lunes, 10 de febrero de 2014

Crónica de Alfonso III

Beato de Urgel, siglo X
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En el siglo IX el reino de Asturias se ha afirmado definitivamente y se esfuerza para manifestar una imagen de estabilidad y poder. Es el otro rey de Spania, débil en comparación con el poderoso emir cordobés, pero que lleva a cabo un consciente programa organizativo, constructivo y, también, literario. Todo ello busca expresar la continuidad, el enraizamiento de la joven monarquía en la vieja monarquía gótica, recordada todavía como una época de plenitud, bien expresada en la Historia de los Godos de Isidoro de Sevilla.

Es ahora cuando se redactan tres textos de larga influencia posterior: la Crónica Albeldense, más escueta y sobria; la Crónica Profética, que sitúa en el pasado la promesa de los éxitos del presente; y la Crónica de Alfonso III, más compleja. Se atribuye su composición al rey que le da nombre, que la habría remitido a un obispo Sebastián, lo que quizás sea un mero recurso retórico. Como intermediario de los dos se cita a un presbítero Dulcidio. ¿Será el el auténtico autor? Además, se ha conservado en dos redacciones diferentes.

La conocida desde antiguo a través de diversos códices es la denominada Sebastianense. Tiene mayor calidad literaria y más referencias eruditas, y por ello se ha supuesto que corresponde a una revisión que ha corregido el estilo y ha interpolado párrafos que denotan un mayor interés por lo eclesiástico. Su autor pudo ser el citado obispo Sebastián, sobrino del rey. La otra versión (más bárbara la denomina un ilustre historiador) sólo se encuentra en el Códice Rotense, procedente de Roda de Isábena. Algunos defienden que la autoría corresponde del propio rey y, en ese sentido, constituiría la primera versión de la obra.

Crónica de Alfonso III, Códice de Roda, f 178 r

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