados. Rosario Quirós los presenta así en el excelente blog La Cámara del Arte.

«Las más de 1.800 ilustraciones, realizadas en los talleres de Wolgemuth, en el que aprendía el joven Durero, y Pleydenwurff, son imágenes de muy variada temática: religiosa, mitológica, histórica y geográfica, ofreciendo además un amplio repertorio de vistas de ciudades. Estas vistas son lo más característico del Liber Chronicarum y de ellas una tercera parte son reconocibles por su topografía y edificios principales, reproduciendo fortificaciones, puentes, palacios e iglesias con rasgos de los estilos arquitectónicos locales. Mención especial merece la vista de Nuremberg, ciudad del editor, a doble página completa, con indudable carácter propagandístico. La obra contiene, además, dos mapamundis: el primero, basado en la configuración de Ptolomeo; el segundo, un mapa de Europa Central y Oriental, y además el primero que aparece en un libro impreso. Las ilustraciones realizadas con grabados a página completa son auténticas obras maestras dentro de la técnica. Ejemplo de ello es la primera ilustración que aparece, dando comienzo a la primera parte, un retrato de Dios entronizado en el momento de la creación del mundo. Toda esta parte está repleta de grandes ilustraciones con escenas del Génesis, incluyendo la creación de Adán, el Pecado original y el Arca de Noé. Por lo general, estas xilografías de mayor tamaño se utilizan para representar los eventos más importantes, recurso también empleado en las laboriosas ilustraciones referentes al Apocalipsis, muy detalladas y cargadas de un expresionismo propiamente centroeuropeo.

»Contiene cientos de retratos acompañados de breves reseñas biográficas, estos se ubican a los lados izquierdo y derecho intercalando el texto e incluyen a personajes históricos en ocasiones acompañados de su genealogía, que desde una perspectiva textual eran muy difíciles de descifrar, motivo por el que los ilustradores emplearon varios diseños para explicar claramente las relaciones familiares altamente complejas descritas en el texto. Además de dioses y reyes, también nos encontramos retratados a filósofos, como Sócrates, Platón o Aristóteles, dramaturgos como Sófocles, y Cleopatra, faraona ptolemaica, entre otros eruditos medievales. Es interesante notar que todos ellos visten con ropajes de época contemporánea a la creación del libro, del mismo modo en que se hacía en las pinturas de la época. Junto a los relatos de la vida y sufrimientos de múltiples mártires y santos reconocidos, a modo de hagiografía, aparecen su retratos o representación de sus martirios, a veces mostrándonos escenas con cierto nivel de acción, como la Judith que porta la cabeza de Holofernes, a quien acababa de decapitar, o las crudas escenas del martirio de San Bartolomé. Las razas imaginarias también tienen su lugar, son fantasiosas criaturas de origen mitológico y medieval, seres marginados, que viven en los extremos más externos del mundo, lugares inhabitables que no aparecen en los mapas.»

Incendio de la Biblioteca de Alejandría por las tropas de Julio César

viernes, 6 de septiembre de 2019

Conrad Cichorius, Los relieves de la Columna Trajana. Láminas

Trajano
 |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

La llamada Columna Trajana de Roma fue construida en piedra y mármol por Apolodoro de Damasco en 113. Estaba situada en el foro de Trajano, en un patio limitado por las Bibliotecas griega y latina, frente al templo dedicado a este emperador. Mide 39,81 m. de alto por 3,83 m. de diámetro. El alto podio cúbico sobre el que se levanta, decorado con relieves de trofeos militares, acoge una cella que contuvo las cenizas del emperador. Desde allí, una escalera de caracol de 185 escalones conduce a lo más alto de la columna. La basa es un gran toro esculpido como corona de laurel, y el fuste culmina en un gran capitel dórico que sostenía una estatua en bronce del emperador (sustituida siglos después por un San Pedro).

Pero lo que nos interesa es el fuste. Está cubierto por un friso helicoidal de más de 200 metros lineales por un metro de alto, y narra dos campañas dirigidas contra los dacios (región del Danubio) por el propio emperador entre los años 101 y 106. Es una narración continuada: los episodios se suceden uno tras otro pero no se confunden, aunque no hay un marco de separación entre ellas. Destaca el realismo y detallismo de sus 2.500 figuras (los setenta retratos de Trajano con diferentes indumentarias, los soldados romanos, los bárbaros) y de sus escenarios naturales y arquitectónicos.

Asistimos a escenas muy variadas: marchas de los romanos y de los bárbaros, fortificaciones, combates, arengas, construcción de puentes o fortificaciones, etc., desde los aspectos más crudos (un legionario avanza atenazando con los dientes los cabellos de un enemigo al que acaba de decapitar), hasta los más benévolos (el emperador acoge generosamente a los enemigos derrotados). En cualquier caso, el elemento que unifica toda la acción es Trajano, que acude en los momentos difíciles, toma las decisiones, e interviene en la batalla como un simple soldado. La glorificación del emperador queda realzada, además, con la presencia de elementos simbólicos y míticos (augurios, genios) que, por contraste, hacen más real la narración.

El historiador alemán Conrad Cichorius (1863-1932) publicó en 1896 un completo estudio sobre los relieves de la Columna Trajana, del que proceden las láminas que aquí reproducimos.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Trescientos Clásicos de Historia (2014-2018)

 |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

«Volviendo este mismo folio aparece bajo un arco muy perfecto el Lector, sentado en rico y delicado sillón, de muchas molduras y labores, con almohadón y respaldo: adorna su cabeza un nimbo verde con estrellas pintadas de color rojo y blanco. La túnica que viste es larga hasta cerca de los pies, que aparecen envueltos en raro calzado, semejante a la madreña de Asturias, dejándose ver también su media corta y verde. Sobre todo lleva un manto abierto por delante, pero sujeto sobre el pecho por una fila de botones blancos, rojos y de fondo azul. Con la mano izquierda sostiene un bastón de punta metálica y puño redondo en el otro extremo. Señalando está con su diestra al códice de los cánones, que bajo otro arco bizantino se ve abierto y colocado en un atril, de molduras y trabajos hechos con elegancia. En la parte más alta del libro asoma una mano muy toscamente dibujada (mano de Dios), que lo mantiene abierto, y por encima está escrito: Codex: por debajo del pequeño facistol dice: Analogium, y a los pies del profesor (Lector) hay estas palabras: Incipit versificatio interrogatioque aput codicem lectoris. Lo que resta del dicho folio está ocupado por la inicial elegantísima de los versos que en preguntas y respuestas siguen sobre lo contenido del códice. En toda esta página abundan los vermiculados bizantinos, y otros mil caprichosos y raros adornos de aquel estilo arquitectónico.» La escena fue así descrita en 1874 por José Fernández Montaña, en el tomo III del Museo español de antigüedades.

En el Índice cronológico de este blog reproduje esta conocida miniatura del folio 20v del Códice Albeldense, en la que el lector conversa animadamente con el libro, convenientemente dispuesto, abierto sobre el atril o analogio (que cobija otros volúmenes). Ambos levantan su respectiva mano derecha, en característico ademán del orador. Y este ha sido el único propósito de Clásicos de Historia a lo largo de sus cinco años de existencia: facilitar que todos aquellos interesados entablen este animado diálogo con tantos testigos de otros tiempos y otros lugares que en muchos casos duermen un sueño persistente en bibliotecas con frecuencia sólo interrumpido por el interés encomiable y fructífero de estudiosos, especialistas e historiadores profesionales. Sus descubrimientos, planteamientos e hipótesis también nos interesarán e iluminarán, pero para nosotros, los meros consumidores de cultura, no sustituyen el contacto, la conversación a veces pausada, pero con frecuencia apresurada (e incluso descuidada), con lo que constituye nuestra verdadera memoria del pasado, con su esfuerzo por entenderse, sus patentes verdades, mentiras y tergiversaciones, sus obsesiones, y sus abundantes ángulos ciegos. Todo ello nos proporcionará espesor, profundidad y perspectiva a los actuales status quaestionis (además de una inconmensurable satisfacción intelectual).

Y la inmensidad de Internet nos posibilita y al mismo tiempo nos dificulta un multiplicado acceso a los textos, que con frecuencia quedan ocultos por océanos de otros productos que obedecen a propósitos diversos. Clásicos de Historia ha querido actuar en este sentido reuniendo y proponiendo el presente elenco, sin pretensiones académicas, científicas ni profesionales. Pero concluyamos ya; y un buen modo será acudir a Jorge Luis Borges en La Biblioteca de Babel (1941): «Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono. El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza.»

Ilustración de Joost Swarte

viernes, 21 de diciembre de 2018

Bartolomé y Lucile Bennassar, Seis renegados ante la Inquisición

|  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

El pasado 8 de noviembre falleció el historiador francés y gran hispanista Bartolomé Bennasar, miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia, y con una extensa y variada obra en su haber. En 2005, al hacerse eco (Revista de Libros) de la publicación de su La Guerre d'Espagne et ses lendemains, otro egregio hispanista, el norteamericano Stanley G. Payne, lo caracterizaba así: «Un nuevo libro de Bennassar constituye siempre un acontecimiento especial, ya que no es sólo el más prolífico de los hispanistas franceses, sino también el de mayor alcance y el más versátil. Es un especialista en la historia de España en la época moderna que ha contribuido, asimismo, con importantes estudios a la historia contemporánea. Entre sus numerosísimas obras, Bennassar es conocido sobre todo, probablemente, por su ingente estudio sobre la región de Valladolid en el siglo XVI (1967), por su historia de la Inquisición (1979) y por su penetrante análisis sociocultural L'homme espagnol: attitudes et mentalités du XVIeau XIXe siècle (1975). Su dedicación a la historia contemporánea es más reciente: su biografía Franco (1995) es un relato equilibrado y objetivo del anterior Jefe del Estado, mientras que su breve Franco: enfance et adolescence (1999) es el mejor tratamiento escrito en ningún idioma sobre las tres primeras décadas de vida de Franco.»

En sentido homenaje, Clásicos de Historia quiere comunicar una pequeña parte de la luminosa obra que Bartolomé Bennassar junto con su esposa Lucile dedicaron en 1989 a Los cristianos de Alá. La fascinante aventura de los renegados, cuya traducción de José Luis Gil Aristu data del mismo año, y que desgraciadamente ya no se cita en la página web de la Editorial Nerea, que la publicó en nuestro país. Confiemos en una próxima reedición y, mientras, recomendamos su lectura en bibliotecas públicas, o su adquisición de segunda mano. In memoriam, reproduciremos solamente las seis historias particulares de renegados de distinto origen (un manchego, un portugués, un languedociano, un ferrarés, un siciliano y un segoviano), reconstruidas a partir de los exuberantes archivos de las distintas Inquisiciones que estudiaron sus casos y magistralmente reconstruidas por los autores. Su origen, su trayectoria vital, y su destino posterior no pudo ser más variado. Pero la obra es mucho más que estas peripecias individuales. En la segunda parte (Historia plural: las series) y en la tercera (Sueño turco y nostalgia cristiana), completa el estudio del fenómeno de los renegados, reconciliados o no, que tuvo una considerable incidencia durante toda la Edad Moderna: los Bennassar añaden en anexo un extenso listado que recoge los nombres y datos básicos de 461 renegados españoles que en algún momento posterior comparecieron ante los tribunales de la Inquisición.

Viñeta de Bob de Moor

viernes, 14 de diciembre de 2018

Edmundo de Amicis, Corazón. Historia de un niño

|  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

Comunicamos hoy un excelente y divulgadísimo ejemplo de obra de ficción con intencionalidad política. Toda sociedad, en toda época, se caracteriza por poseer una doctrina dominante, promovida por una minoría e interiorizada a partir de cierto momento por la mayor parte de la población, a pesar de lo cual los principios de conducta que se derivan de ella son conculcados con mayor o menor frecuencia, amplitud y aceptación. Esta doctrina dominante (llamémosle dodo, para abreviar, y en recuerdo del organizador de la competición circular en la que todos ganan), presenta otra característica fascinante: aunque su contenido es tremendamente volátil, y cambia continuamente, su continente y ropajes tienden a permanecer mucho más estables. Así, por ejemplo, hay una manifiesta continuidad entre radicales decimonónicos, revolucionarios de entreguerras, contestarios sesenteros y, por ejemplo, actuales cuadros de Podemos. Y este parentesco espiritual, percibido por sus propios protagonistas, encubre sin embargo dodos no ya diferentes sino incompatibles. Y es que poseen otra característica: dodo aspira a la permanencia y es percibido como permanente e irreversible. Sin embargo el propio éxito que conduce a su difusión, le precipita a la difuminación, a la tergiversación, y a la definitiva transformación en un dodo diferente.

Ahora bien, con el establecimiento de los estados liberales, se diseñaron dos nuevas herramientas para extender su nueva dodo (la más general, compartida por conservadores y progresistas) entre toda la población: el servicio militar obligatorio y la educación obligatoria. Ambas tenían unos propósitos bien definidos, consecuencia de dos de sus principios fundamentales: la soberanía nacional y la igualdad (legal, que no social) que exigen que toda la sociedad se implique en su defensa, y por lo tanto desarrolle un espíritu de comunidad civil que sustituya a las anteriores comunidades basadas en la religión, en el linaje, en el localismo. Nace así definitivamente la educación estatal (tan pública como todas), que satisface el derecho popular de acceder a la cultura, reclamado o tolerado por las distintas clases sociales, y al mismo tiempo las adoctrina en la nueva doctrina, sus valores, sus principios, su ética, sus recetas políticas, económicas y sociales. Y como en todo sistema de adoctrinamiento, se hizo necesario un nuevo ritual, con sus ídolos, con sus ceremonias envolventes, con su santoral laico…

Todo esto lo vamos a observar en esta obra de Edmundo de Amicis (1846-1908). Con apariencia de diario infantil, repleto de un sentimentalismo omnipresente, efectivo pero que ya iba quedando anticuado, era en sentido estricto una transposición de los Años Cristianos y devocionarios usuales entre los católicos, a la nueva realidad creada por la unificación italiana, y a los principios liberales y progresistas que la habían llevado a cabo. Encontraremos frecuentes llamamientos a un interclasismo paternalista que substituya los enfrentamientos sociales por la benevolencia de los de arriba y la aceptación de la condición de cada cual entre los de abajo. Y de igual modo el patriotismo, ya teñido de nacionalismo: se exalta el ejército, consecuente motivo de orgullo, y se rinde culto a los héroes, los auténtico padres de la patria: el rey Víctor Manuel y su sucesor el rey Humberto, Cavour, Mazzini, Garibaldi. Otros valores anteriores se incorporarán a esta nueva cosmovisión, como los religiosos. Pero serán inculcados por la madre del protagonista, mientras que los primeros lo son por el padre, como en estas recomendaciones que le hace a su hijo:

«Saluda a la patria de este modo en los días de sus fiestas: Italia, patria mía, noble y querida tierra donde mi padre y mi madre nacieron y serán enterrados, donde yo espero vivir y morir, donde mis hijos crecerán y morirán; bonita Italia, grande y gloriosa desde hace siglos, unida y libre desde hace pocos años; que esparciste sobre el mundo tanta luz de divinas inteligencias, y por la cual tantos valientes murieron en los campos de batalla y tantos héroes en el patíbulo; madre augusta de trescientas ciudades y de treinta millones de hijos; yo, niño, que todavía no te comprendo y no te conozco por completo, te venero y te amo con toda mi alma, y estoy orgulloso de haber nacido de ti y de llamarme hijo tuyo. Amo tus mares espléndidos y tus sublimes Alpes; amo tus monumentos solemnes y tus memorias inmortales; amo tu gloria y tu belleza, te amo y venero como a aquella parte preferida donde por vez primera vi el sol y oí tu nombre. Os amo a todas con el mismo cariño, y con igual gratitud, valerosa Turín, Génova soberbia, docta Bolonia, encantadora Venecia, poderosa Milán; con la misma reverencia de hijo os amo, gentil Florencia y terrible Palermo, Nápoles inmensa y hermosa, Roma maravillosa y eterna. ¡Te amo, sagrada patria! Y te juro que querré siempre a todos tus hijos como a hermanos; que honraré siempre en mi corazón a tus hombres ilustres vivos y a tus grandes hombres muertos; que seré ciudadano activo y honrado, atento tan sólo a ennoblecerme para hacerme digno de ti y cooperar con mis mínimas fuerzas para que desaparezcan de tu faz la miseria, la ignorancia, la injusticia, el delito; para que puedas vivir y desarrollarte tranquila en la majestad de tu derecho y de tu fuerza. Juro que te serviré en lo que pueda con la inteligencia, con el brazo y con el corazón, humilde y valerosamente; y que si llega un día en el que deba dar por ti mi sangre y mi vida, daré mi vida y mi sangre y moriré elevando al cielo tu santo nombre y enviando mi último beso a tu bendita bandera.»

viernes, 7 de diciembre de 2018

Enrique Flórez y otros, España Sagrada. Teatro geográfico-histórico de la Iglesia de España. Origen, divisiones y límites de todas sus provincias, antigüedad, traslaciones y estado antiguo y presente de sus sillas, con varias disertaciones críticas.


Escribe Giovanni Stiffoni: «Quien representa mejor el carácter y la estructura de la respuesta historiográfica a las demandas que las élites dirigentes del reinado de Fernando VI dieron a los historiadores de la época es el agustino Enrique Flórez (1702-1773). Después de una serie de trabajos teológicos, Flórez publica en Madrid, en 1743, una especie de introducción al estudio de la historia con una puesta al día de los problemas cronológicos con el título de Clave historial, que tuvo un éxito enorme (15 ediciones). En ella, Flórez enunciaba ya con claridad el ideal pragmático en el que basará todo su trabajo historiográfico: abrir la puerta a la Crítica, que con el tiempo va progresando cada vez más, teniendo siempre presente que a la historia le corresponde la tarea de ayudarnos a buscar los caminos para convertirnos en hombres. Flórez demuestra también su carácter de hombre abierto a la curiosidad intelectual de la época en el gran interés que prestó a las cuestiones de historia natural, tanto que no vaciló en aplicar la noción de serie ―fundamental para las ciencias naturales― al campo de la investigación histórica.

»La Academia de la Historia trató de arrogarse la idea original de una historia eclesiástica del país, pero a Flórez se debe la estructuración del proyecto. Lógicamente no a un Flórez que, en lo recóndito de sus pensamientos concibió primero la idea de una Geografía Eclesiástica de España y luego la de la España Sagrada, sino a un Flórez condicionado tanto por los problemas y las exigencias culturales (que supo captar, cuando enseñaba teología en Alcalá de Henares, en las conversaciones madrileñas con los intelectuales de la Biblioteca Real, sobre todo con Juan de Iriarte), como por la exigencia de aportar claridad a la intrincada y muy delicada cuestión de los derechos de la Corona en materia de las relaciones Estado-Iglesia que provenía del propio equipo ministerial. Si por añadidura tenemos en cuenta los frecuentes coloquios que mantuvo y la ayuda bastante grande que halló en Sarmiento, el gran artífice cultural en la Corte de la empresa feijoniana, es evidente que la obra de Flórez entra de lleno en esa vasta operación de toma de conciencia crítica del propio pasado, con todas las atenciones debidas al contenido no meramente científico sino político de la misma, que orienta toda la compleja operación de modernización de la cultura del país llevada adelante por Feijóo (…)

»La España Sagrada no se limitó al ámbito de la historia eclesiástica, sino que, debido a los lazos tan estrechos existentes entre ésta y la historia política y civil del país, amplió sus propios confines incluyendo fenómenos y momentos cruciales del conjunto de la historia de España. La obra, todavía hoy indispensable para cualquier acercamiento a los problemas de documentación de la historia de España (Flórez, en efecto, sostenía no escribir historia, sino lo que se necesita para escribirla), si por una parte aborda con idéntica dignidad de opus eruditissimum trabajos como los Acta Sanctorum de Bolland, la Italia Sacra de Ughelli, la Gallia Chistiana de los maurinos y la Anglia Sacra, por otra es indudablemente la versión oficial que de este aspecto de la historia del país era impuesta por el poder, y Flórez no fue su intérprete iluminado, sino consciente, haciéndose por tanto responsable de todos los límites y de los compromisos necesarios que esto significaba.» (AAVV, Historia de la Literatura Española, II, Madrid 1990, pág. 771 y s.)

De Enrique Flórez ya hemos comunicado en Clásicos de Historia sus ediciones de la Crónica de los reyes visigodos, y de los Anales Toledanos.


Tomo I. Enrique Flórez: Clave geográfica y Geografía eclesiástica de los Patriarcados, con el origen de las dignidades pontificias, contraído a la Iglesia de España, y Divisiones de las provincias antiguas de estos reinos. (Madrid 1747)  |  PDF  

Tomo II. Enrique Flórez: Cronología de la historia antigua de estos reinos aplicada a concilios y reyes, declarando el verdadero cómputo de la Era Española; con tablas de cómputos eclesiásticos, y uso de los ciclos. (Madrid 1747)  |  PDF  

Tomo III. Enrique Flórez: Predicación de los apóstoles en España; propagación de la Cristiandad desde el siglo primero; origen, progreso y mutación de la Misa antigua en estos reinos, justificado todo con escritores de buena fe, y con algunos documentos inéditos. (Madrid 1748)  |  PDF  

Tomo IV. Enrique Flórez: Origen y progresos de los obispados, tiempo en que se hicieron estables las metrópolis, formación de las provincias eclesiásticas y divisiones antiguas de sus sillas; justificado todo con escritores de buena fe y documentos auténticos. Añádese el Cronicón de Idacio, nuevamente ilustrado, con otros inéditos. (Madrid 1749)  |  PDF  

Tomo V. Enrique Flórez: De la provincia Cartaginense en particular. Trátase de sus límites y regiones, con lo que pertenece al estado antiguo, eclesiástico y político de su capital civil; y de la Santa Iglesia de Toledo. Justificado todo con escritores de buena fe, y con algunos documentos inéditos. (Madrid 1750)  |  PDF  

Tomo VI. Enrique Flórez: De la Santa Iglesia de Toledo en cuanto metropolitana. De sus concilios y honores sobre las demás Iglesias de estos reinos; juntamente con los santos dediócesis, y provincia antigua de Toledo. Añádense algunos apéndices de documentos hasta hoy no publicados. (Madrid 1751)  |  PDF  

Tomo VII. Enrique Flórez: De las Iglesias sufragáneas antiguas de Toledo: Acci, Arcavica, Basti, Beacia, Bigastro, Cástulo, Compluto, Dianio, Elotana, Ilici, Mentesa, Oreto, y Osma, según su estado antiguo. (Madrid 1751)  |  PDF  

Tomo VIII. Enrique Flórez: De las Iglesias sufragáneas antiguas de Toledo: Palencia, Setabi, Segovia, Segóbriga, Segoncia, Valencia, Valeria y Urci, según su estado antiguo. Añádese el Chronicón del Pacense, más exacto que en las ediciones antecedentes. (Madrid 1752)  |  PDF  

Tomo IX. Enrique Flórez: De la provincia antigua de la Bética en común, y de la santa Iglesia de Sevilla en particular. (Madrid 1752)  |  PDF  

Tomo X. Enrique Flórez: De las Iglesias sufragáneas antiguas de Sevilla: Abdera, Asido, Astigi, y Córdoba. Dedicado a los santos de estas diócesis. (Madrid 1753)  |  PDF  

Tomo XI. Enrique Flórez: Contiene la vida y escritos nunca publicados hasta hoy, de algunos varones ilustres cordobeses, que florecieron en el siglo nono. (Madrid 1753)  |  PDF  

Tomo XII. Enrique Flórez: De las Iglesias sufragáneas antiguas de Sevilla: Egabro, Elepla, Eliberi, Italica, Malaga y Tucci. (Madrid 1754)  |  PDF  

Tomo XIII. Enrique Flórez: De la Lusitania antigua en común, y de su metrópoli Mérida en particular. Dedicado a los santos de esta metrópoli. (Madrid 1756)  |  PDF  

Tomo XIV. Enrique Flórez: De las Iglesias de Ávila, Caliabria, Coria, Coimbra, Ébora, Egitania, Lamego, Lisboa, Ossonoba, Pacense, Salamanca, Viseo y Zamora, según su estado antiguo. Dedicado a los santos de estos obispados. (Madrid 1758)  |  PDF  

Tomo XV. Enrique Flórez: De la provincia antigua de Galicia en común, y de su metrópoli, la Iglesia de Braga en particular. (Madrid 1759)  |  PDF  

Tomo XVI. Enrique Flórez: De la santa Iglesia de Astorga en su estado antiguo y presente. (Madrid 1762)  |  PDF  

Tomo XVII. Enrique Flórez: De la santa iglesia de Orense en su estado antiguo y presente. (Madrid 1763)  |  PDF  

Tomo XVIII. Enrique Flórez: De las Iglesias Britoniense y Dumiense, incluidas en la actual de Mondoñedo. (Madrid 1764)  |  PDF  

Tomo XIX. Enrique Flórez: Contiene el estado antiguo de la Iglesia Iriense y Compostelana, hasta su primer arzobispo. (Madrid 1765)  |  PDF  

Tomo XX. Enrique Flórez: Historia Compostelana, hasta hoy no publicada, donde se incluyen las pruebas del tomo procedente, con otras muchas noticias de papas, cardenales, obispos, concilios, reyes, varones ilustres, y en especial del primer arzobispo de Santiago D. Diego Gelmírez. Escrita por tres canónigos de Santiago desde el año mil y ciento al cuarenta. (Madrid 1765)  |  PDF  

Tomo XXI. Enrique Flórez: Contiene la Iglesia de Porto, de la Galicia antigua, desde su origen hasta hoy. (Madrid 1766)  |  PDF  

Tomo XXII. Enrique Flórez: De la Iglesia de Tuy desde su origen hasta el siglo décimo sexto. (Madrid 1767)  |  PDF  

Tomo XXIII. Enrique Flórez: Continuación de las memorias de la santa Iglesia de Tuy, y colección de los cronicones pequeños, publicados e inéditos, de la historia de España. (Madrid 1767)  |  PDF  

(Tomo XXIV.) Enrique Flórez: La Cantabria. Disertación sobre el sitio y extensión que tuvo en tiempo de los romanos la región de los cántabros, con noticia de las regiones confinantes, y de varias poblaciones antiguas. Discurso preliminar al tomo XXIV de la España Sagrada sobre la provincia Tarraconense. (Madrid 1768)  |  PDF  

Tomo XXIV. Enrique Flórez: Antigüedades Tarraconenses. Preliminar a las memorias eclesiásticas de la Santa Iglesia de Tarragona. (Madrid 1769)  |  PDF  

Tomo XXV. Enrique Flórez: Las memorias eclesiásticas antiguas de la santa Iglesia de Tarragona. (Madrid 1770)  |  PDF  

Tomo XXVI. Enrique Flórez: Contiene el estado antiguo de las Iglesias de Auca, Valpuesta y Burgos, justificado con instrumentos legítimos y memorias inéditas. (Madrid 1771)  |  PDF  

Tomo XXVII. Enrique Flórez: Contiene las iglesias colegiales, monasterios y santos de la diócesis de Burgos, conventos, parroquias y hospitales de la ciudad. (Madrid 1772)  |  PDF  

Tomo XXVIII. Enrique Flórez: Contiene el estado antiguo de la Iglesia Ausonense, hoy Vique. Obra póstuma que publica el P. Fr. Manuel Risco. (Madrid 1774)  |  PDF  

Tomo XXIX. Enrique Flórez: Contiene el estado antiguo de la santa Iglesia de Barcelona, con un catálogo muy exacto de sus primeros gobernadores y condes propietarios, y una colección de los escritos de los padres barcinonenses. Obra póstuma que publica el P. Fr. Manuel Risco. (Madrid 1775)  |  PDF  

Tomo XXX. Manuel Risco: Contiene el estado antiguo de la santa Iglesia de Zaragoza, con algunos documentos concernientes a los puntos que en él se tratan, y una colección de las epístolas de S. Braulio; y otras escritas al mismo santo por los sujetos más célebres de su tiempo, nunca publicadas hasta hoy por la mayor parte. (Madrid 1775)  |  PDF  

Tomo XXXI. Manuel Risco: Contiene las memorias de los varones ilustres cesaraugustanos, que florecieron en los primeros siglos de la Iglesia; las noticias concernientes a la Iglesias, Muzárabes, Literatos y Reyes de Zaragoza en los cuatro siglos de su cautiverio; y las obras del célebre obispo Tajón, hasta hoy no publicadas. (Madrid 1776)  |  PDF  

Tomo XXXII. Manuel Risco: La Vasconia. Tratado preliminar a las santas iglesias de Calahorra y de Pamplona, en que se establecen todas las antigüedades civiles concernientes a la región de los vascones desde los tiempos primitivos hasta los reyes primeros de Navarra. (Madrid 1779)  |  PDF  

Tomo XXXIII. Manuel Risco: Contiene las antigüedades civiles y eclesiásticas de Calahorra y las memorias concernientes a los obispados de Nájera y Álava. Añádese al fin una breve confutación de la obra publicada por el R. P. Fr. Lamberto del Orden de Capuchinos contra el tomo XXX. (Madrid 1781)  |  PDF  

Tomo XXXIV. Manuel Risco: Contiene el estado antiguo de la santa Iglesia exenta de León. Con varios documentos y escrituras concernientes a los puntos que en él se tratan, sacadas en la mayor parte de su archivo. (Madrid 1784)  |  PDF   

Tomo XXXV. Manuel Risco: Memorias de la santa Iglesia de León, concernientes a los siglos XI, XII y XIII), fundadas en escrituras y documentos originales, desconocidos en la mayor parte hasta ahora, y muy útiles para la historia de esta ciudad, del reino de León, y de la España en general. (Madrid 1786)  |  PDF  

Tomo XXXVI. Manuel Risco: Memorias de la santa Iglesia exenta de León, concernientes a los cinco últimos siglos, con un copioso apéndice de Concilios, Escrituras y otros Documentos para la Historia particular de esta ciudad y su iglesia, y para la general del reino. (Madrid 1787)  |  PDF  

Tomo XXXVII. Manuel Risco: Antigüedades concernientes a la región de los astures transmontanos desde los tiempos más remotos hasta el siglo X. Establecimiento del Reino de Asturias y memorias de sus reyes; fundación de la ciudad e iglesia de Oviedo; noticias de sus primeros obispos, y examen crítico de los concilios ovetenses. (Madrid 1789)  |  PDF  

Tomo XXXVIII. Manuel Risco: Memorias de la santa Iglesia de Oviedo concernientes a los siglos X, XI, XII, XIII y XIV, fundadas en monumentos auténticos de su archivo y de otros. Concilios que se celebraron en esta sede, cuyas actas se publican con otros documentos muy útiles para la Historia eclesiástica y civil de España. (Madrid 1793)  |  PDF  

Tomo XXXIX. Manuel Risco: De la Iglesia exenta de Oviedo desde el medio del siglo XIV hasta fines del siglo XVIII. Historia de la fundación del Principado de Asturias, como dignidad y mayorazgo de los primogénitos de los Reyes de España y herederos de estos Reinos. (Madrid 1795)  |  PDF  

Tomo XL. Manuel Risco: Antigüedades de la ciudad y sta. Iglesia de Lugo; memorias de los insignes monasterios de San Julián de Samos y San Vicente de Monforte. Examen crítico de los monumentos que se dicen Concilios Lucenses. Noticias inéditas del célebre Códice de los Concilios que se conservó en esta Iglesia hasta su traslación a la Real Biblioteca del Escorial, y del Ms. remitido a Roma a Gregorio XIII. (Madrid 1796)  |  PDF  

Tomo XLI. Manuel Risco: De la santa Iglesia de Lugo: continuación de su Historia desde el siglo XII hasta fines del XVIII. Documentos desconocidos e inéditos hasta ahora, y relativos a la ilustración de las memorias que se publican. (Madrid 1798)  |  PDF  

Tomo XLII. Manuel Risco: Contiene las antigüedades civiles y eclesiásticas de las ciudades de Dertosa, Egara y Emporias, con los documentos concernientes a los asuntos que se tratan. (Madrid 1801)  |  PDF  

Tomo XLIII. Antolín Merino y José de la Canal: De la santa Iglesia de Gerona en su estado antiguo. (Madrid 1819)  |  PDF  

Tomo XLIV. Antolín Merino y José de la Canal: De la santa Iglesia de Gerona en su estado moderno. (Madrid 1826)  |  PDF  

Tomo XLV. José de la Canal: En que se concluye lo perteneciente a la santa Iglesia de Gerona, colegiatas, monasterios y conventos de la ciudad. (Madrid 1832)  |  PDF  

Tomo XLVI. José de la Canal: De las santas Iglesias de Lérida, Roda y Barbastro en su estado antiguo. (Madrid 1836)  |  PDF  

Tomo XLVII. Pedro Sainz de Baranda: De la santa Iglesia de Lérida en su estado moderno. (Madrid 1850)  |  PDF  

Tomo XLVIII. Pedro Sainz de Baranda: De la santa Iglesia de Barbastro en sus estados antiguo y moderno. Obra póstuma. (Madrid 1862)  |  PDF  

Tomo XLIX. Vicente de la Fuente: La santa Iglesia de Tarazona en sus estados antiguo y moderno.  (Madrid 1865)  |  PDF  

Tomo L. Vicente de la Fuente: Las santas Iglesias de Tarazona y Tudela en sus estados antiguo y moderno. (Madrid 1866)  |  PDF  

Tomo LI. Carlos Ramón Fort: De los obispos españoles titulares de iglesias in partibus infidelium, o auxiliares en la de España. Obra póstuma coordinada y aumentada por don Vicente de la Fuente. (Madrid 1879)  |  PDF  

Francisco Méndez: Noticias de la vida y escritos del Rmo. P. Mro. Fr. Henrique Flórez de la orden del pran P. S. Augustín, Cathedrático de la Universidad de Alcalá, y asistente general de las provincias de España etc. Con una relación individual de los viajes que hizo a las provincias y ciudades más principales de España. (Madrid 1780)  |  PDF  

Pedro Sainz de Baranda: Clave de la España Sagrada, cuyo objeto es dar a conocer esta importante obra y facilitar su uso. (Madrid 1853)  |  PDF  

Ángel González Palencia: Índice de la España Sagrada. (Madrid 1918)  |  PDF