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Rajani Palme Dutt (1896-1974) fue un importante dirigente del Partido Comunista de Gran Bretaña, que formó parte de su Comité ejecutivo desde 1923 hasta 1965, y durante varios años se ocupó de distintas responsabilidades en la Comintern. Entre 1939 y 1941 fue nombrado secretario general del Partido en sustitución de Harry Pollit, que lo venía siendo desde 1929, y que recuperaría el cargo en 1941, conservándolo hasta 1956. Dutt ocupó la secretaría general en la etapa más delicada del Partido, cuando obedeciendo las directrices de Moscú hubo de rechazar la resistencia británica contra Alemania. Fue también uno de los principales teóricos del partido, con una abundante producción escrita. Fundó y dirigió la revista Labour Monthly, y fue editor del semanario Workers’ Weekly, antecesor del conocido The Daily Worker, periódico oficial del Partido. Junto a sus numerosos folletos propagandísticos, escribió libros tan influyentes como Fascism and social revolution (1935), India Today (1940, muy ampliados en sucesivas reediciones), y The crisis of Britain and the British Empire (1952).
Dutt fue, por tanto, un destacado estalinista, fiel cumplidor de la línea general establecida por Moscú, para cuya aplicación se empleó a fondo en sus cargos orgánicos y con sus dotes publicistas. Ha de tenerse en cuenta que durante esa época los Partidos Comunistas ortodoxos fueron en la prácticas meras secciones del Partido Comunista de la Unión Soviética. Y esto fue especialmente evidente durante la década de los treinta, desde la Gran Depresión hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando los cambios de rumbo del Partido se hicieron constantes. Incluimos en esta entrega de Clásicos de Historia una selección de artículos, folletos y un pasaje de uno de sus libros, publicados todos ellos en los años treinta que muestran perfectamente la agudeza con que justifican estos pronunciados meandros políticos.
La Gran Depresión se percibió por parte del comunismo como la crisis definitiva del capitalismo, que iba cambiando su ropaje democrático parlamentario por el del fascismo, sin alterar su esencia explotadora. En el folleto de 1931 ¿Capitalismo o socialismo en Gran Bretaña? Dutt se enfrenta y condena a los «muchos aspirantes a reformadores del capitalismo, incluidos los propagandistas del Partido Laborista y el Partido Laborista Independiente.» El laborismo está en el gobierno desde hace dos años, «y la desilusión no se ha hecho esperar. La situación de los trabajadores ha empeorado; no hay señales de avance hacia el socialismo; el gobierno laborista ha actuado como representante del capitalismo en contra de los trabajadores.» Y es que «el reformismo en el período de extrema decadencia capitalista se convierte inevitablemente en social-fascismo.» Por ello, «es necesario romper con el Partido Laborista, sí. Esta es la condición para avanzar; pues el Partido Laborista se ha convertido en el principal instrumento del capitalismo para la esclavitud de los trabajadores y en el principal obstáculo para la revolución socialista.»
En 1933, con la subida de Hitler al poder, el Partido Comunista propone la creación de un Frente Obrero junto con el Partido Laborista y las organizaciones sindicales, naturalmente aplicando las políticas revolucionarios que los comunistas propugnan. Ante el rechazo laborista y sindical, Dutt en su Democracia y fascismo, señala cómo aquellos «a los trabajadores que sufren el látigo del ataque capitalista, la violencia capitalista y la destrucción capitalista de las formas democráticas, solo les ofrecen un sermón de principios abstractos sobre las bellezas de la democracia y los métodos pacíficos… Así, el Partido Laborista rechaza el frente unido de la clase trabajadora contra el fascismo, pero se une al frente unido con el capitalismo (y con el fascismo) contra el comunismo.» Y concluye: «El Partido Laborista británico ya está contribuyendo al desarrollo del Estado capitalista británico hacia el fascismo. Llegado el momento, se adaptará al fascismo, tal como lo hizo la socialdemocracia alemana.»
Dos años después, Dutt publica un pormenorizado volumen en este sentido; Fascim and social revolution. A Study of the Economics and Politics of the Extreme Stages of Capitalism in Decay. En un apéndice final, Fascismo y Anti-Fascismo, junio 1934-marzo 1935, explica los éxitos que ha cosechado la política del Frente Unido contra el capitalismo, ya sea parlamentario o fascista, en aras de la revolución social. Y como mejor ejemplo, la Revolución de Asturias. Y sin embargo, «el Partido Laborista británico y algunos otros partidos socialdemócratas, especialmente los escandinavos, los neerlandeses, los belgas, los suizos y los checoslovacos, se opusieron activamente al Frente Unido e incluso desarrollaron medidas disciplinarias ampliadas para impedir su realización.» Y la explicación de esta actitud es patente: «no se excluye la posibilidad de que el fascismo en dificultades pueda recurrir a la colaboración de una sección de la dirigencia socialdemócrata y sindical antigua, como lo hicieron Primo de Rivera en España, Pilsudski en Polonia, el fascismo búlgaro, etc.»
Pero unos pocos meses después, Stalin decide una nueva estrategia totalmente opuesta: es necesario ponerse de acuerdo no sólo con los motejados hasta entonces como social-fascistas, sino incluso con las fuerzas burguesas de izquierda; son los Frentes Populares. La revolución social se deja ad calendas graecas, y, sorprendentemente, lo importantes ahora es salvar la hasta ahora denigrada democracia parlamentaria y capitalista. A Dutt, en El Frente Popular, no le supondrá ningún problema defender la nueva política: «Tal concentración de fuerzas es esencial si queremos ganar la batalla presente por la paz y contra la reacción.» Naturalmente, se elude cualquier reconocimiento del viraje trascendental que supone, ya que podría interpretarse como signo de debilidad. Simplemente deja de identificarse a liberales y socialistas con el fascismo. Eso sí, se recalca que el Frente Popular no es una mera coalición electoral, «sino la acción unida de las masas en la lucha.»
Al año siguiente, en Gran Bretaña y España, Dutt se congratula del éxito que supone para el Partido Comunista el estallido de la guerra civil española, y cita el primer manifiesto de la Internacional Comunista (1919): «La guerra civil se impone a las clases trabajadoras por sus archienemigos. La clase trabajadora debe responder golpe por golpe, si no quiere renunciar a su propio objetivo y a su propio futuro, que a la vez es el futuro de toda la humanidad. Los Partidos Comunistas, lejos de conjurar la guerra civil...» Naturalmente, «esto no es una guerra entre dos sectores del pueblo español. Es una guerra de las fuerzas mundiales de la reacción y el fascismo contra el pueblo español y su gobierno electo.» El comunismo británico se considera beligerante, y promoverá la participación por medio de las Brigadas Internacionales. Pero el gran objetivo en el artículo consiste en combatir el Pacto de No Intervención, por el que se rechaza suministrar armamento a los contendientes. Y para ello Dutt se reviste de un novedoso y paradójico respeto a las burguesas legalidades democrática e internacional.
Pero en 1938, en Después de Munich, con el acuerdo de Chamberlain y Daladier con Hitler y Mussolini, Dutt deja vislumbrar un nuevo cambio. Ahora, cuando la nueva guerra se da por segura, el viejo Frente Unido contra el capitalismo, que se sustituyó por el Frente Popular contra el fascismo, vuelve a transformarse, ahora en un Frente por la Paz: «Están en juego la existencia y el futuro de la democracia en Francia, en Gran Bretaña y en Europa, así como la paz mundial.»
En agosto de 1939 culmina el viraje y se hace necesario defender una nueva política. La URSS de Stalin y la Alemania de Hitler han llegado a un acuerdo, en parte secreto, para repartirse los países situados entre ambas potencias. Ha estallado la guerra, y la Unión Soviética atacará sucesivamente a Polonia, los países bálticos y Finlandia, eso sí, en nombre de la Paz. El 1 de noviembre de ese año, cuando Gran Bretaña y Francia han declarado la guerra únicamente a Alemania por el ataque a Polonia, Dutt publica ¿Por qué esta guerra? y deja claro que los comunistas rechazan la guerra contra la Alemania nazi: «Esta guerra no es una guerra por la democracia contra el fascismo. No es una guerra por las libertades de las naciones pequeñas. No es una guerra para defender la paz contra la agresión.»
La verdadera causa de la declaración de la guerra a Alemania por parte del gobierno británico, es que ¡Alemania ha dejado de ser antisoviética! Por eso Chamberlain quiere «imponer en Alemania una nueva forma de gobierno que, si bien mantendrá al pueblo alemán sometido, obedecerá a los financieros británicos y franceses y llevará a cabo sus objetivos antisoviéticos.» Es más, «Polonia ha sido sacrificada deliberadamente por los estadistas británicos y franceses para proporcionar la ocasión para su guerra de saqueo.» Sólo la URSS ha ayudado al pueblo polaco, y por eso «la liberación de los pueblos de Ucrania Occidental y Rusia Blanca Occidental será recibida con beneplácito por todo demócrata y socialista. En lugar de los antiguos pogromos, la opresión nacional y la servidumbre a los terratenientes, los campesinos conquistan el poder, se adueñan de la tierra y se integran al legado de la prosperidad y la cultura socialistas. Esta transformación tendrá, inevitablemente, repercusiones de gran alcance en sus vecinos, incluyendo al pueblo de Polonia Occidental, que pasó de estar bajo el yugo de sus antiguos opresores fascistas a caer bajo el dominio del invasor nazi, pero cuya liberación llegará con el colapso del régimen nazi.»
En conclusión: «La continuación de esta guerra no beneficia ni al pueblo llano de este país ni a ninguno de los países en guerra. Esto solo beneficia a un puñado de tiburones y buitres que obtienen millones de ganancias a costa de las necesidades del pueblo y del derroche de dinero público destinado a la financiación de la guerra. Sólo beneficia a la minoría gobernante que desea destruir la democracia e instaurar el fascismo en Gran Bretaña.» Y por ello, «el Gobierno debe verse obligado a firmar la paz. Exigimos un armisticio inmediato y la convocatoria de una conferencia de paz.»
El gobierno británico dejará de ser fascista, y la Paz dejará de ser urgente y necesaria a cualquier precio, no durante la Batalla de Inglaterra, sino con la Operación Barbarroja, cuando Alemania ataque a la Unión Soviética. En el artículo del 8 de julio de 1941 Gran Bretaña y la Unión Soviética Dutt expone: «El conflicto presente abre a escala mundial la línea básica de división entre fascistas y los amigos reaccionarios del fascismo por un lado, y por el otro, las fuerzas de la libertad alineadas con la Unión Soviética... en esta nueva situación se ha anunciado un acuerdo temporal por parte del gobierno británico para la colaboración con la Unión Soviética.» Y luego: «La declaración de colaboración entre Gran Bretaña y la Unión Soviética abren el camino a una colaboración real y efectiva entre ambos pueblos para la derrota del fascismo. Pero no hay lugar para delirios. Las fuerzas reaccionarias profascistas y antisoviéticas en Gran Bretaña continúan poderosas y activas. Para el momento se cuidan de ocultar sus rostros y se expresa mucho sentimiento a favor de una estrecha asociación.» De ello se deduce que hasta ahora, han sido las fuerzas reaccionarias profascistas y antisoviéticas británicas las que han estado luchando contra Hitler…
Concluimos con dos necrológicas que se publicaron tras el fallecimiento de Dutt en 1974. Una de ellas es del secretario general de Partido Comunista John Gollan (1911-1977), que había sucedido a Harry Pollitt en el cargo en el año 1956. La otra es de Jim Higgins (1930-2002), que abandonó el Partido Comunista en 1956 en protesta por la invasión soviética de Hungría, y desde entonces militó en partidos comunistas independientes de carácter revolucionario.
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| Manifestantes comunistas en Londres (1936) |


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