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lunes, 8 de julio de 2024

Jerónimo Münzer, Viaje por España y Portugal en los años 1494 y 1495

De la Crónica de Nuremberg

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M.ª Carmen Lacarra Ducay escribe en su aportación al volumen colectivo Con otros ojos. El arte aragonés visto por los viajeros (Zaragoza 2023):

«Son escasas la noticias que se tienen de este viajero que en los años de 1494 y 1495 hizo un largo viaje, que luego publicó con el título de Itinerarium sive peregrinatio per Hispaniam, Franciam et Alemaniam, cuya parte correspondiente a nuestro país publicó el señor L. Pfandl en la Revue Hispanique, con el título de Itinerarium hispanicum, en 1920 (t. XLVIII). El manuscrito se conserva en la Biblioteca de Munich (Codex Latinus Monacensis 431, fols. 96-103), perteneciente a la biblioteca de Hartmann Schedel, famoso humanista de la ciudad alemana de Nuremberg. El hispanista italiano Arturo Farinelli (1867-1948) que había consultado el manuscrito de Münzer en la Biblioteca de Munich, recomendaba vivamente su publicación, afirmando: “Es este, según mi humilde parecer, el más interesante viaje por España de la Edad Media… Su peregrinaje por España y Portugal está diligente y ampliamente descrita en buen latín y es solo comparable al viaje famoso de Andrés Navagero, gentilhombre veneciano.”

»De su autor, que firmaba sus escritos como Hierónimus Monetarius, únicamente se sabe que habría nacido probablemente en Feldkirch (Austria), población que se encuentra en el límite occidental de la región del Tirol, en una fecha imprecisa que, no obstante, suele situarse en torno a 1460. Se supone que pertenecía a una familia acaudalada, y que en 1479, a los 18 o 20 años, recibió el grado de doctor en Medicina por la Universidad italiana de Pavía, ciudad en donde había cursado sus estudios. En 1480 trasladó su residencia a Nuremberg, donde ejerció durante algún tiempo su profesión de médico, y contrajo matrimonio, alcanzando cierta notoriedad por sus conocimientos de cosmografía y astronomía, hasta que en 1484, al declararse una epidemia de peste en la ciudad, hubo de trasladarse a Italia, donde permaneció diez años, visitando las ciudades de Roma, Nápoles y Milán (...)

»De regreso otra vez a Nuremberg, un nuevo brote de peste le obligó a abandonar por segunda vez la ciudad, en 1494, acompañado en esta ocasión por tres jóvenes amigos suyos, hijos de ricos comerciantes y mercaderes alemanes, que hablaban italiano y francés. Los cuatro juntos emprendieron viaje el día 2 de agosto de 1494 y, tras atravesar Alemania, Suiza y el sur de Francia, llegaron a Perpiñán el 17 de septiembre, y a lo largo de casi cinco meses, hasta el 8 de febrero de 1495, recorrieron los reinos de la península ibérica antes de volver a su patria (...)

»La finalidad del viaje bien pudiera haber sido la de tratar con el rey Juan II de Portugal una posible participación alemana en las empresas de Ultramar por encargo del emperador Maximiliano. Hay que recordar que Cristóbal Colón había llegado a Lisboa el 4 de marzo de 1493, tras su primer viaje, y hay que preguntarse si Münzer ya estaba al corriente del resultado del mismo. Jerónimo Münzer escribe el 14 de julio de 1493 una carta al rey Juan II de Portugal (1481-1495), sobrino del rey Enrique el Navegante, en la que propone al rey portugués una empresa marítima similar a la de Cristóbal Colón para ir en busca de las costas de Asia por el Atlántico, con el consentimiento, si no por indicación, del emperador Maximiliano de Austria (...)

»Esta circunstancia ha dado sobrados motivos para especular acerca del verdadero motivo del viaje de Jerónimo Munzer a la península ibérica, considerando, con buen sentido, que bien pudiera tratarse de un trabajo como embajador secretamente enviado por el emperador Maximilano con una doble misión: averiguar cuanto le fuera posible sobre los resultados de los primeros viajes colombinos y conocer las intenciones que al respecto se fraguaban en la Corte española y, al mismo tiempo, estudiar las posibilidades de un acuerdo de colaboración con Portugal en la empresa ultramarina.

»Existe la certidumbre de la extrema dureza de las condiciones del viaje, que fue realizado a caballo, alquilándose las monturas a los arrieros en los meses de invierno, haciendo doble jornada y cabalgando mañana y tarde. La llegada a una ciudad de los cuatro viajeros alemanes no significaba, como pudiera creerse, dedicarse al descanso sino, bien al contrario, recorrerla acompañados por atentos compatriotas o amables anfitriones que tratarían a los viajeros con especial deferencia. Jerónimo Münzer no conocía el español ni la Historia de España pero posiblemente lo hablaban alguno de los tres amigos que lo acompañaban. Él conocía bien el latín y el italiano, y en España se encontraría con numerosos mercaderes alemanes en su recorrido. En el texto se observan alusiones frecuentes al mundo conocido por su autor y por los probables destinatarios del texto, estableciendo repetidas comparaciones con las ciudades y ríos alemanes a la hora de describir los lugares que se visitan.

»Jerónimo Münzer es un viajero excepcional por muchos motivos y, especialmente, por su disposición a dejarse sorprender a cada instante, su deseo de alabar sin reticencias cuanto aparece ante sus ojos, ajeno a cualquier actitud de superioridad ante un país y unas costumbres que, necesariamente, habían de resultarle extraños. Se trata de un minucioso relato de un itinerario cuyo mayor interés reside en la multitud de preciosos detalles que proporciona acerca de la vida cotidiana en la España de finales del siglo XV, al margen de las razones que pudieran estar en su origen.

»Deben destacarse en él sus valiosas descripciones de las costumbres y situación de los moriscos del reino de Granada, cuando aún no se habían cumplido tres años de su reconquista por los Reyes Católicos (1492). La obra atesora otras muchas informaciones sobre los asuntos más dispares. Los comerciantes alemanes afincados en los lugares visitados por Jerónimo Münzer y sus acompañantes, las construcciones y los monumentos de las distintas ciudades que visitan, la variedad y riqueza de los productos agrícolas, los tesoros y riquezas que se guardaban en los templos, los gustos de la nobleza española, las curiosidades de la población morisca…»

Lorenz Fries, Tabula Nova Hispania, 1535

viernes, 4 de mayo de 2018

Sancho Ramírez, El primitivo Fuero de Jaca


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Escribió José María Lacarra en su clásico Aragón en el pasado (Zaragoza 1960): «Desde comienzo del siglo XI hay una renovación de la actividad comercial por las rutas de Europa, y, en lo que a nosotros afecta, entre la España musulmana y la España cristiana, que estaban smetidas a dos economías complementarias. Mientras la Europa cristiana tiene una economía esencialmente agrícola, con escaso metal amonedado, y éste a base del patrón plata, el mundo islámico ―y con él el bizantino― están más industrializados, con una industria de lujo y para la exportación, y disponen a la vez de grandes reservas auríferas. Tanto los reinos de la España cristiana como la Europa occidental necesitan completar su paupérrima economía con los productos industriales que adquieren en el ámbito musulmán o bizantino. Ruta obligada de este comercio eran los pasos del Pirineo ―por Narbona, Jaca y Pamplona―, todos ellos en manos de los cristianos españoles, y los dos últimos en territorio de Sancho el Mayor. Nada tiene, pues, de extraño que la primera tarifa que regule el intercambio de tales productos se deba a este monarca. Cristianos y moros pasan por las rutas de Pamplona y Jaca especias, tinturas, monedas de oro, tejidos de seda u otras ricas telas, tan apreciadas en los países del Norte, e incluso moros cautivos que sin duda venderían los cristianos de Aragón; del Norte llegan pieles, tejidos franceses o flamencos mucho más baratos, metales y armas, necesarias éstas para los reinos cristianos. Al constituirse Aragón en reino independiente, Ramiro I hereda esta organización aduanera, cuya cobranza se hacía en Jaca y Canfranc (...)

»El paso de mercaderes entre la España musulmana y la Europa cristiana se ve reforzado a fines del siglo XI por otra corriente de viajeros, que también nos llegan de Europa por la ruta de Canfranc-Jaca: son los peregrinos, que en gran número empiezan a acudir a Santiago de Compostela. El arancel de aduanas a que antes hemos hecho alusión ya prevé que al peregrino no se cobre nada por las cosas que lleve por razón de su viaje. Pero si en la ruta de peregrinación se dedica al comercio, sus mercancías serán pesadas a la ida y a la vuelta, pagando las tasas correspondientes por las mercancías vendidas. Las parias musulmanas, los peajes de Jaca, así como los impuestos que se pagaban en su mercado, hubieran constituido un ingreso de excepcional importancia para cualquier Estado de la Europa cristiana, cuanto más para el reino de Aragón, país de paupérrima economía agraria y ganadera, que además tenía que sustraer del trabajo gran número de brazos para emplearlos en las defensas de las fronteras (…)

»En este ambiente se explica la revolución que supuso la creación de la ciudad de Jaca, y la instalación en ella de un grupo de hombres libres, con un estatuto de libertad personal y aun de franqueza, gente que en buena parte se dedican al comercio y a la artesanía y que no están sujetas a la dependencia de otro por razón del suelo que cultivan o de la tierra en que viven. Sancho Ramírez concedió, en efecto, a quienes acudieran a poblar Jaca el que pudieran comprar y vender sus heredades a quienes quisieran, y sin que quedaran gravadas por ningún censo que implicara sujeción a ningún señor; se acortaron los plazos de prescripción para estas adquisiciones y se eximió a sus moradores de algunas limitaciones a su libertad, aneja a su anterior condición villana. Como mercaderes que eran, se castigaba el falseamiento de pesas y medidas, se reducían considerablemente sus obligaciones militares, se suavizaban las penas y se humanizaban los procedimientos judiciales, tomándose medidas para asegurar la inviolabilidad de domicilio.

»No se trataba tanto de aumentar el número de hombres libres como de atraer una masa de pobladores que desarrollasen unas actividades que se estimaban necesarias y que no se practicaban en el reino: eran pequeños comerciantes, artesanos, cambiadores de moneda u hospederos de mercaderes y peregrinos. Los había judíos y sarracenos, pero la masa de los recién llegados procedían del sur de Francia, probablemente de la zona de Toulouse y de Gascuña (…) De esta forma surgirá en Jaca una sociedad nueva, sobre nuevas bases jurídicas; en suma, un derecho urbano de hombres libres.»

Acompañamos el texto original y su traducción con dos interesantes textos: El pergamino original del Fuero de Jaca concedido por el rey Sancho Ramírez, de Ricardo del Arco, y El Fuero de Jaca como foralidad burguesa o primitivo aragonesa, de Jesús Lalinde.



viernes, 12 de mayo de 2017

El Corán


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«No es fácil presentar de un modo sistemático la doctrina del Islam, ni tampoco es posible señalar con precisión hasta qué punto estaba ésta definida en los días del Profeta. Mahoma, que no era un espíritu lógico ni tenía una firme base teológica, elaboró su doctrina influido por el cristianismo, el judaísmo y en parte por el parsismo o zoroastrismo, más por aquel que por éstos, adaptando a estas doctrinas algunas tradiciones locales con un cierto oportunismo. Por otra parte, muchas de sus prescripciones religiosas se fueron concretando después de muerto Mahoma.

»La doctrina del Islam y las reglas por las que deben conducirse sus creyentes están en el Corán y en la Sunna. Las predicaciones y revelaciones de Mahoma habían quedado en su mayor parte en la memoria de sus oyentes, y sólo años más tarde fueron recogidas por el cuidado de Omar, bajo el califato de Abu Bakr o durante su propio gobierno. De ello fue encargado Zaid ben Tabit, que había sido secretario de Mahoma. Tras diversas recensiones, el califa Otmán ordenó al mismo secretario que llevara a cabo una edición definitiva (653), y mandó destruir las demás versiones. El Corán así redactado, comprende 114 capítulos o suras, presentadas sin orden alguno metódico ni cronológico. Por otra parte, muchas de sus revelaciones resultan contradictorias, y corresponde a los especialistas el señalar los capítulos vigentes y los abrogados.

»La Sunna es una reunión de tradiciones (hadizes) sobre la conducta de Mahoma en casos concretos, no incluidas entre las revelaciones del Corán. Se formó con noticias recogidas de sus familiares, especialmente de Aixa, la viuda del Profeta. Es una fuente más tardía e impura, y hay toda una ciencia crítica juridicoteológica para precisar los hadizes que deben reputarse como auténticos.» (José María Lacarra, Historia de la Edad Media, tomo I, primera edición 1960).

Por su parte, Daniel Pipes pone de relieve una de las características básicas del libro sagrado del Islam: «El Corán, como la Biblia hebrea y contrariamente a las escrituras cristianas, contiene muchas reglas; aproximadamente la décima parte de los versículos del Corán dan instrucciones a los musulmanes sobre cómo deben actuar, aunque sólo ochenta aproximadamente dan preceptos específicos. Algunos definen asuntos estrictamente religiosos, como el ayuno y la peregrinación; lo que concierne a las mujeres (el matrimonio,el adulterio, el divorcio y su separación de los hombres) tiene gran importancia, como otros aspectos de la vida de familia: la orfandad, la adopción, la herencia, etc. Existen prohibiciones sobre la usura y el juego, así como también restricciones alimenticias y suntuarias. El Corán da instrucciones a los musulmanes sobre los esclavos, los no musulmanes, la guerra, los contratos, el procedimiento judicial, las limosnas y las penas criminales.» (Daniel Pipes, El Islam de ayer a hoy; título original: In the Path of God, 1983.)


Final de la sura Maryam, en un manuscrito de la Universidad de Birmingham