viernes, 30 de septiembre de 2016

Nicolás de Condorcet, Compendio de La Riqueza de las Naciones de Adam Smith

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La riqueza de las naciones (realmente, Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones) del escocés Adam Smith y publicada en 1776, gozó de una rápida difusión, tanto en las Islas Británicas (cinco ediciones en vida de su autor, † 1790), como en el continente, con traducciones inmediatas al alemán (1776), francés (1778), danés (1779), español (también temprana, pero sólo se publicará en 1794).

Entre los numerosos ilustrados interesados por la obra se encuentra Marie-Jean-Antoine-Nicolas de Caritat, marqués de Condorcet (1743-1794). En 1790 emprenderá junto con Peysonnel y Le Chapelier, la edición de una monumental Biblioteca del hombre público, o Análisis razonado de las principales obras francesas y extranjeras sobre la política en general, la legislación, las finanzas, la prevención, la agricultura y el comercio en particular, y sobre el derecho natural y público. Allí se contienen Aristóteles, Bodin, Maquiavelo, Hume, Locke, Montesquieu, Voltaire... Es en el tercer tomo de su primer año (pp. 108-216) donde incluye el resumen de los tres primeros libros de la obra de Adam Smith, que concluye con los dos últimos en el tomo IV (pp 3-115). Para la redacción de este epítome Condorcet contó con seguridad con la ayuda de su esposa Sophie de Grouchy, con la que se había casado en 1786. Ésta, más joven que su marido, logrará sobrevivir al Terror, y publicará más adelante la traducción de otra de las principales obras de Adam Smith, la Teoría de los sentimientos morales.

Condorcet inicia su compendio así: «Esta obra es una de las que más honran a la Gran Bretaña. Resulta muy difícil, por no decir que imposible, de analizar; porque ¿cómo abreviar aquello que exige grandes desarrollos? ¿Cómo reducir más aquello que el genio creador ya ha reducido a sus más justas proporciones? Intentar el análisis de un escrito de tanta substancia, estamos lejos de pretender que dispense a nuestros lectores de la lectura la propia obra; al contrario, deseamos que ésta les inspire el deseo de conocerla y meditarla.»

El Compendio de Condorcet será rápidamente traducido al español, tal como nos detalla Pedro Schwartz: «Carlos Martínez de Irujo, marqués de Casa Irujo (1763-1824) fue un diplomático español nacido en Washington que disfrutó de la protección de Godoy, el favorito del primer ministro del rey Carlos IV. En 1792 (…) preparó para su publicación el siguiente libro: Compendio de la obra inglesa intitulada Riqueza de las Naciones, hecho por el marqués de Condorcet, y traducido al castellano con varias adiciones del original, (por) don Carlos Martínez de Irujo, Oficial de la primera Secretaría de Estado. Por Orden superior. Madrid: en la Imprenta Real. MDCCXCII. Era una traducción del compendio escrito por Condorcet para la Bibliothèque de l'homme publique. Godoy se jacta, en el exilio de sus últimos años, de haber sido un protector ilustrado de las artes y las ciencias cuando disfrutaba del favor del rey Carlos IV (…) y de la reina María Luisa. Independientemente de lo que opinemos sobre la veracidad de sus memorias, no parece que pueda dudarse de que fue él el que hizo posible las traducciones de Casa Irujo y de Alonso Ortiz (…)

»Debe subrayarse que en toda la traducción del resumen de Condorcet, Irujo nunca cita el nombre de Adam Smith. No ocultó el hecho de que la obra resumida se llamaba La riqueza de las naciones, ni tampoco el nombre del marqués de Condorcet. Pero siempre que Condorcet escribe Smith, y lo hace en muchas ocasiones, el español escribe el autor. En su prefacio, Irujo encapsuló el espíritu con el que Condercet leyó la obra de Smith. La Riqueza de las Naciones era una obra para príncipes y legisladores, como si fuera un compendio de prescripciones para la mejor administración de la economía pública. “La economía política es la brújula que puede dirigir quien tenga en su mano las riendas del gobierno para el desempeño de tan grande empresa… de la felicidad pública”, afirma Irujo. La filosofía económica individualista destaca por su total ausencia (…)

»Además de ocultar el nombre de Smith, Irujo sólo introdujo tres importantes cambios en su traducción. El primero fue señalado por el doctor Ernest Lluch. Irujo tradujo directamente de la obra original inglesa de Smith la disgresión acerca del Banco de Amsterdam, que Condorcet había eliminado. Irujo pudo pensar que esta digresión interesaría al lector español, ya que el Banco de San Carlos, predecesor del Banco de España, se había fundado en 1782. El segundo cambio consiste en la omisión de varios comentarios de Condorcet sobre los clérigos católicos. Finalmente, el tercer cambio supone la adición al resumen de Condorcet sobre los argumentos a favor del libre comercio de Smith (…) Irujo añade: “Esta reflexión puede ser exacta en un país ilustrado, en que los particulares por lo general conozcan el uso más ventajoso que pueden hacer de su dinero; pero hay otros en que los capitalistas necesitan que el Gobierno los lleve, por decirlo así, de la mano para que den movimiento sus fondos, y los empleen con utilidad.” Este tipo de comentario puede considerarse representativo de muchos intelectuales españoles que analizaron La Riqueza de las Naciones.»

(Pedro Schwartz: “The Wealth of Nations censored. Early translations in Spain”. En Contributions to the History of Economic Thought. Essays in honour of R.D.C. Black. London 2000. Los párrafos citados, en pp. 122-124; retraducción propia: naturalmente, el profesor Schwartz publica este estudio en español, pero es la obra inglesa la que me ha sido accesible por internet.)


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