lunes, 18 de diciembre de 2017

José Antonio Primo de Rivera, Discursos y otros textos

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Escribe Stanley G. Payne en su Franco y José Antonio, el extraño caso del fascismo español: «El fascismo llegó a España de importación. Fue en un principio abrazado por miembros de la intelligentzia radical, como en otros países, pero carecía del apoyo cultural y social necesario para desarrollarse. Giménes Caballero hizo el primer esfuerzo importante por afirmar un fascismo español que respondía no simplemente al nacional-sindicalismo revolucionario original del fascismo italiano sino a a la tentativa de síntesis italiana de 1928-1932, con sus compromisos derechistas y semicatólicos, que él intentó hispanizar como la nueva catolicidad (…) Un fascismo pleno o genuino fue, pues, el que articuló Ramiro Ledesma Ramos, a quien se puede considerar como un paradigma del intelectual radical. Para él, el fascismo era sólo revolucionario, y Ledesma buscó extraer la más plena consecuencia lógica de las ideas fascistas, cosa fácil para él ya que nunca tuvo que dirigir una fuerza política de tamaño importante alguno (…)

»En contraste, el punto de partida de José Antonio Primo de Rivera era distinto, ya que éste buscaba vindicar la labor de su padre y desarrollar la fórmula de un régimen nacionalista y autoritario efectivo y moderno. En su caso, el fascismo era la solución más que la motivación, y así su mimentismo inicial de 1933-1934 se hizo lógico y obvio, aunque en última instancia embarazoso. En 1935 intentaba crear una especie de fascismo diferenciado que fuera menos dependiente del modelo italiano, pero, aun siendo un hombre libre, José Antonio no renunció en ningún momento a los principios fascistas fundamentales de nacionalismo extremista, Estado autoritario, sindicalismo nacional radical y las tres negaciones fascistas ―oposición a la izquierda colectivista, al centro liberal y a la derecha conservadora o reaccionaria―, ni tampoco al militarismo fascista y a la preferencia de una orientación hacia la violencia, aunque en la práctica se había resistido a veces a ella.

»La diferenciación del fascismo en el pensamiento tardío de José Antonio Primo de Rivera suponía (…) el intento de crear una especie de humanismo fascista con un hincapié abstracto en el hombre portador de valores eternos, y el reconocimiento de la personalidad humana quizá hubiera sido más prometedor si esta vena retórica hubiera gozado del más ligero desarrollo en la teoría política. Pero, como casi todos los conceptos de José Antonio, éste permaneció vago, abstracto, se quedó en una fórmula, y nunca fue articulado o desarrollado en conjunción con un programa o teoría políticos precisos (…) No cabe duda de que la religión y el tradicionalismo cultural eran importantes para él, pero no los integró con claridad a la doctrina política ni utilizó la religión para controlar o diferenciar a esta última de una manera específica.

»Como sea que los movimientos fascistas han dado enorme importancia a los roles de las élites y de los líderes ―características plenamente reflejadas en Falange―, hay que plantear la pregunta de si el liderazgo del fascismo en España fue inherentemente deficiente. En 1935, José Antonio había establecido un dominio casi incontestado dentro de Falange, pero nunca pudo ejercer el liderazgo de manera efectiva en la política española. Dado, sin embargo, el limitado número de factores fascistogénicos que afectaron a los asuntos españoles con anterioridad al estallido de la guerra civil, es dudoso que un liderazgo más habilidoso hubiera tenido mucho más éxito.»

El encarcelamiento y posterior fusilamiento de José Antonio descabecerá definitivamente al auténtico fascismo español. Manuel Azaña lo supo ver, según anota en su diario el 6 de octubre de 1937 (y Payne reproduce): «Cuando se hablaba de fascismo en España, mi opinión era ésta: hay o puede haber en España todos los fascismos que se quiera. Pero un régimen fascista no lo habrá. Si triunfara un movimiento de fuerza contra la República, recaeríamos en una dictdura militar y eclesiástica de tipò tradicional. Por muchas consignas que se traduzcan y muchos motes que se pongan. Sables, casullas, desfiles militares y homenajes a la Virgen del Pilar. Por ese lado, el país no da otra cosa. Ya lo están viendo. Tarde. Y con difícil compostura.»

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