domingo, 10 de agosto de 2014

Juan de Mariana, Del rey y de la institución de la dignidad real

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 «El príncipe, pues, jamás debe creer que es señor de la república y de cada uno de los súbditos, por más que sus aduladores se lo digan; sino que debe juzgarse como un gobernador de la república, que recibe cierta merced de los ciudadanos, la cual no le es permitido aumentar contra la voluntad de ellos. No obstante esto, se le ofrecerán medios honrosos para acumular tesoros y enriquecer el erario público, sin que los pueblos se muestren sentidos; lo uno con los despojos de los enemigos, como lo hizo en cierta ocasión Paulo en Roma, que habiéndose apoderado del tesoro real de los macedonios, tan gran cantidad de dinero atrajo al erario, que con sola la presa que hizo de un solo rey, bastó para no tener necesidad de imponer contribuciones a su pueblo; y lo otro, por el grande cuidado que debe tener de los impuestos, evitando que sean presa de los cortesanos y otros ministros; y de este modo, ¿cómo no quitará la ocasión al robo de las rentas reales? ¿A cuántos fraudes y engaños no está expuesto el manejo de los caudales públicos? Además de esto, la modestia, la sencillez del palacio del príncipe, que es el mayor lauro de los reyes, equivale a grandes riquezas para conservar la república en la paz y en la guerra. Éstas son las verdaderas riquezas que se adquieren sin envidia y sin daño.»

Lo dice Juan de Mariana (1536-1624), de quien ya hemos presentado su Historia general de España, con la que iniciamos este blog de clásicos históricos. La obra que ahora presentamos, se escribió en la época de apogeo de los reyes autoritarios, con los siguientes objetivos: analizar y justificar las monarquías, exponer sus límites, educar al príncipe (se dirige al futuro Felipe III) y determinar sus obligaciones. Sin embargo, la polémica surgirá en lo concerniente a los casos en que el autor admite el tiranicidio, que ejemplifica con el caso reciente de Enrique III de Francia. El preilustrado Pierre Bayle, en su Dictionnaire historique et critique, condena este libro inquietante y venenoso, «que l'Espagne et l'Italie laissèrent passer, et qui fut brûlé a Paris, par arrêt de parlement, à cause de la pernicieuse doctrine au'il contenait. Il n'y a rien de plus sèditieux, ni de plus capable d'exposer les trônes à de fréquentes révolutions, et la vie même des princes au couteau des assassins, que ce livre de Jean Mariana.»

De él comenta Randall G. Holcombe: «Aunque el padre Juan de Mariana escribió muchos libros, el primero de contenido más claramente liberal fue el titulado en latín De rege et regis institutione (Sobre el rey y la institución real), que fue publicado en el año 1598 y en el que se incluye su famosa defensa de la doctrina del tiranicidio. Y es que, para el padre Juan de Mariana, cualquier ciudadano individual puede asesinar justamente a aquel rey que se convierta en tirano por imponer impuestos a los ciudadanos sin su consentimiento, expropiarles injustamente su propiedad, o por impedir que se reúna un parlamento democráticamente elegido.

»Las doctrinas sobre el tiranicidio incluidas en el libro de Mariana fueron las que aparentemente se alegaron para justificar el asesinato de los reyes tiranos franceses Enrique III y Enrique IV, por lo que el libro de Mariana fue quemado en París como resultado de un decreto emitido por su parlamento el 4 de julio de 1610. En España, y aunque las autoridades no se mostraban entusiastas sobre el contenido del libro, lo respetaron, básicamente porque estaba escrito en latín y pensaban que su contenido no habría de hacerse muy popular.

»Sin embargo, Mariana con su análisis no hizo sino defender la idea de que el derecho natural es siempre moralmente superior al poder de cada estado. Idea que había sido previamente elaborada con detalle por ese gran fundador del derecho internacional que fue el dominico Francisco de Vitoria (1485-1546), y que fue el primero en comenzar la tradición de los escolásticos españoles de denunciar la conquista y en particular la esclavización de los indios en la recién descubierta América.»

Hugues Merle,  Asesinato de Enrique III por Jacques Clément (1863)

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