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lunes, 20 de junio de 2022

Vaclav Schaschek y Gabriel Tetzel, Viaje de León de Rosmital por España en 1466

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Escribe José García Mercadal en su España vista por los extranjeros: «Ya entrado el año de 1466, cuando nuestro país sufría la guerra civil a que diera lugar la deposición en Ávila por los nobles del rey de Castilla para alzar en su lugar a su hermano don Alfonso, fuimos visitados por el barón bohemio León de Rosmithal de Blatna, cuyo relato de viaje es el más completo y detallado de la época, conteniendo curiosas descripciones de ciudades y lugares de importancia y dando abundantes noticias sobre el gobierno y situación del país, las que vienen a modificar opiniones equivocadas sobre la vida y carácter de la sociedad española en la Edad Media.

»El barón bohemio León de Rosmithal de Blatna, que vino a España el año de 1465, es, entre todos los viajeros que llevamos repertoriados, el primero cuyo relato despierta en nuestra curiosidad un interés extraordinario. Ello se debe a que Rosmithal no viene a España exclusivamente traído por los anhelos de su fe religiosa, en ruta de peregrinación, aunque una vez en nuestra patria no salga de ella sin haber visitado el sepulcro de Santiago; ni le traen tampoco únicamente solicitaciones de un ideal romántico, por deseo de intervenir en combates y realizar hazañosas empresas contra el infiel agareno.

»Rosmithal es el primero a quien con justicia corresponde, por su viaje a España, el moderno calificativo de turista. Era noble y hombre de armas, como todos los nobles de aquel tiempo, trayéndole a España el deseo de estudiar la disciplina militar, comparándola con la de su país y países por él visitados, que fueron casi todos los de Europa, deteniéndose preferentemente sus observaciones, y de aquí el interés del relato de su viaje sobre todos los demás viajes de la época, en el aspecto del país y en los usos y costumbres de sus moradores. Por esta razón el relato de este viaje resulta el más completo y detallado de cuantos se escriben durante el siglo XV.

»Hay del viaje del noble Rosmithal dos distintas relaciones, escritas ambas por personas que figuraban en su acompañamiento. Schaschek llámase el autor de la más extensa de estas dos relaciones, cuyo texto se conserva merced a una traducción latina de Estanislao Paulowiski, canónigo de Olmutz, impresa en 1577; por la forma respetuosa como está redactada, pues en ella se da a Rosmithal repetidamente el calificativo de «el señor», adivínase que el citado Schaschek debía ser uno de los secretarios del noble bohemio. Un patricio de Nuremberg, llamado Gabriel Tetzel, es el autor de la segunda relación, también compañero de viaje de Rosmithal.

»Entre las dos relaciones adviértense diferencias originadas por el tiempo en que se escribieron. La de Schaschek es como un Diario de viaje, hecho por mandato del noble señor y conforme se deslizaban las incidencias de la ruta. En cambio la de Tetzel ofrece caracteres de cosa menos fresca, algo así como recuerdos de tiempos pasados, revividos en la memoria de un anciano para solaz y enseñanza de hijos y de criados, auditorio sumamente curioso en pláticas para henchir el tiempo, junto al fuego, de largas veladas invernales.»

El castillo de Rosmital

lunes, 6 de junio de 2022

Georg von Ehingen, Viaje por España en 1457

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Escribe José García Mercadal en su España vista por los extranjeros: «El siglo XV señálase en el interés de muchos de los viajeros que visitan por entonces nuestra patria por la exaltación del espíritu aventurero de ciertos jóvenes paladines, acudidos al olor de la lucha contra los moros, como respuesta a las notas que los monarcas españoles solían enviar a las cortes extranjeras, anunciando las guerras que tenían pensado emprender; o simplemente se manifiesta como una floración del encendido romanticismo de la época, cuyos atacados venían a romper lanzas en torneos de amor y cosos de bizarrías. (…) Influido por las ideas caballerescas de la época viene también a nuestro país Jorge de Einghen, caballero de Suabia, de treinta años de edad, quien desde la corte de Carlos VII de Francia, donde se encontraba, trasladóse a España en 1457 para luchar contra los moros y tomar parte en la guerra preparada por Enrique IV de Castilla. Entretenido en su camino por haberse desviado de él para visitar en Angers a Renato de Anjou, titulado Rey de Sicilia, al llegar a Pamplona sorprendióle en la Corte del famoso don Juan II la noticia de que la expedición de los castellanos contra los moros granadinos estaba ya de vuelta.

»Menos mal que hubo de saber cómo el gran Alonso V de Portugal disponíase a mover guerra a los africanos, trasladándose inmediatamente a la corte portuguesa después de haber sido agasajado en la de Navarra con cacerías, bailes, banquetes y otros regocijos, no obstante las preocupaciones que tenían ganado el ánimo del monarca por las diferencias surgidas con su hijo, el príncipe de Viana. En África este aventurero desempeñó papel principal en cierto singular combate en el que tomó parte, obteniendo brava y resonante victoria, siendo obsequiado cumplidamente y otorgándosele licencia del monarca portugués para ausentarse, acudiendo entonces al lado de Enrique IV de Castilla y siendo herido en la toma de Jimena.» Y más adelante: «Los paladines caballerescos no se preocupaban más que de sus hazañas y del botín que éstas les producían. El país les tenía sin cuidado, dándoles igual España que África, no hablando de él más que cuando las dificultades de los medios de comunicación se hacían tan grandes que habían de enterrar, al margen de los caminos, alguno de sus corceles de guerra. Lo más interesante del manuscrito de Jorge de Ehingen, que se conserva en un códice de la Biblioteca real y pública de Stugart, son unas miniaturas que aquel mandó hacer, representando a los reyes cuyas cortes hubo de visitar en sus viajes.»

Hemos incluido en esta entrega de Clásicos de Historia esta interesante galería de soberanos. Aparecen representados de cuerpo entero, con el blasón de sus estados, y las siguientes inscripciones explicitando su nombre y sus títulos: «Ladislao, por la gracia de Dios, Rey de Hungría y de Bohemia, Duque de Austria, Margrave de Merhen. Carlos, por la gracia de Dios, Rey de Francia. Enrique, por la gracia de Dios, Rey de Castilla y de León, Toledo, Galicia, Sevilla, Córdoba, Murcia, Jaén, Algarve, Algeciras; Señor de Vizcaya y de Molina. Enrique, por la gracia de Dios, Rey de Inglaterra y de Francia, Señor de Irlanda. Alfonso, por la gracia de Dios, Rey de Portugal y del Algarve, Señor de Ceuta y de Algogiro. Felipe, por la gracia de Dios, Rey de Chipre. Renato, por la gracia de Dios, Rey de Sicilia y Duque de Calabria. Juan, por la gracia de Dios, Rey de Navarra y de Aragón, Duque de Viana y de Momblanc, Conde de Ribagorza, Señor de la ciudad de Balaguer. Jacobo, por la gracia de Dios, Rey de Escocia.»

lunes, 30 de mayo de 2022

Francesco Guicciardini, Relación de España 1512-1513

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Escribe José García Mercadal en su España vista por los extranjeros: «Veintinueve años contaba el famoso historiador Francisco Guicciardini, autor de la celebrada Historia de Italia, cuando vino a España como embajador de Florencia cerca del Rey católico. Tanto aprovechamiento había puesto en el estudio del Derecho en Ferrara y Padua, que a los 23 años la Señoría de Florencia le nombraba catedrático de Instituto, en Octubre de 1505, doctorándose al mes siguiente. De modo tal creció su reputación, que el gremio de comerciantes designóle por su cónsul, no pudiendo desempeñar semejante oficio por no alcanzar la edad de treinta años exigida fiara ello.

»Una difícil comisión diplomática cerca del rey aragonés fue causa de que Guicciardini viniera a España. Su juventud no fue obstáculo para que los florentinos le eligiesen por embajador de la Señoría, que harto fiaban en su talento y discreción para detenerse ante la razón de los pocos años. Requeridos los de Florencia para ingresar en la «Liga santa» que el Papa Julio II formó el 5 de Octubre de 1511 contra Luis XII de Francia, interesábales explorar el ánimo del rey de Aragón don Fernando V, antes de decidirse, pretendiendo permanecer neutrales en la próxima lucha. Para esta comisión fue designado Guicciardini, no habiendo memoria de que Florencia hubiera elegido nunca a un enviado tan joven para trasladarse a una corte tan lejana y espléndida. Guicciardini tomó consejo de su padre antes de aceptar el honor que se le dispensaba, saliendo de Florencia el 19 de Enero de 1512.

»Por aquel tiempo el Rey católico, mostrando su habilidad diplomática, harto acreditada en los asuntos de Italia, apoderóse del reino de Navarra. Guicciardini, que llenó de anotaciones interesantísimas una especie de apuntes autobiográficos que llamó Ricordi, habla de don Fernando, figura a la que muchos historiadores han querido oscurecer al lado de la Reina católica, en los siguientes enaltecedores términos:

»Observé, cuando era embajador en España cerca del rey D. Fernando de Aragón, príncipe prudente y glorioso, que, cuando meditaba una empresa nueva o algún negocio importante, lejos de anunciarlo primero para justificarlo en seguida, se arreglaba hábilmente de modo que se dijera por las gentes: «El Rey debía hacer tal cosa por estas y aquellas razones», y entonces publicaba su resolución, diciendo que quería hacer lo que todo el mundo consideraba necesario, y parece increíble el favor y los elogios con que se acogían sus proyectos. Una de las mayores fortunas es tener ocasión de mostrar que la idea del bien público ha determinado acciones en que se está empeñado por interés particular. Esto es lo que daba tanto lustre a las empresas del Rey: hechas siempre con la mira de su propia grandeza o de su seguridad, parecía que tenían por objeto la defensa de la Iglesia o la propagación de la fe cristiana

Por su parte, Antonio María Fabié, en la introducción que incluimos en esta entrega, señala que «esta relación tiene un carácter especial y distinto de otras, porque en ella no se dan pormenores de las ciudades y villas ni de los accidentes geográficos de la Península, sino que consiste en un juicio general, y como ahora se dice, sintético, del nuevo Estado que acababa de formarse por la unión de los reinos de Aragón y de Castilla, y que pesaba ya tanto en todos los negocios de la cristiandad, y más especialmente en los de Italia, campo en aquella sazón abierto a las ambiciones de todos los soberanos de Europa; este aspecto de la nueva monarquía y reino de España no podía menos de llamar la atención de un político como Guicciardini.»

Abraham Ortelius, Theatro del orbe de la Tierra

domingo, 4 de septiembre de 2016

José García Mercadal, Estudiantes, sopistas y pícaros

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En 1957 un joven José Pacual Buxó reseñaba así en una revista de la Universidad Veracruzana la reedición de la obra que nos ocupa en la clásica colección Austral: «La historia de la Universidad de Salamanca, los hábitos y privilegios de los estudiantes, sus pupilajes, novatadas y travesuras, así como los grados académicos, las reyertas y su misma inclinación picaresca, constituyen el atractivo panorama que despliega este libro multifacético y, en todos los aspectos, curioso del ensayista español José García Mercadal. El autor no se propuso escribir, es evidente, una historia detallada ni erudita de la famosa Universidad Salmantina, sino que prefirió mostrarnos, en una sucesión de abrillantados mosaicos, lo más insigne y divertido del ambiente estudiantil español, como quien traza el trasfondo de una proyectada novela de costumbres. Como tal ha de leerse este libro que lo es también de añoranzas y lamentaciones por grandezas pasadas y perdidas.» Y tras resumir el contenido de la obra concluye: «Estudiantes, sopistas y pícaros, no es, en pureza, ni un libro de historia ni de sociología, aunque tenga mucho de todo ello, y sí es una recreación ágil y sabrida de la que no están exentas ni la pujanza del estilo ni la documentada información.» (La Palabra y el Hombre, abril-junio 1957, nº 2, p. 102-103)

Sí; estamos ante un buen ejemplo de aquello que puede denominarse alta divulgación que, si bien renuncia a agotar las fuentes de forma exhaustiva al modo académico, mantiene su rigor tanto a la hora de seleccionar y presentar la información oportuna, como a la hora de analizarla e interpretarla. Y todo ello sin el corsé de convenciones epistemológicas dominantes en cada época, que, si útiles y oportunas en la labor científica diaria, pueden resultar superfluas en otros muchos casos. De hecho, y muestra de su validez, Estudiantes, sopistas y pícaros es una obra que sigue siendo citada frecuentemente en los estudios que se ocupan de la historia de la universidad renacentista y barroca. Aunque se le hagan críticas, especialmente por su dependencia fundamental de textos literarios de ficción, sigue formando parte de su status quæstionis, del mismo modo que la España vista por los extranjeros del mismo polígrafo aragonés José García Mercadal (1883-1975), que ya hemos comunicado.

Sansón Carrasco, bachiller por Salamanca, según Gustave Doré.

viernes, 29 de julio de 2016

José García Mercadal, España vista por los extranjeros

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El hispanista italiano Arturo Farinelli, en su exhaustivo Viajes por España y Portugal desde la Edad Media hasta el siglo XX, divagaciones bibliográficas, publicado en Madrid por el Centro de estudios históricos, de la Junta para ampliación de estudios, en 1920, menciona así la obra que nos ocupa: «Tarde, ya impresas estas hojas, ha llegado a mis manos la reciente obra de J. García Mercadal, España vista por los extranjeros, tomos I y II, Madrid, 1918-19, que considera con particular cuidado los libros de viajes. Y tarde también he podido leer la segunda edición del libro de J. Juderías, La leyenda negra. Estudios acerca del concepto de España en el extranjero, Madrid, 1917.» Aunque sea una simple nota a pie de página (a la que acompaña alguna otra referencia), puede servir para ilustrar el alto nivel que alcanzan los historiadores no académicos en la primera mitad del siglo XX. A los dos mencionados aquí, el periodista José García Mercadal y el intérprete y traductor Julián Juderías, quizás baste con mencionar al médico Gregorio Marañón.

El zaragozano José García Mercadal (1883-1975) fue periodista (director de El Imparcial de Madrid) y editor (Babel, La Novela Mundial…), pero ante todo erudito y polígrafo prodigioso, con una asombrosa multiplicidad de intereses (y conocimientos), y una gran variedad en su obra, entre las que destacan especialmente las biográficas. La que ponemos a disposición de los lectores quizás sea la que ha mantenido mayor vigencia. En ella se ocupa de recopilar las impresiones de numerosos viajeros extranjeros por la península Ibérica, en la Edad Media, y sobre todo en el siglo XVI. Algunos de ellos ya los hemos reproducido en Clásicos de Historia, como los de Juan de Gorze, la Guía de peregrinos, o Enrique Cock. Escrita hacia 1917, a los dos tomos que aquí presentamos pronto le añadirá un tercero sobre los viajeros del siglo XVII, pero la obra seguirá creciendo en años siguientes: la edición de Aguilar de los años cincuenta, la compacta de Alianza en los setenta, todavía en vida del autor, hasta la más reciente y extensa de la Junta de Castilla y León, en seis considerables volúmenes. Publicados en 1999, se le han agregado un buen número de textos, muchos de ellos traducidos pero todavía no publicadas por el autor. Aquí vamos a reproducir la obra original; si bien más humilde (y apresurada), nos permite acercarnos a ella con la percepción de los lectores de aquellos años, quizás los de mayor efervescencia en la discusión del llamado problema de España.