jueves, 21 de mayo de 2026

José Amador de los Ríos, Estudios históricos, políticos y literarios sobre los judíos de España

Retrato por Federico de Madrazo en 1875

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El profesor Norman Roth, en su artículo Algunos de los primeros hebraístas de España y sus influencias, se refería así a nuestro autor Clásico de esta entrega: «El primer investigador de la cultura y la historia de los judíos españoles fue José Amador de los Ríos. Sin embargo, no fue un hebraísta como (Fidel) Fita, por ejemplo. Amador de los Ríos (1818-1877) es conocido también por sus libros y artículos sobre el arte y la arquitectura de España (tal es el caso de su importante libro Toledo Pintoresca). Fue catedrático de lengua y literatura española en la Universidad de Madrid, y su más importante trabajo sin duda (aunque hoy no es utilizado suficientemente por los investigadores modernos, ni de la literatura ni de la historia) es su Historia de la Literatura Española. También en aquellos magníficos volúmenes hay muchas cosas importantes sobre la literatura y la filosofía judía.

»Pero fue por su libro Estudios Históricos, Políticos y Literarios sobre los Judíos de España (1848) por el que ganó su entrada en la Real Academia de la Historia, y en gran medida también su cátedra en la Universidad de Madrid. Evidentemente, conoció un poco el hebreo, pero no bien; hay errores elementales como, por ejemplo, mashmidim (en caracteres hebreos) en lugar de meshumadim por “conversos”. Más graves son las numerosas erratas de transcripción de nombres hebreos (o arábigos) de autores o sabios judíos, en todos sus libros: Estudios, Historia de la Literatura, y su Historia... de los Judíos. Como Fita, también Amador de los Ríos fue no sólo un investigador objetivo sino simpático. Muchas veces deploró el trato de los judíos españoles a manos de los cristianos —y también a manos de los conversos. Sus “conclusiones” sobre la historia de los judíos en la España medieval son, aun hoy, de gran valor.»

Unos pocos años antes de su muerte, José Amador de los Ríos recordaba así la publicación de la obra juvenil que aquí reproducimos, al iniciar el primer tomo de su Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, versión considerablemente corregida y ampliada de la anterior:

«Hace ya veintisiete años que di a luz los Estudios históricos políticos y literarios sobre los Judíos de España (1848). Logrando estos Ensayos, así en la Península como fuera de ella, acogida sin duda muy superior a su mérito, impúsome desde luego aquel satisfactorio éxito el indeclinable deber de quilatarlos de nuevo, acaudalándolos y perfeccionándolos en lo posible. Ocho años habían apenas trascurrido desde que salieron al público, y más de cinco, sin que hubiera un ejemplar en el mercado: sólo satisfacía los pedidos del extranjero la traducción francesa, debida al entendido Mr. de Magnabal, apasionado cultivador de las letras españolas (…) Otros, en fin, me han favorecido, ahora extractando los expresados Ensayos en revistas y diarios, ahora traduciéndolos parcialmente, no siendo para olvidado en este sitio el peregrino trabajo que, a poco de ser conocidos los indicados Estudios, hicieron los judíos de Constantinopla, imprimiendo en caracteres rabínicos la parte histórica, que constituía el primer Ensayo.»

Pero de lo que se muestra más satisfecho el autor es del reconocimiento general de su imparcialidad, «que me han otorgado no ya solamente los escritores católicos, sino en general los protestantes y los judíos. Dirigiéndose los israelitas de Alemania y en su nombre el doctor Philipson, Rabino de Magdeburgo y redactor principal del Universal del Judaísmo, a las Cortes Constituyentes de 1854, declaraba en efecto de un modo solemne que eran los Estudios sobre los Judíos de España obra enteramente imparcial.»

Y luego concluye: «Inspirados única y exclusivamente por el amor de la verdad... hemos dirigido a este ambicionado blanco, con viva fe y no desmayado anhelo, todos nuestros tiros. Jamás hemos creído que es lícito al historiador apartar su corazón y su inteligencia de la inflexible vara y fiel balanza de la justicia: por eso al publicar en 1848 los Estudios históricos, políticos y literarios sobre los Judíos de España y al trazar ahora, con mayor copia de documentos y mayor severidad expositiva, la Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, hemos esquivado con todo empeño así el cobijar nuestra cabeza con el thephilin de los judíos, como el cubrir nuestro pecho con el escudo del Santo Oficio.»

Hagadá Dorada, Barcelona, 1320

lunes, 11 de mayo de 2026

Joaquim Pedro de Oliveira Martins, Brasil y las colonias portuguesas

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En su Historia de Portugal Joaquim Pedro de Oliveira Martins (1845-1894) se ocupó de la primera fase del imperio portugués, centrado en el Oriente, y expuso su creación y su pronta destrucción. El Brasil y las colonias portuguesas, en cambio, se dedica al imperio americano y africano. Su punto de vista quiere ser riguroso y severo, naturalmente a partir de su posicionamiento ideológico: radical, anticlerical, ejemplo acabado del socialismo de cátedra de tipo fabiano, tan dominante por entonces entre la intelectualidad occidental que se consideraba avanzada.

Y naturalmente, profundamente racista: asume como evidente la superioridad de la raza aria, su necesaria expansión, y por tanto el justificado dominio o erradicación de las consideradas razas inferiores o salvajes: «Contra las patéticas opiniones de un Las Casas se observa el hecho de la incapacidad del indio para pasar por sí mismo de la condición de cazador a la de pastor, y mucho menos a la de agricultor; lo atestigua el fracaso de los asentamientos, experimentos estériles que solo condujeron, por un camino diferente, a la idéntica esclavitud obligatoria, precursora de una extinción fatal.»

Y es que: «los diferentes tipos de hombre forman una jerarquía, dotados de forma diferente; y entre el indio antropófago, entre el hombre que engorda a sus hijos para devorarlos y los vende; entre la madre de cuyos pechos cuelga de un lado al recién nacido, del otro un perro o un mono, y que amamanta a ambos con igual amor; entre estas insignificantes razas humanas y los hombres superiores, existen diferencias tan esenciales como entre ellas y los tipos superiores de animales mudos. En la lucha por la vida, no solo las bestias luchan contra los hombres: los hombres luchan entre sí, y la naturaleza condena a la extinción a quienes están más próximos de las bestias.»

Desde estos presupuestos valora Oliveira Martins el imperio portugués. La distinción clave se encuentra entre las colonias de plantación, que exigen un considerable capital y la servidumbre de muchos trabajadores no blancos, férreamente dominados cuando no directamente esclavizados, y las auténticas colonias formadas por colonos blancos que se adaptan a las nuevas condiciones físicas, reemplazan en su caso a la población preexistente, y recrean las sociedades y cultura de la metrópoli. Es el caso del Brasil y es el modelo preferible para el autor. De hecho recomienda la emigración de los excedentes de población portugueses al todavía imperio brasileño, independiente desde hace años, antes que a las precarias colonias africanas.

El propósito del imperialismo, de las colonias, sostiene Oliveira Martins, radica en el interés de los imperialistas, de los colonizadores, y no en el de las poblaciones dominadas. Considera inútiles los esfuerzos de misioneros y filántropos para elevarlas por encima de su situación presente: «La idea de educar a los negros es, por lo tanto, absurda no solo a la luz de la historia, sino también a la luz de la capacidad mental de estas razas inferiores. Sólo un mestizaje lento y prolongado con sangre más fértil puede transformarlos gradualmente; y eso es precisamente lo que ha estado ocurriendo de forma espontánea y natural desde una época en que los europeos aún no se interesaban por África.» Sostenido este mestizaje a lo largo de los siglos, se producirá un blanqueamiento progresivo, hasta la definitiva desaparición de las razas inferiores y la omnipresencia de la blanca. La ilustración que adjuntamos ejemplifica este planteamiento, que el paso de los años hasta hoy ha demostrado absolutamente erróneo.

* * *

Traducimos a continuación el artículo titulado O deplorável racismo de Oliveira Martins, neurastenia oitocentista e o mito ariano del escritor Joaquim Magalhães de Castro, tomado de Nova Portugalidade (tan nacionalista como nuestro autor, pero aparentemente en sus antípodas ideológicas), 19 de febrero de 2018:

El deplorable racismo de Oliveira Martins,
la neurastenia del siglo XIX y el mito ario

En su obra Entre chinos y malayos, el cardenal José da Costa Nunes (1880-1976), obispo de Macao, responsable de las misiones de Malaca, Singapur y Timor en las primeras décadas del siglo XX, nos da pruebas de la vitalidad de las comunidades cristianas existentes allí, especialmente las de Serembam y Kuala Lumpur, adonde viajó en compañía de «un portugués de Malaca llamado Lopes». Allí lo esperaban 200 personas de ascendencia portuguesa, entre ellas funcionarios del gobierno inglés, médicos, abogados, profesores, comerciantes, terratenientes, empleados de banca y empresas comerciales, «muchas damas y caballeros», en resumen, toda una población euroasiática que se expresaba en papiá kristang y presumía de sus apellidos y su ascendencia portuguesa.

Quizás debido a esta experiencia sobre el terreno, el prelado nacido en las Azores se rebeló contra la postura que, al respecto, mantenía una de las figuras más importantes de la vida intelectual portuguesa de finales del siglo XIX, el historiador, político y sociólogo Joaquim Pedro de Oliveira Martins. Costa Nunes escribe lo siguiente: «Cuando escritores de cualquier país pretenden reivindicar sus glorias nacionales, Oliveira Martins parece sentir un cruel placer en negarlas, como sucede, por ejemplo, en la cuestión de la prioridad del descubrimiento de Australia atribuida a Manuel Godinho de Erédia, natural de Malaca.»

Asumiendo un tono derrotista y padeciendo la neurastenia que afectaba a los hombres de su tiempo, Oliveira Martins atribuyó la posesión de Macao a «una banda de piratas portugueses», y en su opinión, Malaca no era más que «un convento y un cuartel donde comerciaban frailes y soldados», considerando miserables a las poblaciones mestizas de la ciudad y clasificándolas de «degeneradas, simiescas y abyectas». He aquí algunas de sus declaraciones: «Por encima de todo se alza el portugués, con su Erx, templo o fortaleza, que debería haber sido de civilización o de exterminio, y que al final, es una lástima decirlo, fue simplemente el barco que nos llevó, a los portugueses de Malaca, a descender a la condición de degenerados, contaminando nuestra sangre aria, olvidando nuestras tradiciones europeas. Ya he dicho con melancolía que aún hoy hay portugueses en Malaca, pero que estos portugueses son como los orangutanes. Al entrar en contacto con la descomposición venenosa del Lejano Oriente, nos intoxicamos.»

El renombrado historiador, reconocido como «derrotado por la vida», iría más allá, avalando las apreciaciones de un antropólogo, el Dr. Yvan, quien había analizado la constitución física de los cristianos portugueses de Malaca, afirmando que «son físicamente horrendos y moralmente abyectos, que tienen rasgos bestiales, que son moralmente degenerados, que son inferiores a los malayos y que ya ha sido borrada de su memoria la tradición, esa añoranza de las razas caídas.» En resumen, un pensamiento muy en línea con el filósofo francés Arthur de Gobineau, autor de Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas (1855) e inventor de uno de los grandes mitos del racismo contemporáneo, el mito ario, a quien se atribuye la famosa frase: «No creo que descendamos de los monos, pero creo que vamos en esa dirección.»

Cabe recordar que fue en hombres como Gobineau, y posteriormente en el inglés Houston Stewart Chamberlain, en quienes Adolf Hitler se inspiró para poner en práctica su tristemente famosa «solución final».

Al igual que Gobineau, Oliveira Martins era abiertamente racista, pues defendía la tesis de que los pueblos formados por negros e indígenas eran incapaces del tan ansiado progreso. Parece obvio que el distinguido historiador nunca pisó el Lejano Oriente, si es que alguna vez abandonó la Península Ibérica, que tanto admiraba, pues era un iberista acérrimo.

Persistentes, conscientes de sus tradiciones centenarias, los habitantes de aquel vecindario, los calificados como orangutanes por Oliveira Martins, afortunadamente sobrevivieron a todas estas dificultades y continúan celebrando la Navidad, el Carnaval, la Pascua y, sobre todo, la festividad de San Pedro, patrón de los pescadores, a finales de junio, incluida en el calendario oficial de los servicios turísticos de Malasia. La festividad más popular del país, San Pedro, como se le conoce, es una excelente excusa para el reencuentro entre residentes y sus familias de Singapur, Kuala Lumpur y otras provincias de Malasia. Pero hablaremos de esa festividad otro día.

Joaquim Magalhães de Castro

La Redención de Cam (1895), del hispano-brasileño Modesto Brocos, es una muestra del planteamiento racista dominante en buena parte de las sociedades de la época: la abuela negra, la hija mulata, la nieta blanca. La satisfacción del padre blanco de esta última, al igual que el título de la obra, atestigua el enaltecimiento del blanqueamiento, el objetivo de hacer desaparecer de la población del Brasil (y quizás en todas partes) los caracteres considerados inferiores.

viernes, 1 de mayo de 2026

Joaquim Pedro de Oliveira Martins, Historia de Portugal

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El portugués Joaquim Pedro de Oliveira Martins (1845-1894) fue un autor afortunado en nuestro país, repetidamente encomiado por autores tan disímiles como Menéndez Pelayo, Valera, Juderías, Unamuno y Altamira, y en su día comunicamos su Historia de la Civilización Ibérica, que fue traducida al español en vida del autor. No así otras dos interesantes obras que nos proponemos incluir en Clásicos de Historia: la Historia de Portugal y la que podemos considerar su complemento, Brasil y las colonias portuguesas (dejamos por ahora de lado su Portugal contemporáneo). En una Advertencia preliminar en la primera de estas obras, Oliveira Martins se expresa así:

«En la Historia de la Civilización Ibérica intentamos estudiar el sistema de instituciones e ideas de la sociedad peninsular para explicar su vida colectiva, orgánica y moral. Allí consideramos la sociedad como un individuo y buscamos representarla física y moralmente. Ahora nuestro propósito es diferente... La mitad de la historia portuguesa está, por lo tanto, escrita en la Historia de la Civilización Ibérica: la mitad que trata de la vida de la sociedad, como un ente orgánico y moral. Se entenderá, pues, que nos abstendremos ahora de repetir lo dicho y que nos limitaremos a remitir al lector al libro precedente, indicando, cuando sea necesario, dónde se encuentra la explicación de las causas generales a las que el texto alude.

»Queda por hacer la segunda mitad; queda por caracterizar lo particular de la historia portuguesa. Resta dar vida a sus personajes y representar de forma realista el escenario en el que se desenvuelven: tal es el propósito de este libro, cuyas dificultades de ejecución superan con creces las del anterior. Antes, bastaban el conocimiento y el pensamiento; uno para describir cómo eran las cosas, el otro para indicar el principio y el sistema de la civilización. Ahora se requiere un talento especial, intuición histórica y un estilo que transmita la vitalidad propia de los seres vivos. Será necesaria toda la paciencia del lector para disculpar las imperfecciones del libro.

»Es necesario señalar otro aspecto y evitar una impresión equivocada en quien lea ambas obras sucesivamente. La Historia de Portugal consiste en una serie de escenas en las que, en su mayoría, el carácter de los hombres, sus acciones, los motivos inmediatos que las determinan y las condiciones y la forma en que se realizan, merecen más reproche que aplauso. Crímenes brutales, pasiones viles, abyecciones y miserias suelen componer la existencia humana; y por ello, más de un moralista ha condenado el estudio de la historia como perjudicial para la educación. En cambio, la Historia de la Civilización Ibérica destila un entusiasmo optimista que, a primera vista, parecería contradictorio con el carácter mezquino y ruin que presentan las acciones humanas. Un ejemplo bastará para demostrar este antagonismo: antes considerábamos las conquistas americanas y asiáticas una hazaña heroica; y ahora veremos la montaña de ignominia que es el imperio portugués en Oriente.»

Naturalmente, esta Historia de Portugal resulta bien diferente del Epítome barroco de Manuel de Faria, que presentamos hace unas semanas. En primer lugar, parte de lo evidente: Portugal nace con la creación del condado de Portugal y de su separación del reino de León; la nación es el resultado de la actuación de una persona determinada. Y Oliveira, además, puede aprovechar el ingente trabajo realizado por numerosos investigadores, como Alexandre Herculano (1810-1877), autor de una documentada y extensa Historia de Portugal (que sólo alcanza el siglo XIII).

Pero la obra de Oliveira es, como todas, hija de su tiempo… y de sus planteamientos ideológicos: el autor juzga, toma partido ante los acontecimientos, y hace responsable a los culpables. Así, en lo referente al fracaso del imperio portugués en Asia (capítulo «El viaje a la India»), la deplorable casa de Avis, la incuria de la Inquisición, la catástrofe de la Jornada de África, el dominio español, la incapacidad de la casa de Braganza... Y durante tres siglos el papel atroz que atribuye a los jesuitas en el decurso de los acontecimientos, que resulta curiosamente similar al que desde las orillas ideológicas contrarias se atribuye a la masonería.

Oliveira tiene claro que el resultado necesario de todo ello es, por tanto, la decadencia: tras el éxito en la creación de la nación portuguesa, que culmina con la victoria en Aljubarrota y con la prodigiosa época de los descubrimientos, se produce la progresiva descomposición del reino. La responsabilidad está en las élites, imbuidas de un jesuitismo atroz, pero también en el pueblo, seducido por un sebastianismo adormecedor, esperanzado en la llegada de un redentor prodigioso. Los intentos de corregir la situación (el marqués de Pombal, el oro del Brasil, el liberalismo…) han dado unos resultados limitados por la persistencia de tendencias negativas en la sociedad portuguesa. Olivera concluye así: «¿Continúa la decadencia nacional, aparentemente interrumpida tan solo por ideas revolucionarias y por la restauración de las fuerzas económicas impulsadas por el utilitarismo universal? ¿O estamos presenciando un fenómeno de oscura reconstitución?»

Armada portuguesa, Livro de Lisuarte de Abreu.