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Como complemento de la entrega anterior de Clásicos de Historia, presentamos el brillante y sugestivo estudio que dedicó Jorge de Sena a nuestro conocido Manuel de Faria en 1972, con motivo del IV Centenario de la publicación de Os Lusíadas. Apareció al frente de la cuidada edición en facsímil de Lusíadas de Luis de Camões, Príncipe de los poetas de España. Al Rey N. Señor Felipe Cuarto el Grande. Comentadas por Manuel de Faria y Sousa, Caballero de la Orden de Cristo, y de la Casa Real, publicado originalmente en 1639, y que puede ser considerado como la obra cumbre del polígrafo barroco.
Sena muestra no sólo su extenso conocimiento de la época, sino su comprensión profunda de las circunstancias, fenómenos y actitudes que se producen en respuesta a la grave crisis de aquellos años cruciales de de la Monarquía Hispánica. Subraya lo innegable: el arraigado patriotismo portugués de Faria, patente en toda su obra, con la que desea impulsarlo y darlo a conocer, que sin embargo coexiste aparentemente sin problema con la desacomplejada aceptación del marco superior hispánico, que se expresa tanto en la elección del castellano como su lengua de expresión escrita preferente, como en la obediencia debida al señor natural, valor clave de larga tradición.
En realidad, podemos añadir, las dos lealtades, a la Nación y a la Monarquía, son perfectamente compatibles en aquella época, como lo son las otras muchas identidades parciales que conforman las complejas personalidades de entonces: la Religión, el Grupo, la Familia, la Condición... Habrá que aguardar al mundo contemporáneo para encontrarnos con el esfuerzo denodado para hacer depender al individuo de una sola identidad que le determina y domina de forma excluyente. El problema surgirá (además de lo impositivo del intento) en el conflicto entre las diversas propuestas de identidad, que se rechazan unas de otras de forma absoluta: la Nación (al modo nacionalista), la Ideología (al modo liberal), la Clase (al modo revolucionario).
La postura intelectual de Faria al respecto, la lealtad a Portugal compatible con la lealtad a España, es absolutamente común a muchos otros literatos, historiadores, fueristas y letrados, que agotan las prensas con las defensas de sus patrias y tradiciones. Y la elección del castellano como lengua franca española, es también habitual, por lo menos desde el siglo XV. Incluso entre muchos de los partidarios o contrarios a la separación de Cataluña de la Monarquía, como Gaspar Sala y Berart, Alejandro de Ros, o el portugués Francisco Manuel de Melo.
Y sin embargo, tradicionalmente se han valorado de forma muy negativa los personajes que se consideraron españolizados (y no sólo en Portugal). Y Sena considera que «ese juicio contra los hispanizados, no ha sido en gran medida objeto de una revisión adecuada, debido a la perpetuación superpuesta de actitudes polémicas superficiales que, desde la Ilustración del siglo XVIII, han visto sucesivamente con hostilidad la castellanización o el bilingüismo del siglo XVII, identificándolos —sin una comprensión crítica actualizada— con composiciones ideológico-literarias opuestas a las luces que brillaban, o se suponía que brillarían, más allá de los Pirineos. El setecentismo portugués disimuló mucho de lo que heredó y continuó del Barroco en esta transferencia de lealtades culturales, el romanticismo siguió naturalmente sus pasos, matizándolas con convicciones de nacionalismo mitológico, y el positivismo del siglo XIX aportó a éstas el aparato crítico de una pseudo-ciencia etnográfica-histórica.»
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Jorge de Sena (1919-1978) es uno de los más destacados intelectuales portugueses del siglo XX. Ingeniero de formación y ejercicio durante bastantes años, compatibilizó aquel con una esforzada y muy abundante dedicación a la escritura. En 1959 abandona Portugal y se establece en el Brasil, con la intención de dedicarse exclusivamente a la literatura; quizás también a causa de una ligera implicación en la conspiración antisalazarista de carácter predominantemente militar conocida como la Revolta da Sé. A partir de entonces se centra exclusivamente en el desarrollo de una considerable labor académica y literaria, primero en el Brasil y tras ocho años, en los Estados Unidos, donde fallecerá. Mantuvo sin embargo estrechos contactos con el mundo cultural portugués, con publicaciones frecuentes y su participación en distintos eventos. Además de destacado poeta, Sena fue un profundo conocedor de la literatura y cultura portuguesa y española, que enseñó en São Paulo, Wisconsin y California.
En un escueto affiche de la Biblioteca Nacional de Portugal con motivo de una exposición sobre el autor, se resume así su obra: «Su obra, además de más de 12 libros de poesía (sin incluir antologías y ediciones póstumas), abarca cuentos (Andanças do demónio y Novas andanças do demónio, Os grão-capitães), novelas (Sinais de fogo), teatro (O Indesejado, Mater imperialis, Amparo de mãe, etc.), y traducciones de obras de ficción (Hemingway, Faulkner, Erskine Caldwell, Thomas Love Peacock, Graham Greene, DuBose Heyward, Evelyn Waugh, etc.) y la poesía (Cavafi, Emily Dickinson, poemas ingleses de Fernando Pessoa, y decenas de otros poetas, reunidos en Poesia de 26 séculos). Además de su extensa obra crítica y académica, que abarca temas que van desde la Edad Media hasta el Renacimiento, el hispanismo y la época contemporánea, destaca el trabajo de Jorge de Sena sobre Inês de Castro, estudios sobre Camões (incluida su tesis doctoral sobre Uma Canção de Camões e o Soneto Quinhentista Peninsular), Maquiavelo, Marx, Florbela, Pessoa, la literatura brasileña, la generación de Presença y la poesía moderna y contemporánea, entre otros. Jorge de Sena también se dedica a la crítica cinematográfica (recogida en Sobre Cinema) y la crítica teatral (recogida en Do teatro em Portugal).»
El profesor y también poeta José Luis García Martín, con motivo de la publicación de una antología de la obra poética de Sena, nos proporcionó hace unos años un interesante retrato del autor: «Jorge de Sena vivió siempre con la convicción de que era un hombre demasiado grande para un país demasiado pequeño. Y era, en verdad, un hombre extraordinario, capaz de destacar en cualquier género literario y en la más minuciosa erudición universitaria (...) Todo su empeño estaba puesto en obtener el premio Nobel de Literatura; se creía con derecho a ser el primer escritor de lengua portuguesa al que se concediera ese galardón. El último artículo que escribió —se publicó unos días después de su muerte— llevaba el título de Aleixandre o el premio Nobel a los insignificantes; no comprendía que en 1977 los académicos suecos hubieran optado por Aleixandre, sólo poeta, y no por él, poeta e infinitas cosas más (...) Jorge de Sena aspiró a desempeñar en Portugal el papel que Unamuno había ejercido en la España de su tiempo: a ser el maestro reconocido por todos y a la vez el jefe de la oposición intelectual. No pudo conseguirlo y siempre vivió con la sensación de que no era suficientemente reconocido y admirado.»
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| Grabado de El Gran Iuſticia de Aragõ Don Martin Batiſta de Lanuza… por Manuel de Faria i Souſa, Cav.° đ la Ordẽ đ Chriſto i de la Caſa Real. Madrid 1650. |













