sábado, 4 de abril de 2015

Bartolomé José Gallardo, Diccionario crítico-burlesco del que se titula Diccionario razonado manual

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«El célebre Diccionario crítico-burlesco del que se titula Diccionario razonado manual, publicado en 1811 por el bibliotecario de las Cortes Bartolomé José Gallardo, es la sátira anticerical más dura y difundida de la época. En sólo dos años, 1811 y 1812, alcanzó cinco ediciones según Rodríguez Moñino. Su difusión y el acierto en el lenguaje lo han convertido en uno de los textos paradigmáticos del anticlericalismo del primer liberalismo, y por su celebridad enlaza con otro texto de idéntico estilo, los Lamentos políticos de un Pobrecito Holgazán de Sebastián de Miñano, que hizo las delicias de los clerófobos del Trienio… La crítica de Gallardo alcanza a la religión, a pesar de sus declaraciones en sentido contrario y de la ambigüedad de sus palabras en muchas ocasiones... Si atendemos al tenor general del diccionario, este tipo de frases (las que el autor acaba de enumerar) habría que interpretarlas ante todo como crítica al clero, causante de la degradación del sentimiento religioso y del catolicismo, pero es indudable que cualquier lector podía interpretarlas también como ataque directo a la religión. Por este motivo es innegable la importancia del diccionario de Gallardo como eslabón en el proceso laicizador de la sociedad española.» *

«El episodio inaugural de esta modalidad de choque semántico vía diccionarios empezó con la publicación, en 1811, del Diccionario razonado manual. Según declaraba su anónimo autor ―en realidad, el diputado Justo Pastor Pérez, con el auxilio de Freire Castrillón y del canónigo Ayala― en una especie de prólogo, se proponía explicar al público el lenguaje nuevo y desusado de estos nuevos doctores, a los que se refería igualmente en tono irónico como nuestros nuevos maestros y nuevos filósofos. Una declaración que, implícitamente, venía a reconocer que, hasta ese momento, los liberales llevaban la iniciativa en el terreno propagandístico y, en cierto modo, estaban ganando la partida.

»Poco después, Bartolomé J. Gallardo, en el célebre Diccionario crítico-burlesco, que vino a darle la réplica (desencadenando, a su vez, una multitud de impugnaciones), se erigía en campeón de un supuesto idioma de la libertad y de un diccionario de los hombres libres frente a la lengua de los esbirros del despotismo espiritual. Como puede colegirse por el tono insultante usado por ambos contendientes, la colisión frontal entre publicistas de tendencias opuestas tendía a favorecer las posiciones más extremas, tanto en las filas reformistas como en las conservadoras. Sea como fuere, esta clase de diccionarios satíricos se convertirá durante la primera mitad del siglo XIX en un arma de gran eficacia, que alcanzó una inmensa popularidad gracias a su estilo punzante y mordaz, principal reclamo de un subgénero político-literario destinado a desligitimar y a zaherir, por vía de parodia, las ideas del adversario político.

»Reiteramos, en todo caso, que tales luchas entre diccionarios alternativos no constituyen simples escaramuzas léxicas, ni siquiera se trata de una mera batalla de ideas, sino que apuntan a la conformación del espacio social y político, y a la instauración ―o conservación, o abrogación― de esa suerte de discursos condensados y rutinizados que son las costumbres e instituciones. Además, estas controversias y la violencia verbal de los enunciados en disputa propiciaron una fuerte emocionalización de la política. La lectura de esta literatura de combate permite entender algunos mecanismos elementales de la polarización identitaria de los bandos en conflicto.» **

* Emilio La Parra López, «Los inicios del anticlericalismo español contemporáneo (1750-1833)», En Emilio La Parra y Manuel Suárez (eds.), El anticlericalismo español contemporáneo, Madrid 1998, pp. 44-45.

** Javier Fernández Sebastián, «Guerra de palabras. Lengua y política en la revolución de España.» En Pedro Rújula y Jordi Canals (eds.), Guerra de ideas. Política y cultura en la España de la Guerra de la Independencia, Madrid 2011, pp. 266-267.


El monstruo gaditano

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