viernes, 9 de marzo de 2018

Pedro de Rivadeneira, Historia eclesiástica del cisma de Inglaterra


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En la presentación que hicimos de la obra de John Reed, Diez días que estremecieron al mundo, nos referimos a la siempre interesante historia militante, de combate, de buenos y malos, construida a veces de forma inocente y desinteresada, y otras conscientemente deformadora, y usada como herramienta para el logro de fines determinados. «Pero no debemos despreciar esta historia que podemos denominar propagandística. Por un lado, todo historiador hace historia desde unos presupuestos antropológicos, consciente o inadvertidamente aceptados. Su esfuerzo por lograr la imparcialidad científica es una tensión que no siempre se logra. Y no importa: el lector advierte (y comparte o no) dicho planteamiento previo, y aprovecha y disfruta del resultado. Pero por otro lado, las obras históricas de descarada intención dogmática, las que quieren comunicarnos La Verdad De Lo Que Realmente Pasó, con sus héroes ensalzados y sus villanos desenmascarados, también resultan útiles e interesantes: son auténticos testimonios de una visión interesada o gratuita sobre acontecimientos y fenómenos; interpretaciones que en muchos casos triunfan, se difunden e influyen poderosamente en los acontecimientos posteriores; auténticos testigos de las mentalidades dominantes en una sociedad o grupo determinado.»

Un cabal ejemplo de historia de combate es la Historia eclesiástica del cisma de Inglaterra, de Pedro de Rivadeneira (1526-1611). Éste, jesuita de primera hora y tan español (fiel súbdito del monarca católico) como europeo (reside durante medio siglo en Italia, Flandes, Francia e Inglaterra), compaginó sus labores en la orden con un una abundante dedicación a la escritura. Además de la obra que nos ocupa, redactó una canónica vida de san Ignacio (del que había sido secretario), sus Illustrius scriptorum religionis Societatis Iesu catalogus, y otras biografías. También publicó obras de carácter ascético y devocional, entre las que destaca su muy popular Flos sanctorum. En cambio, su interesante Tratado de la religión y virtudes que debe tener el príncipe cristiano para gobernar y conservar sus Estados, analiza cuestiones políticas, y en él rechaza el concepto de razón de estado.

La Historia eclesiástica del cisma de Inglaterra pretende no dejar lugar a la duda: Enrique VIII, sus hijos Eduardo e Isabel, y los numerosos colaboradores de todos ellos, han introducido la reforma protestante (a la que de forma inexacta suele denominar el autor calvinistas, contraponiéndolos a los puritanos) movidos exclusivamente por la lujuria, la avaricia y la soberbia, y en contra de los deseos e intereses de la sociedad. Se les atribuye con gran convencimiento conductas extremadas: así, Ana Bolena sería hija del propio rey, que por tanto comete incesto. En cambio, los católicos destacan tanto por la firmeza de su fe, por la altura intelectual con la que siempre derrotan a sus oponentes en debates y confrontaciones, y por su entereza a la hora de sufrir sanguinarios martirios que son descritos en detalle.

Los hechos que nos narra son ciertos: la resistencia de una parte considerable de la población; la creación de seminarios ingleses en Flandes, Francia, Roma y España; la aventurera vida de los clérigos en la clandestinidad (con referencia a los característicos priest hole); la represión fundada en el control de la población y en las denuncias vecinales; la prohibición de estudiar fuera de Inglaterra… El autor reproduce normas legales, proclamas, cartas particulares… Ahora bien, es patente el maniqueísmo absoluto, la frialdad con que se narran las condenas a muerte de protestantes durante el reinado de María; en último termino su carácter especular respecto de la abundante literatura que por estos mismos tiempos se elaboran en Alemania, Países Bajos y la misma Inglaterra sobre los crímenes de los católicos y de sus reyes (y especialmente de Felipe II y de los españoles) contra los protestantes. Quizás la única diferencia reside en la diferente pervivencia: la obra de Rivadeneira será muy popular y se seguirá reeditando en nuestro país, pero las opuestas gozarán de mayor difusión e influencia, hasta arraigar con el tiempo en la misma España: la tan traída y llevada leyenda negra.
Vicente Carducho, El martirio de tres cartujos en la cartuja de Londres (1626)

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