miércoles, 26 de marzo de 2014

Polibio, Historia Universal bajo la República Romana

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Polibio de Megalópolis (210-127 a. C.), en Arcadia, culmina junto con Heródoto y Tucídides la tríada de los grandes autores augurales de la Historia. Coincide con ellos en el objetivo de explicar los acontecimientos por sus causas. Es más, interesado en la reflexión sobre su propio trabajo como historiador, extrema el esfuerzo en desentrañar los diferentes factores, distingue las intencionalidades de los intervinientes y subraya la importancia de los grandes personajes. Aunque este planteamiento riguroso no le impide conceder considerable importancia a la intervención de la Fortuna...

Pero si sus antecesores se han centrado en casos concretos (las guerras médicas y las guerras del Peloponeso: griegos contra bárbaros y griegos contra griegos), Polibio persigue una visión-explicación más totalizadora: «... me ha incitado y movido a escribir esta obra... haber notado que ninguno en mis días había emprendido una historia universal... Veía yo al presente historiadores que han descrito guerras particulares y han sabido recoger varios sucesos acaecidos a un mismo tiempo; pero al mismo paso echaba de ver que ninguno, a lo menos que yo sepa, se había tomado la molestia de emprender una serie universal y coordinada de hechos, cuándo y en qué principios se habían originado y cómo habían llegado a su conocimiento». Su intención es redactar una Historia Universal, que se ocupe de los distintos escenarios en torno al Mediterráneo, en Europa, Asia y África, ya que observa que en apenas medio siglo han sido íntimamente concatenados por la acción de Roma. En este sentido esta obra podría ser denominada Conquista del Mediterráneo por Roma.

Ésta es, pues, la clave de la Historia polibiana. La república romana, al salir de Italia, ha iniciado un proceso histórico que, a diferencia de los imperios persa, macedonio o púnico, está llamado a perdurar: «Mas los romanos, al contrario, sujetaron no algunas partes del mundo, sino casi toda la redondez de la tierra, y elevaron su poder a tal altura que los presentes envidiamos ahora y los venideros jamás podrán superarlo.» Nuestro autor ha acuñado la noción de Roma como culminación y fin de la Historia. La propia biografía de Polibio explica este planteamiento: conducido, todavía joven, como rehén a Roma, se integrará a fondo en esta sociedad en expansión. Establecerá fuertes lazos con las élites romanas, y acompañará a Publio Cornelio Escipión Emiliano (de quien había sido tutor) en sus viajes y campañas: la tercera guerra púnica en África, las guerras celtibéricas en Hispania... Manteniendo su cultura superior helenística, se imbuye del espíritu romano y concluirá por ser enviado a Acaya para acelerar su integración en el imperio.

Polibio desarrollará su propio planteamiento cíclico de la Historia a partir de los elaborados por los filósofos: una catástrofe provoca la concentración del poder en un personaje destacado (monarquía), pero algún sucesor abusa de su poder (tiranía), lo que provoca que los nobles le expulsen (aristocracia); los excesos que cometerán sus descendientes (oligarquía) llevará al pueblo a derrocarles (democracia), pero su corrupción (oclocracia) sólo podrá ser combatida por medio de un personaje providencial... Y la historia vuelve a empezar. Roma, sin embargo, ha logrado crear un modelo superador de los cíclos, al aunar los aspectos positivos de cada uno de ellos: «El gobierno de la República Romana estaba refundido en tres cuerpos, y en todos tres tan equilibrados y bien distribuidos los derechos, que nadie, aunque sea romano, podrá decir con certeza si el gobierno es aristocrático, democrático o monárquico. Y con razón; pues si atendemos a la potestad de los cónsules, se dirá que es absolutamente monárquico y real; si a la autoridad del Senado, parecerá aristocrático, y si al poder del pueblo, se juzgará que es Estado popular.»

Desgraciadamente no conservamos íntegra esta obra capital para la historiografía. De los cuarenta libros que la componían, lo están los cinco o seis primeros. De los restantes conservamos fragmentos y citas de otros autores, lo suficientemente abundantes y extensas como para que se haya podido recomponerlo de forma abreviada.


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