![]() |
| Andrea del Sarto, Retrato de un hombre |
PDF, EPUB Y MOBI EN INTERNET ARCHIVE
En los números del 8 y el 15 de marzo de 1875 de La Ilustración Española y Americana un joven Marcelino Menéndez Pelayo que aún no había cumplido los veinte años publicó Páginas de un libro inédito. Pérez de Oliva (el maestro Fernán). Con él había participado, un año antes, en un concurso convocado por esa prestigiosa revista. Posteriormente lo reprodujo, con modificaciones, en sus Estudios de Crítica Histórica y Literaria, y más tarde en la Biblioteca de Traductores. Entresacamos algunos párrafos de este interesante artículo.
«El Maestro Fernán Pérez de Oliva, vástago de una de las más nobles familias cordobesas, nació en la ciudad de los Abderrahmanes, por los años de 1494. Su padre, escritor docto, autor de una obra titulada Imagen del Mundo, procuró darle esmerada educación literaria.» Pérez de Oliva asistió a los centros más prestigiosos de su época: Salamanca, Alcalá, París y Roma. Y, como buen humanista, se interesó no sólo por estudios librescos y antigüedades, «sino —como dice él mismo— a considerar las costumbres, y las industrias, y las disciplinas. Y si sé hacer relación de todo esto, bien lo saben los que conmigo comunican. Mar, tierra, y cortes, y estudios y muy diversos estados he conocido, y mezcládome con ellos.»
Eso explica sus múltiples intereses y la pluralidad de sus saberes: «Unos dicen que soy Gramático, otros que soy Retórico, y otros que soy Geómetra, y otros que soy Astrólogo; y uno dijo en un conciliábulo, que me había hallado otra tacha más, que sabía Arquitectura.» En resumidas cuentas, un auténtico renacentista que, aunque buen latinista, prefiere el uso del castellano en sus obras, y busca dotar a la lengua popular de las excelencias de las clásicas. Menéndez Pelayo considera que a Pérez de Oliva (junto con Juan de Valdés) «debió la prosa castellana sus mayores acrecentamientos en el reinado de Carlos V. Hízola... majestuosa, grave y sonora; enseñóla a tratar altísimas materias filosóficas; imitó no desgraciadamente los diálogos de Platón y los de Tulio, y dio a conocer entre nosotros las obras maestras del teatro griego y latino.»
Vuelto a España hacia 1523 se establecerá en Salamanca, donde su carrera presentará luces y sombras. Si bien es nombrado rector, no obtendrá la importante cátedra de Filosofía Moral a la que aspira. Pero su prestigio es grande, y se le propondrá como preceptor del príncipe, el futuro Felipe II. Sin embargo morirá tempranamente en 1531, antes de cumplir los cuarenta años de edad. En vida publicó poco, y la mayoría de sus obras quedaron inéditas. Su parcial recuperación comenzó con Francisco Cervantes de Salazar, que en 1546 incluyó el Diálogo de la dignidad del hombre en un volumen recopilatorio de diversos autores. Eso sí, considerando truncado el diálogo, lo prolongó largamente (páginas eliminadas en las ediciones posteriores).
Pero el gran recuperador de nuestro autor fue su sobrino, el gran historiador Ambrosio de Morales. En 1586 publicó una considerable recopilación de las obras de su tío, acompañadas de sus comentarios, y algunas de sus propias obras, como su interesante Discurso sobre la lengua castellana. La impresión se inició en Salamanca, pero concluyó en Córdoba. Parece que se tiraron mil quinientos ejemplares, que aseguraron el recuerdo de nuestro autor.
Menéndez Pelayo subraya que Pérez de Oliva, a pesar de ocuparse en algunas de sus escritos «de altas materias filosóficas, compúsolos nuestro autor en lengua castellana, contra la general costumbre de su tiempo. Sobre este punto son dignas de recordación las palabras de Morales en el discurso tantas veces citado: “Con toda aquella gravedad, con toda aquella insigne autoridad y con toda aquella excelente grandeza de su ingenio y de todo su ser, y con todo el menosprecio en que veía ser tenida nuestra lengua castellana, nunca dejó de preciarla, nunca dejó de escribir, y nunca perdió la esperanza de ensalzarla tanto con su bien decir, que creciese en estima y reputación.” ¡Gloria, pues, al maestro Oliva, que, en medio de la gárrula turba escolástica, que infestaba nuestras Universidades, atrevióse a tratar en romance las más altas cuestiones filosóficas!»
El profesor Pedro Ruiz Pérez, en la biografía que le consagra en Historia Hispánica, se refiere así al Diálogo de la dignidad del hombre: «En el texto, articulado en dos extensos parlamentos, entre el debate medieval y el diálogo ciceroniano revitalizado por el humanismo, expone Oliva una síntesis de las concepciones antropológicas enfrentadas desde la antigüedad, la de la miseria hominis, que sitúa al ser humano en el último escalón de la cadena del ser, como el más imperfecto de la Creación, y, frente a ella, la de la dignitas hominis, actualizada unas décadas antes por Pico de la Mirándola para presentar al hombre como plenitud de todas las bondades de la naturaleza, a lo que se suma, desde una perspectiva cristiana, la semejanza con Dios y el milagro de la Redención.»
Junto con ésta —su obra mayor—, incluimos en esta entrega de Clásicos de Historia el Razonamiento en el Ayuntamiento de la Ciudad de Córdoba sobre la navegación del río Guadalquivir, el Razonamiento que hizo en Salamanca el día de la lección de oposición de la cátedra de filosofía moral, un curioso Diálogo en latín y en castellano, interpretable desde las dos lenguas (la más antigua de sus obras, realizada durante su estancia en París), y las inscripciones latinas para las aulas de la Universidad de Salamanca. Ambrosio de Morales incluyó todas las anteriores, junto con otras, filosóficas y dramáticas, en la edición de las obras de su tío, y las comentó brevemente (comentarios que incluimos en esta obra). Por último, agregamos dos obras referentes a las Indias, cuyos manuscritos se creían perdidos, y que fueron localizadas y publicadas el pasado siglo.
![]() |
| Universidad de Salamanca |

