martes, 18 de febrero de 2014

Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso

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Siglo V a. C. Tras lograr mantener su independencia frente al desmesurado Imperio Persa, las polis griegas se desangran combatiendo entre sí. Ahora se disputan la hegemonía dos sistemas políticos: la oligarquía militarista espartana y la democracia imperialista ateniense. En el 424 a. C. Tucídides es nombrado estratego de Atenas; pero fracasa en el mando que se le encomienda y es condenado al exilio. Desde Tracia seguirá atentamente los acontecimientos y elaborará su gran obra, la Historia de la Guerra del Peloponeso.

Tucídides quiere continuar a Heródoto, pero incorpora una serie de novedades que van a configurar definitivamente a la Historia como una ciencia rigurosa: En primer lugar se limita conscientemente al plano humano, en sintonía con el humanismo platónico. Si en ocasiones intervienen los dioses en los acontecimientos, son meros accidentes, al mismo nivel que un rayo o un incendio fortuito. En segundo lugar, la Historia debe ser crítica, y debe verificar la veracidad de los acontecimientos (lo que le permite ciertas alusiones a la que considera excesiva credulidad de Heródoto). Y como consecuencia de lo anterior, el historiador debe ocuparse de asuntos contemporáneos, los únicos de los que podrá contrastar sus informaciones. Naturalmente esta búsqueda de la objetividad le conducirá a rechazar cualquier partidismo a la hora de indagar las causas de los acontecimientos.

Pero la Historia es cíclica, y se enmarca en un orden repetitivo que debe ser conocido. Realiza, por tanto, el primer intento de establecer una división en edades puramente racional, lejos ya de las míticas edades descritas por Hesíodo (oro, plata, bronce y hierro). Es la conocida Arqueología, contenida en el libro I: a una edad primitiva caracterizada por continuas migraciones de pueblos en constante lucha, sigue una época de héroes que crean la civilización: las polis, el comercio... Sin embargo, nuevas migraciones rompen esta estabilidad y provocan la aparición de los tiranos. Pero la invasión persa provoca la reacción y unión de los griegos, a la que sigue una nueva fase de confrontación interna, la Guerra del Peloponeso.

Pero la Historia es también una obra literaria, y lo literario es también un recurso historiográfico. Tucídides gusta de hacer hablar mediante discursos a los personajes destacados. Es consciente de la dificultad que esto supone, pero lo considera un medio valioso para acercarse al sentido de los acontecimientos. Lo expresa así en el libro I: «Y porque me sería cosa muy difícil relatar aquí todos los dichos y consejos, determinaciones, conclusiones y pareceres de todos los que hablan de esta guerra, así en general como en particular, así antes de comenzada, como después de acabada, no solamente de lo que yo he entendido de otros que lo oyeron, pero también de aquello que yo mismo oí, dejo de escribir algunos. Pero los (discursos) que relato son exactos, si no en las palabras, en el sentido.» Y este planteamiento gozará de un extraordinario éxito entre sus sucesores.

Traducción al latín por Lorenzo Valla (siglo XV). BH Ms. 392,Valencia.

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