viernes, 4 de mayo de 2018

Sancho Ramírez, El primitivo Fuero de Jaca

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Escribió José María Lacarra en su clásico Aragón en el pasado (Zaragoza 1960): «Desde comienzo del siglo XI hay una renovación de la actividad comercial por las rutas de Europa, y, en lo que a nosotros afecta, entre la España musulmana y la España cristiana, que estaban smetidas a dos economías complementarias. Mientras la Europa cristiana tiene una economía esencialmente agrícola, con escaso metal amonedado, y éste a base del patrón plata, el mundo islámico ―y con él el bizantino― están más industrializados, con una industria de lujo y para la exportación, y disponen a la vez de grandes reservas auríferas. Tanto los reinos de la España cristiana como la Europa occidental necesitan completar su paupérrima economía con los productos industriales que adquieren en el ámbito musulmán o bizantino. Ruta obligada de este comercio eran los pasos del Pirineo ―por Narbona, Jaca y Pamplona―, todos ellos en manos de los cristianos españoles, y los dos últimos en territorio de Sancho el Mayor. Nada tiene, pues, de extraño que la primera tarifa que regule el intercambio de tales productos se deba a este monarca. Cristianos y moros pasan por las rutas de Pamplona y Jaca especias, tinturas, monedas de oro, tejidos de seda u otras ricas telas, tan apreciadas en los países del Norte, e incluso moros cautivos que sin duda venderían los cristianos de Aragón; del Norte llegan pieles, tejidos franceses o flamencos mucho más baratos, metales y armas, necesarias éstas para los reinos cristianos. Al constituirse Aragón en reino independiente, Ramiro I hereda esta organización aduanera, cuya cobranza se hacía en Jaca y Canfranc (...)

»El paso de mercaderes entre la España musulmana y la Europa cristiana se ve reforzado a fines del siglo XI por otra corriente de viajeros, que también nos llegan de Europa por la ruta de Canfranc-Jaca: son los peregrinos, que en gran número empiezan a acudir a Santiago de Compostela. El arancel de aduanas a que antes hemos hecho alusión ya prevé que al peregrino no se cobre nada por las cosas que lleve por razón de su viaje. Pero si en la ruta de peregrinación se dedica al comercio, sus mercancías serán pesadas a la ida y a la vuelta, pagando las tasas correspondientes por las mercancías vendidas. Las parias musulmanas, los peajes de Jaca, así como los impuestos que se pagaban en su mercado, hubieran constituido un ingreso de excepcional importancia para cualquier Estado de la Europa cristiana, cuanto más para el reino de Aragón, país de paupérrima economía agraria y ganadera, que además tenía que sustraer del trabajo gran número de brazos para emplearlos en las defensas de las fronteras (…)

»En este ambiente se explica la revolución que supuso la creación de la ciudad de Jaca, y la instalación en ella de un grupo de hombres libres, con un estatuto de libertad personal y aun de franqueza, gente que en buena parte se dedican al comercio y a la artesanía y que no están sujetas a la dependencia de otro por razón del suelo que cultivan o de la tierra en que viven. Sancho Ramírez concedió, en efecto, a quienes acudieran a poblar Jaca el que pudieran comprar y vender sus heredades a quienes quisieran, y sin que quedaran gravadas por ningún censo que implicara sujeción a ningún señor; se acortaron los plazos de prescripción para estas adquisiciones y se eximió a sus moradores de algunas limitaciones a su libertad, aneja a su anterior condición villana. Como mercaderes que eran, se castigaba el falseamiento de pesas y medidas, se reducían considerablemente sus obligaciones militares, se suavizaban las penas y se humanizaban los procedimientos judiciales, tomándose medidas para asegurar la inviolabilidad de domicilio.

»No se trataba tanto de aumentar el número de hombres libres como de atraer una masa de pobladores que desarrollasen unas actividades que se estimaban necesarias y que no se practicaban en el reino: eran pequeños comerciantes, artesanos, cambiadores de moneda u hospederos de mercaderes y peregrinos. Los había judíos y sarracenos, pero la masa de los recién llegados procedían del sur de Francia, probablemente de la zona de Toulouse y de Gascuña (…) De esta forma surgirá en Jaca una sociedad nueva, sobre nuevas bases jurídicas; en suma, un derecho urbano de hombres libres.»


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