domingo, 1 de febrero de 2026

Godefroid Kurth, ¿Qué es la Edad Media? y otros artículos polémicos

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Durante un milenio, la Cristiandad divide la Historia en seis edades, conjuntando las tradiciones clásicas, judías y cristianas, y las reflexiones de san Agustín y de Orosio. La primera edad arranca con la Creación, la segunda con el Diluvio, la tercera con Abraham, la cuarta con la construcción del Templo, la quinta con el Cautiverio, y la sexta con el nacimiento de Cristo. Si le añadimos una más futura, con el Anticristo y el fin del mundo, obtenemos la prodigiosa cifra de siete que nos permite relacionarlas con los siete días de la Creación, con los siete planetas, con las siete edades del individuo... Macrocosmos y microcosmos. Vemos ya explícita esta compartimentación del tiempo en la Crónica Universal de Isidoro de Sevilla, y todavía será reverencialmente seguida casi mil años después, por ejemplo en la espléndida Crónica de Nuremberg de Hartmann Schedel.

Sin embargo a partir del siglo XII algunos escritores, ante la prolongada duración de la sexta edad y el interés por el pasado reciente, comienzan a distinguir entre antiquitas y modernitas. Esta última sería «el curso de los últimos cien años, cuyo término aún se desarrolla, cuyo recuerdo de todas las cosas que han sido dignas de contar es suficientemente reciente y claro, cuando hay todavía algunos ancianos centenarios vivos, y hay innumerables hijos que poseen, por la narración de sus padres y abuelos, un conocimiento cierto de cosas que no han visto.» (Gualterio Map, muerto en 1209, lo escribe en su De nugis curialium, cit. por José Miguel de Toro Vial.) Naturalmente, antiquitas será lo anterior…

Pero los humanistas del siglo XV, que aunque parezca difícil incrementan la reverencia hacia griegos y romanos mantenida por la Cristiandad a lo largo de los siglos, se autoconvencen de ser ellos los descubridores de ese Mediterráneo glorioso del pasado, para el que reservan el término de Antigüedad. Y, lógicamente, su Modernidad quiere reproducirla, quiere ser una nueva Antigüedad. ¿Y qué son los mil años que separan estos dos polos de la historia? Nada, un periodo intermedio, medioevo, caracterizado por la barbarie y la regresión: un largo descenso seguido de una lenta ascensión. Nace así el concepto de Edad Media, con su carga de significado negativo, que pesará poderosamente no sólo en el imaginario popular, sino también en el de los especialistas.

Godefroid Kurth (1847-1916) fue un prestigioso historiador belga que publica en 1905 un breve texto con el título Qu’est-ce que le Moyen Age? con el que quiere deshacer esa falsa percepción de la Edad Media en la que «era inevitable llegar a creer que era completamente cruda, bárbara, ignorante, falta de inteligencia, sucia, engañada por sacerdotes astutos y por sus propios prejuicios, sometida a toda forma de violencia o que la cometía, incapaz de espíritu cívico, incapaz de alcanzar los grandes ideales de nación, progreso, justicia social y vida intelectual.»

Pero es que esa visión deleznable de la Edad Media se basa en buena medida en leyendas sin base y falsedades clamorosas, que Kurth disecciona y rechaza. Y concluye: «lejos de ser un período intermedio entre la civilización antigua y la moderna, la Edad Media es en sí misma el comienzo de la civilización moderna. Lejos de situar su punto de partida en el Renacimiento, cabe señalar, por el contrario, que surge del cristianismo... Estas sociedades todavía subsisten con la base que recibieron entonces, esto es, la moral cristiana. Iniciándose en los siglos conocidos como la Edad Media, continúa en los llamados modernos y contemporáneos. Somos herederos de la Edad Media, y no, como suele decirse, hijos de Grecia y Roma.»

Hemos incluido otros dos artículos, también orientados hacia la polémica con sus contemporáneos, en los que se ocupa de otros aspectos conexos. En uno de ellos, Le Concile de Maçon et les femmes, explica el curioso origen del fake sobre la supuesta carencia de alma en las mujeres, que todavía se aduce de vez en cuando hoy en día. En el otro, La Croix et le Croissant, lleva a cabo un intento de interpretación del papel que ha jugado el Islam en la historia, hasta el presente. Su valoración es en buena medida negativa, al enmarcar su análisis en el marco de un conflicto de civilizaciones opuestas que compiten entre sí (y en el momento álgido del imperialismo contemporáneo en que se escribe, podemos añadir.)

El último texto de esta entrega de Clásicos de Historia es diferente. Escrito en los últimos meses de su vida, se publicará póstumamente en 1919. Le guet-apens prussien en Belgique trata de la ocupación de la neutral Bélgica por parte de Alemania en la primera Guerra Mundial. Kurth, originario de la zona belga de lengua alemana, describe pormenorizadamente con los datos de que dispone el proceso del ultimátum, invasión y especialmente los intentos alemanes de justificar sus actos. «Invoco a Alemania ante el tribunal de la conciencia humana: ¡que intente responder a mi acusación! Aquí solo encontrarán hechos que ella misma admite; ¡hablo basándome en sus periódicos y revistas! Cuando cito testimonios belgas, han sido cuidadosamente verificados. He enseñado y practicado la crítica histórica durante cuarenta años, y he aplicado aquí su método con aún mayor rigor porque siento plenamente el peso de la responsabilidad que recae sobre mí. ¿Es necesario decir que esta no es una obra de odio ni de venganza?»

Les Tours de Bois-Maury, de Hermann, es una larga novela gráfica iniciada en 1984, en la que se pueden
apreciar buena parte de los tópicos que aun hoy se aplican a la Edad Media. Eso sí, con gran calidad artística.