viernes, 8 de noviembre de 2019

Paul, Hermann y Jean Limburg, Las muy ricas horas del duque de Berry (selección de las miniaturas)

El duque de Berry

Selección de las miniaturas  |  CBZ  |

Escribe Ingo F. Walther en su Codices illustres (2005): «Las muy ricas horas del duque de Berry es sin duda el más famoso de los libros de horas y uno de los manuscritos iluminados que mayor admiración despiertan. Constituyen el último libro de horas confeccionado por encargo del duque Jean de Berry [hermano del rey de Francia]. El trabajo en el manuscrito comenzó aproximadamente al mismo tiempo que los hermanos Limburg pasaban a ocupar el puesto vacante de Jacquemart de Hesdin como pintores principales de la corte del duque. Pero la catástrofe acechaba en el año 1416: los tres hermanos Limburg, Jean, Paul y Hermann, fallecieron a consecuencia de una devastadora epidemia, y el propio duque de Berry murió también, a los 76 años. El códice, previsto en sus inicios como una obra de inimaginable suntuosidad, quedaba así inacabado, y apenas se componía de hojas sueltas. En este estado llegó el manuscrito a finales del siglo XV a la casa de Saboya. Fue entonces, hacia 1485, cuando Carlos I de Saboya encargó a Jean Colombe, pintor de renombre de Bourges y último gran miniaturista que diera Francia, la continuación del trabajo de iluminación del libro.» En la ilustración del folio 75 recto retomó la labor, retratando a los nuevos propietarios en adoración del Varón de dolores, que se alza del sepulcro, y que se recorta ante un bello paisaje «de resonancias renacentistas. Con todo, y pese a la innegable calidad de las iluminaciones de Colombre, éstas quedan muy lejos de la incomparable labor de los hermanos Limburg.»

Y entre todas sus ilustraciones destaca especialmente el Calendario. «Sobre la base de de anteriores representaciones de las estaciones del año y de las distintas labores propias de cada mes, por lo general muy esquemáticas, los hermanos construyen imágenes de página entera en las que las labores tradicionales se suceden frente a magníficos paisajes. En cada uno de éstos aparece uno de los famosos castillos propiedad del duque de Berry o del rey francés: centros de defensa y señales de dominio absoluto que albergaban rebosantes cámaras del tesoro y opulentas colecciones de arte. En la media luna que corona las esquinas superiores de las ilustraciones puede verse a la deidad planetaria que gobierna cada mes, así como el correspondiente signo del zodíaco. Tanto el fondo azul de estos lunetos de implicaciones astronómicas y astrológicas, como el azul de las ilustraciones, se obtuvo mediante el empleo del costosísimo lapislázuli. El estilizado ideal palaciego, caracterizado por un gusto muy refinado, impregna incluso las imágenes que representan las tareas del campo. Las gentes se entregan a sus duras labores cotidianas como en un grácil ballet, y los estilizados cuerpos se mueven por espacios de aceptable perspectiva. Todo ha sido atentamente observado y cada detalle reflejado, y aun así el idealismo de un sobrenatural espíritu festivo envuelve la escena.»

El archivo cbz puede visionarse cómodamente con aplicaciones gratuitas como GonVisor o Mcomix, o simplemente extraer las imágenes.


viernes, 1 de noviembre de 2019

Abraham Ortelius, Theatro del orbe de la Tierra

Abraham Ortelius
Los mapas  |  CBZ  |
Primera edición castellana,1588, ejemplar sin colorear  |  PDF  |
Edición castellana de 1612, ejemplar coloreado  |  PDF  |

Presentamos el primer gran Atlas moderno, publicado en 1570, en Amberes y en lengua latina por Abraham Ortelius (1527-1598), con el título Theatrum orbis terrarum. Su éxito fue rápido y constante, lo que multiplicó las ediciones (siempre con la adición de nuevos mapas) y las traducciones a las principales lenguas: holandés (1571), alemán (1572), francés (1572), español (1588), inglés (1606) e italiano (1608). Y también incentivó la confección de otras obras relacionadas, como nuestra conocida Civitates orbis terrarum, de Braun y Hogenberg, que inició su publicación sólo dos años después. La traducción española fue realizada por el franciscano residente en Lovaina Balthazar Vicentius, y fue impresa en Amberes por Cristóbal Plantino, que le añadió la siguiente dedicatoria al futuro Felipe III, con la correspondiente alabanza de autor y obra:

«Al príncipe de España don Felipe de Austria, Cristóbal Plantino, humilde vasallo y criado del rey Católico su padre nuestro señor, salud y prosperidad entera para la gloria de Dios y bien público de la Cristiandad. En esta ciudad vive Abraham Ortelio, varón bastante para comprehender con el ánimo e ingenio toda la redondez del mundo, así lo desierto como lo poblado, con el mar que todo esto abraza y baña, y no menos para andarlo y peregrinarlo él mismo por su persona, si la facultad conformara con su deseo. Este ciudadano nuestro, que yo por sus virtudes y artes buenas tengo en lugar de hermano muy amado, publicó los años pasados un libro intitulado Theatrum orbis, en lengua latina, y lo dedicó al católico rey don Felipe, nuestro señor, padre de vuestra alteza, a quien principalmente convenís la dedicación de semejante obra, como a su propio señor y rey, so cuyo dominio y gobierno Dios ha puesto la mayor parte de todo cuanto se habita en el continente e islas del tierra. El estudio, cuidado y trabajo que el dicho autor puso en componer con buen orden una obra tan grande, tuvo el suceso que merecía su calidad, porque ha dado mucho contento a todos los hombres en todas las naciones de la Cristiandad; en especial a cuantos entendían la lengua latina, en que los razonamientos del tal libro estaban escritos.

»Y al rey nuestro señor, Padre de vuestra alteza, agradó tanto, que conforme a su real ánimo y propósito perpetuo de premiar a todos los bien ejercitados en artes provechosas y buenas disciplinas, le hizo merced del título de Cosmógrafo Real en todos sus estados. Y porque entre todas las gentes que ahora viven en el mundo, ninguna hay que más haya navegado los mares de él, ni costeado y calado la tierra, que los naturales de España, y muchos de ellos pudiendo aprovecharse de este libro tanto a propósito de su inclinación y ocupación, por carecer de lengua latina, no sienten el gusto y provecho que podrían sacar, determiné yo (con voluntad y beneplácito del autor) traducir en castellano lo que los romancistas desearían tener traducido, y comunicarlo con todas las naciones de España, que comúnmente entienden castellano, por la afección que siempre les he tenido y tengo en particular, allende las generales obligaciones de ser hijos de una Iglesia católica romana, y vivir todos nosotros debajo de un dominio y gobierno de un mismo rey y señor propio natural.

»Pues el mismo consejo y propósito que movió a Abraham Ortelio a ofrecer esta obra en su principio latino a la majestad del rey católico, padre de vuestra alteza, es el que también me ha movido y obligado a mí a presentarla ahora ya más crecida, y enseñada a hablar en romance, a vuestra alteza, a quien Dios ha dado la sucesión venidera del gobierno de la tierra que su padre tiene, y deseamos que por muchos años tenga con toda felicidad. Porque entre tanto que la edad de vuestra alteza creciendo se ejercita en aprender la lengua latina, y las demás que para el ministerio de su vocación fueren convenientes, por su recreación y pasatiempo vea a ratos la composición de esta casa común que el Creador aderezó para morada de los hombres mortales, y reconozca las partes de ella que a los señoríos de su padre y suyos, como de participante y sucesor legítimo, pertenecen. Porque los grandes varones y príncipes suelen tener por pasatiempo y recreación lo que los particulares tienen por bastante, grave y perpetuo estudio y oficio. Y esto está bien a su grandeza y al buen expediente de los cargos que de Dios recibieron en la tierra, para ganar después con ellos gloria e inmortalidad en los cielos, y memoria perpetua entre los hombres.

»A vuestra alteza, pues, humildemente suplico, reciba con su gracia de príncipe hijo de tal padre, el pequeño presente y servicio que este pobre criado de ambos con su poca facultad le ofrece con ánimo enteramente devoto y leal. De Amberes, a 11 de mayo de 1578.»

Junto con las ediciones de 1588 y 1612, presentamos una colección de los grabados de ambas con el apéndice de geografía de la Antigüedad de la segunda, en formato cbz. El archivo puede visionarse cómodamente con aplicaciones gratuitas como GonVisor o Mcomix, o simplemente extraer las imágenes.

viernes, 25 de octubre de 2019

Georg Braun y Franz Hogenberg, Civitates orbis terrarum

Joris Hoefnagel
Selección de los grabados  |  CBZ  |
Civitates orbis terrarum,1572  |  PDF  |
De praecipuis, totius universi urbibus, liber secundus, 1575  |  PDF  |
Urbium praecipuarum totius mundi, liber tertius, 1581  |  PDF  |
Urbium praecipuarum totius mundi, liber quartus, 1588  |  PDF  |
Urbium praecipuarum mundi theatrum quintum, 1596  |  PDF  |
Theatri praecipuarum totius mundi urbium liber sextus, 1617  |  PDF  |

Extractamos y traducimos el texto correspondiente del excelente Historic Cities. «El primer volumen de Civitates Orbis Terrarum se publicó en Colonia en 1572. El sexto y último volumen apareció en 1617. Este gran atlas de ciudades, editado por Georg Braun y grabado en gran parte por Franz Hogenberg, llegó a contener 546 panorámicas, vistas de pájaro y mapas de ciudades de todo el mundo. Braun (1541-1622), un clérigo de Colonia, fue el editor principal de la obra, y contó en este proyecto con el apoyo e interés continuo de Abraham Ortelius, cuyo Theatrum Orbis Terrarum de 1570 fue el primer atlas verdadero, una sistemática y completa colección de mapas de estilo uniforme. El Civitates, de hecho, estaba destinado a ser un acompañante del Theatrum, como lo indica la similitud en los títulos y las referencias contemporáneas sobre la naturaleza complementaria de las dos obras. Sin embargo, el Civitates fue diseñado con un enfoque más popular, sin duda porque la novedad de una colección de planos y panorámicas de las ciudades suponía una empresa comercial más arriesgada que un atlas mundial, para el que había un buen número de precedentes exitosos.

»Franz Hogenberg (1535-1590) era hijo de un grabador de Munich que se instaló en Malinas. Grabó la mayoría de las planchas del Theatrum de Ortelius y la mayoría de las del Civitates, y quizás fue el responsable de iniciar el proyecto. Más de un centenar de artistas y cartógrafos diferentes grabaron las placas de cobre de las Civitates a partir de dibujos previos. El más destacado de ellos fue el artista de Amberes Georg (Joris) Hoefnagel (1542-1600), que no sólo contribuyó con la mayor parte del material original para las ciudades españolas e italianas, sino que también reelaboró y modificó el de otros contribuyentes. Tras la muerte de Hoefnagel, su hijo Jakob continuó el trabajo para las Civitates. Se copiaron muchas planos inéditos de ciudades de los Países Bajos de Jacob van Deventer (1505-1575), también conocido como Jacob Roelofszof, al igual que los grabados en madera de Stumpf de la Schweizer Chronik de 1548, y las vistas alemanas de Munster, de las ediciones de 1550 y 1572 de su Cosmographia. Otra fuente importante de mapas fue el cartógrafo danés Heinrich van Rantzau (1526-1599), más conocido bajo su nombre latino Rantzovius, que proporcionó mapas del norte de Europa, especialmente de las ciudades de Dinamarca.

»Braun añadió a los mapas figuras con vestimentas características de la zona. Este recurso ya había sido anticipado en la vista grabada de Nuremberg, obra de Hans Lautensack en 1552, en la que esos grupos de ciudadanos situados en un primer plano, fuera de la ciudad, proporcionan más autenticidad a los detalles topográficos altamente precisos de la que efectivamente era entonces la capital cultural de Alemania. Sin embargo, los motivos de Braun para agregar figuras a las panorámicas fueron más ambiciosos: como indicó en su introducción al libro I, creía, tal vez con optimismo, que sus planos no serían analizados en busca de secretos militares por los turcos, ya que su religión les prohibía mirar representaciones de la forma humana. Las Civitates proporcionaron una visión integral única de la vida urbana a comienzos del siglo XVI. Las estampas, cada una acompañada por el relato impreso de Braun de la historia, la situación y el comercio de la ciudad, forman un completo compendio para los viajeros de sillón. En 1621, en su The Anatomy of Melancholy, el erudito Robert Burton afirmó que examinar esos libros de ciudades, proporcionados por Braun y Hogenberg, no sólo proporcionaría instrucción sino que también elevaría el espíritu.»

Junto con las obras originales, presentamos una selección de unos cuatrocientos grabados, en su mayoría coloreados, en formato cbz. El archivo puede visionarse cómodamente con aplicaciones gratuitas como GonVisor o Mcomix, o simplemente extraer las imágenes.


viernes, 18 de octubre de 2019

Theodor Herzl, El Estado Judío

 |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

Escribe Luis Suárez en su espléndida obra Los judíos (2003): «La consecuencia más importante de este amplio movimiento antisemita fue, probablemente, el despertar de una conciencia nacional judía. En la segunda mitad del siglo XIX surgen, entre los propios hebreos, algunos grandes pensadores que se ocupan de dilucidar qué es ser judío, y establecen dos principios: los judíos, donde quiera que estén, forman una nación que se basa en la posesión de un pasado común y en la esperanza de conseguir la restauración; la política al servicio de dicha nación tiene que ser hecha por los propios judíos, y sólo por ellos. Esto no implicaba renunciar a las ayudas que pudieran venir de fuera. Dicho planteamiento tenía además la ventaja de hallarse al hilo de la evolución general que se producía en Europa, donde se estaban desarrollando los nacionalismos y donde la herencia de la Ilustración podía darse por concluida (…)

»En 1882 un grupo de estudiantes fundó en Viena la sociedad llamada Kadima. Su objetivo no estaba muy claro: se trataba de defender la cultura y cuanto el judaísmo, amenazado por ese rebrotar de los odios, significaba. Fue entonces cuando, en aquella ciudad, Nathan Birenbaum, que había creado el diario Selbstemanzipation utilizó por primera vez el término Sionismo para designar el proyecto de retorno a Tierra Santa. Surgieron adeptos, todavía en número no muy grande ni tampoco con ideas demasiado claras. En la primera reunión que los sionistas celebraron en París en 1894 no lograron establecer una organización estable. Pero entonces se sumó al movimiento el doctor en leyes por la Universidad de Viena Theodor Herzl (1860-1904), que había renunciado a la abogacía para ser periodista y se hallaba en París en calidad de corresponsal del Neue Freie Presse de su país natal, en el momento en que se celebraba el proceso contra Dreyfus. Se sintió conmovido en su dignidad de hombre y de judío al comprender la injusticia que se estaba cometiendo y ver cómo se desataban los odios contra los judíos. La emancipación no era la verdadera solución para el problema.

»En mayo de 1895 explicó al barón Hirsch cuál era su programa: había que evacuar a todos los judíos de Europa y devolverlos a la Patria original a fin de que crearan allí el Hogar judío. Sólo de este modo conseguirían ser los judíos como los demás hombres. Inició una campaña de prensa en enero de 1895 y en el mes siguiente publicó el libro que sería clave en el Sionismo: El Estado judío; intento de una solución moderna de la cuestión judía. Herzl sostenía que, mientras continuara la situación en que se desenvolvían los judíos, el antisemitismo nunca llegaría a desaparecer; una nación dentro de otra suscita el odio. Por eso la solución no podía llegar por otros medio que el de obtener un territorio en cualquier parte del mundo donde Israel pudiera reconstruir Sion. No se refería expresamente a Palestina, pero era evidente que ésta ocupaba el primer lugar en la lista. El libro fue acogido con entusiasmo por los sionistas (...)

»Se trataba de una idea estrictamente política, que tropezaba con la resistencia de muchos rabinos y dirigentes religiosos. Fue, sin embargo, aceptada por una asamblea de sionistas alemanes y austríacos celebrada en Viena en marzo de 1897. Decidió fundar un periódico, Die Welt, a fin de disponer de una adecuada plataforma para la difusión y explicación de su doctrina. Se iniciaba una dolorosa andadura de medio siglo, un tiempo que parece corto, pero que se tornó en difícil a causa de los terribles sucesos que durante él tendrían lugar. Algunos de los niños nacidos entonces alcanzarían a ver el nacimiento del Estado de Israel.»

viernes, 11 de octubre de 2019

Las miniaturas del Códice Manesse

Rudolf von Neuenburg
 |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

El Códice Manesse, elaborado hacia 1310-1340 en la región del lago Constanza, contiene la más destacada colección de la lírica cortesana alemana, con poesías de 140 minnesänger de los siglos XII al XIV, en su mayoría nobles, aunque también figuran burgueses y juglares. Pero lo que comunicamos aquí son las 137 miniaturas (más un dibujo a pluma sin iluminar) que representan a los poetas. Éstas nos acercan visualmente al mundo caballeresco del amor cortés que, poco después de concluir el códice va a ser profundamente afectado por el azote de la peste negra de mediados del siglo. Gran parte de la Cristiandad se tambaleará ante esta plaga, y cuando se supere la profunda crisis, el mundo comenzará a cambiar a marchas forzadas hacia la modernidad y el renacimiento. Pero el Códice Manesse todavía nos muestra una sociedad (o más bien a una parte de la sociedad) plena y que confía en sí misma.

Ingo F. Walther, en su Codices illustres (2005), recalca lo innovador y atractivo de este aspecto: «El iluminador del Codex Manesse no se limita en su trabajo a reproducir 137 veces al poeta en actitud de meditar, de de dictar o de recitar; lo presenta también interviniendo en combates como caballero armado, cazando, jugando, participando en en espectáculos cortesanos como la música y el baile, comiendo, bebiendo, bañándose en plena naturaleza o conversando familiarmente y abrazando con ternura a su amada. Introduce variaciones en los retratos asignando determinados atributos a los personajes: una espada al caballero, una cinta (o cartela) escrita o un adorno floral al poeta, un castillo como residencia de la dama, o una serie de almenas desde donde los espectadores contemplan los acontecimientos (…) Las ilustraciones reflejan vivamente el variado mundo de la nobleza en la época de los Hohenstaufen, a principios del siglo XIV; lo hacen, desde luego, a través del ojo del artista, siendo el mundo real totalmente distinto.»

Aunque intervinieron cuatro miniaturistas, la mayor parte de las ilustraciones fueron realizados por el llamado Maestro del Fondo, en un estilo deudor de los espléndidos modelos franco góticos, de colores vivos e intensos, pero cada vez más refinados y elegantes. Se reconocen sus miniaturas, señala Walther, por su marco de bandas en azul, rojo y dorado. Respecto a los otros tres iluminadores, algo más tardíos, el mismo autor los caracteriza «por su riqueza de figuras, su amplitud narrativa y sus escenas de género. Reproducen acciones escénicas en las que también intervienen sirvientes, músicos, y ayudantes de caza y de torneos.»

Folio 82 verso, Der Schenk von Limpurg

viernes, 4 de octubre de 2019

Oliver Goldsmith, Historia de Inglaterra desde los orígenes hasta la muerte de Jorge II

 |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

Oliver Goldsmith (1729-1774) forma parte de la Ilustración británica, algunos de cuyos miembros se reconocen en el grabado inferior, con la representación de una reunión literaria en casa del gran pintor Joshua Reynolds, también autor del retrato superior. De izquierda a derecha, James Boswell, el reconocido doctor Samuel Johnson, Reynolds, el gran actor David Garrick, nuestro conocido Edmund Burke, el patriota corso Pasqual Paoli, Charles Burney, Thomas Warton y Goldsmith, que es el que nos interesa. Nacido en Irlanda, médico y escritor, tuvo una ajetreada vida que le hizo subir y bajar continuamente en la escala social, en buena medida por su despreocupación y por su gusto por la vida bohemia. Su fama le vino por sus poesías y por su novela El vicario de Wakefield (que es la obra que mejor ha resistido el paso del tiempo), y sólo su relación con el círculo del doctor Johnson le permitió lograr cierta estabilidad.

Presentamos su Historia de Inglaterra desde los orígenes hasta la muerte de Jorge II (1771). Es una obra apresurada y un tanto superficial, pero amena y bien escrita, lo que le aseguró múltiples reediciones y traducciones, como la que presentamos. Sin embargo palidece considerablemente cuando la comparamos con la gran historia de Inglaterra redactada en el siglo XVIII, la del filósofo David Hume, que confío presentar próximamente. En 1846 escribía su editor en español, Ángel Fernández de los Ríos: «…la Historia de Inglaterra, cuya traducción hemos emprendido, además del encanto del estilo propio de todas las producciones de Goldsmith, y del interés que sabe dar siempre a su narración , se distingue por una gran imparcialidad de opiniones; mérito generalmente raro en las historias inglesas, escritas todas bajo tres influencias casi siempre ciegas y apasionadas, el espíritu de partido, el de doctrina religiosa y un orgullo nacional exagerado.»

Parece un poco exagerado el juicio. Veamos como termina su Historia, con un orgullo netamente prenacionalista: «Inglaterra suministraba un subsidio al rey de Prusia; un cuerpo considerable de tropas inglesas mandaba en la vasta península de la India; otro ejército de veinte mil hombres protegía las conquistas de la América septentrional; treinta mil hombres había empleados en Alemania, y otros muchos cuerpos se hallaban en las guarniciones de las diferentes partes del mundo. Y todo esto era nada en comparación de la fuerza que los ingleses tenían en el mar, y que dominaba donde quiera, haciendo totalmente nula la preponderancia de los franceses sobre este elemento. El valor y la habilidad de los almirantes ingleses superaban todo lo que se había visto en la historia: ni la superioridad de fuerzas, ni el temor del peligro y tempestades podían intimidarlos. (…) Tal es el aspecto glorioso que en esta época presentaba la Gran Bretaña en todo el universo; pero al paso que sus esfuerzos siempre dirigidos al bien de la nación, obtenían los más prósperos resultados, un acontecimiento fatal vino a oscurecer por algún tiempo el brillo de sus victorias.» Naturalmente, se refiere a la muerte de Jorge II.

Otras de sus reflexiones se han convertido en lugares comunes. En un momento determinado, al inicio de la narración del reinado de Jorge II, Goldsmith comenta (y reflexiona): «En todo el tiempo que duró la paz, apenas hubo suceso alguno digno de ser referido. Tales intervalos son épocas de ventura para un pueblo, porque la historia en general no es más que un gran registro de crímenes y calamidades de la especie humana.»


viernes, 27 de septiembre de 2019

Sor Juana Inés de la Cruz, Respuesta de la poetisa a la muy ilustre sor Filotea de la Cruz

 |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

Escribe Lourdes Royano Gutiérrez, en su Marcelino Menéndez Pelayo frente a sor Juana Inés de la Cruz: «Una mujer adelantada a su tiempo, increíblemente inteligente, que ya desde niña compone loas, conoce el latín, lee todos los libros que están a su alcance y desde los trece años vive en la Corte del virrey marqués de Mancera, hasta los dieciséis años en que ingresa en un convento como religiosa hasta su muerte. Su personalidad es interesante, su obra lo suficientemente atractiva para la investigación histórica. Porque ser monja, escritora de encargo, poetisa, investigadora y defensora de la mujer puede parecernos interesante o incluso común; pero serlo en México, en el siglo XVII, es extraordinario. Y solo esa clara condición de saberla diferente en un mundo diseñado para la mujer desde la cuna, nos hace acercarnos con cierta expectativa a su obra. Cuando luego comprobamos que sus versos amorosos son de una calidad insuperable para cualquier poeta de su tiempo no podemos menos que reconocer las palabras justas de Menéndez Pelayo cuando afirma que sor Juana es superior a todos los poetas del reinado de Carlos II (…)

»A su afán de saber, hay que añadir la importancia y fama que logró en su momento histórico. Sor Juana vivió sumergida en la vida literaria, se escribe con profesores, poetas de México y España, teólogos... incluso llega más lejos y se opone rebatiéndolo a un sermón del padre jesuita Antonio de Vieyra, célebre por sus prédicas. Su Carta a sor Filotea de la Cruz obra muy estudiada por los investigadores, es un rico y brillante documento autobiográfico, de los más hermosos que existen en castellano, un género poco frecuente hasta el siglo XX. Incluso al lector de hoy le sorprende la propiedad de su lenguaje filosófico, la exactitud de las citas bíblicas y sobre todo la habilidad con que somete a crítica y va rebatiendo los argumentos de Vieyra, a los que encuentra siempre el punto débil que atacar y, al mismo tiempo, mostrar su agudeza. La respuesta a sor Filotea no es autobiografía propiamente dicha sino la narración de la evolución de sus conocimientos; si se prefiere la autobiografía de su saber: cómo aprendió, por qué pensó... Sus palabras al respecto son muy claras:

»El escribir nunca ha sido dictamen propio, sino fuerza ajena; que les pudiera decir con verdad: Vos me coegistis. Lo que sí es verdad que no negaré (lo uno porque es notorio a todos, y lo otro porque, aunque sea contra mí, me ha hecho Dios la merced de darme grandísimo amor a la verdad) que desde que me rayó la primera luz de la razón, fue tan vehemente y poderosa la inclinación a las letras, que ni ajenas reprensiones ―que he tenido muchas―, ni propias reflejas ―que he hecho no pocas―, han bastado a que deje de seguir este natural impulso que Dios puso en mí: Su Majestad sabe por qué y para qué; y sabe que le he pedido que apague la luz de mi entendimiento dejando sólo lo que baste para guardar su Ley, pues lo demás sobra, según algunos, en una mujer; y aun hay quien diga que daña. Tesis y vida se funden en una respuesta magistral. La tesis de la conveniencia y el derecho de la mujer al campo intelectual y su propia autobiografía mental: pide la igualdad de conocimientos con el hombre.»

viernes, 20 de septiembre de 2019

El voto femenino: debate en las Cortes de 1931

Clara Campoamor
 |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

Desde principios del siglo XX las reclamaciones para el reconocimiento del derecho del voto femenino en España, existentes desde tiempo atrás, se hacen más frecuentes en la vida política: aumenta el asociacionismo de mujeres en todo el arco ideológico y en todos los campos sociales, así como su presencia activa en los medios de comunicación y en la vida de la cultura. En 1907 se produce el primer intento de modificar en este sentido la legislación electoral, aunque sin éxito alguno. Otras enmiendas y proyectos de ley se presentarán en 1908 (por parte de un senador conservador y, de forma independiente, por un grupo de diputados republicanos), y en 1919, por parte de un diputado conservador.

El primer reconocimiento legal del voto femenino tuvo lugar apenas iniciada la dictadura del general Primo de Rivera. En 1924 se aprobó el Estatuto municipal redactado principalmente por Calvo Sotelo, que reconocía el derecho a voto en las elecciones de Ayuntamientos a las españolas mayores de veintitrés años, no sujetas a la patria potestad, autoridad marital, ni tutela, que fuesen vecinas con casa abierta. Consecuencia de ello fue el nombramiento de las primeras mujeres concejales y, en 1927, el de de trece mujeres como miembros de la Asamblea Nacional reunida por el dictador. Entonces, en el Anteproyecto constitucional que se elaboró, se amplió el reconocimiento del voto femenino y se estableció el voto para todos los españoles mayores de 18 años, sin distinción de sexo. Ahora bien, estos cambios se produjeron en un régimen autoritario, en el que no se reconocían las libertades políticas básicas, y en el que no existían elecciones libres, y con su hundimiento quedaron truncados dichos cambios.

En 1931 se produjo la proclamación de la República, con un propósito expreso de democratización de la vida política española. Sin embargo, el gobierno provisional no mantuvo los avances establecidos por la dictadura respecto al voto femenino. La vieja Ley electoral liberal fue modificada, pero sólo concedió a las mujeres el sufragio pasivo, es decir el derecho a presentar su candidatura y ser votadas, y no el sufragio activo, es decir el derecho al voto. Para cambiar la situación hubo de esperarse a la elaboración de la nueva Constitución. Los debates a que dio lugar, tanto en la Comisión correspondiente como en el Pleno de las Cortes, fueron extensos y acalorados, fruto de la división de opiniones en el seno de la mayoritaria conjunción republicano-socialista, dominante entonces, e incluso en el seno de cada uno de los partidos que la componían. El voto femenino fue rechazado sobre todo por sectores radicales y radical-socialistas por motivos de oportunidad: se temía que las mujeres apoyaran en buena medida a las derechas no republicanas.

Este debate se desarrolló en varias sesiones, principalmente en septiembre de 1931, y concluyó con la definitiva aprobación del voto femenino en iguales condiciones que los varones. Aunque intervinieron una treintena de diputados, la voz principal a la que puede atribuirse el resultado fue la de la republicana radical Clara Campoamor, que tuvo que combatir la oposición de miembros de su propio partido, de los radicales-socialistas (entre los que estaba Victoria Kent), y de otros grupos republicanos. Presentamos un completo extracto de las sesiones celebradas entre los días 1 de septiembre y 1 de octubre de 1931, tomadas del Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes de la República Española.

Parte de los miembros de la Comisión Constitucional en las Cortes de 1931

viernes, 13 de septiembre de 2019

Hartmann Schedel, Crónicas de Nuremberg

Tomo I  |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |
Tomo II  |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |
Tomo III  |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

Hartmann Schedel (1440-1514) fue un humanista, médico e historiador alemán, impulsor y autor de uno de los incunables más bellos, el Liber chronicarum, más conocido como las Crónicas de Nuremberg. Lo editó doblemente en latín y en alemán en 1493, e incluye casi dos millares de grabados en madera (un buen número de ellos repetidos), obra de Michael Wolgemuth y Wilhelm Pleydenwurff. La voluminosa obra contiene una completa historia del mundo, según la concepción tradicional cristiana que se inicia con san Agustín y que amalgama la historia bíblica con las concepciones historigráficas clásicas, como vemos en las Historias contra los paganos del Paulo Orosio. El decurso del tiempo se divide en seis edades, a la que algunos añadirán una séptima y concluyente, el fin de los tiempos. La presente obra narra las cuatro primeras edades a partir del Antiguo Testamento, pero se centra sobre todo en la quinta (desde la deportación de Babilonia) y la sexta (desde el nacimiento de Cristo), lo que le permite explayarse con la historia griega, romana y la que por ese tiempo va a proponerse denominar medieval. Al final se incluye una somera geografía del mundo. Pero la razón por la que presentamos en Clásicos de Historia esta obra es la riqueza informativa de sus grabados. Rosario Quirós los presenta así en el excelente blog La Cámara del Arte.

«Las más de 1.800 ilustraciones, realizadas en los talleres de Wolgemuth, en el que aprendía el joven Durero, y Pleydenwurff, son imágenes de muy variada temática: religiosa, mitológica, histórica y geográfica, ofreciendo además un amplio repertorio de vistas de ciudades. Estas vistas son lo más característico del Liber Chronicarum y de ellas una tercera parte son reconocibles por su topografía y edificios principales, reproduciendo fortificaciones, puentes, palacios e iglesias con rasgos de los estilos arquitectónicos locales. Mención especial merece la vista de Nuremberg, ciudad del editor, a doble página completa, con indudable carácter propagandístico. La obra contiene, además, dos mapamundis: el primero, basado en la configuración de Ptolomeo; el segundo, un mapa de Europa Central y Oriental, y además el primero que aparece en un libro impreso. Las ilustraciones realizadas con grabados a página completa son auténticas obras maestras dentro de la técnica. Ejemplo de ello es la primera ilustración que aparece, dando comienzo a la primera parte, un retrato de Dios entronizado en el momento de la creación del mundo. Toda esta parte está repleta de grandes ilustraciones con escenas del Génesis, incluyendo la creación de Adán, el Pecado original y el Arca de Noé. Por lo general, estas xilografías de mayor tamaño se utilizan para representar los eventos más importantes, recurso también empleado en las laboriosas ilustraciones referentes al Apocalipsis, muy detalladas y cargadas de un expresionismo propiamente centroeuropeo.

»Contiene cientos de retratos acompañados de breves reseñas biográficas, estos se ubican a los lados izquierdo y derecho intercalando el texto e incluyen a personajes históricos en ocasiones acompañados de su genealogía, que desde una perspectiva textual eran muy difíciles de descifrar, motivo por el que los ilustradores emplearon varios diseños para explicar claramente las relaciones familiares altamente complejas descritas en el texto. Además de dioses y reyes, también nos encontramos retratados a filósofos, como Sócrates, Platón o Aristóteles, dramaturgos como Sófocles, y Cleopatra, faraona ptolemaica, entre otros eruditos medievales. Es interesante notar que todos ellos visten con ropajes de época contemporánea a la creación del libro, del mismo modo en que se hacía en las pinturas de la época. Junto a los relatos de la vida y sufrimientos de múltiples mártires y santos reconocidos, a modo de hagiografía, aparecen su retratos o representación de sus martirios, a veces mostrándonos escenas con cierto nivel de acción, como la Judith que porta la cabeza de Holofernes, a quien acababa de decapitar, o las crudas escenas del martirio de San Bartolomé. Las razas imaginarias también tienen su lugar, son fantasiosas criaturas de origen mitológico y medieval, seres marginados, que viven en los extremos más externos del mundo, lugares inhabitables que no aparecen en los mapas.»

Incendio de la Biblioteca de Alejandría por las tropas de Julio César

viernes, 6 de septiembre de 2019

Conrad Cichorius, Los relieves de la Columna Trajana. Láminas

Trajano
 |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

La llamada Columna Trajana de Roma fue construida en piedra y mármol por Apolodoro de Damasco en 113. Estaba situada en el foro de Trajano, en un patio limitado por las Bibliotecas griega y latina, frente al templo dedicado a este emperador. Mide 39,81 m. de alto por 3,83 m. de diámetro. El alto podio cúbico sobre el que se levanta, decorado con relieves de trofeos militares, acoge una cella que contuvo las cenizas del emperador. Desde allí, una escalera de caracol de 185 escalones conduce a lo más alto de la columna. La basa es un gran toro esculpido como corona de laurel, y el fuste culmina en un gran capitel dórico que sostenía una estatua en bronce del emperador (sustituida siglos después por un San Pedro).

Pero lo que nos interesa es el fuste. Está cubierto por un friso helicoidal de más de 200 metros lineales por un metro de alto, y narra dos campañas dirigidas contra los dacios (región del Danubio) por el propio emperador entre los años 101 y 106. Es una narración continuada: los episodios se suceden uno tras otro pero no se confunden, aunque no hay un marco de separación entre ellas. Destaca el realismo y detallismo de sus 2.500 figuras (los setenta retratos de Trajano con diferentes indumentarias, los soldados romanos, los bárbaros) y de sus escenarios naturales y arquitectónicos.

Asistimos a escenas muy variadas: marchas de los romanos y de los bárbaros, fortificaciones, combates, arengas, construcción de puentes o fortificaciones, etc., desde los aspectos más crudos (un legionario avanza atenazando con los dientes los cabellos de un enemigo al que acaba de decapitar), hasta los más benévolos (el emperador acoge generosamente a los enemigos derrotados). En cualquier caso, el elemento que unifica toda la acción es Trajano, que acude en los momentos difíciles, toma las decisiones, e interviene en la batalla como un simple soldado. La glorificación del emperador queda realzada, además, con la presencia de elementos simbólicos y míticos (augurios, genios) que, por contraste, hacen más real la narración.

El historiador alemán Conrad Cichorius (1863-1932) publicó en 1896 un completo estudio sobre los relieves de la Columna Trajana, del que proceden las láminas que aquí reproducimos.