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| Bagaría, quemado. |
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Continuamos la tarea que emprendimos en la anterior entrega de Clásicos de Historia, de revisitar la dictadura del general Primo de Rivera, con la que se inicia el medio siglo autoritario de la historia de España. Escribe Eduardo González Calleja en su La España de Primo de Rivera. La modernización autoritaria (Madrid 2005):
«Uno de los derechos sometidos a más estrecha fiscalización fue la libertad de expresión. Al socaire de la suspensión de garantías, el 15 de septiembre (de 1923) se implantó en todo el país una estricta censura de prensa, en la que quedaba prohibida casi cualquier crítica al gobierno, sus hombres o sus instituciones; la alusión a toda medida persecutoria desencadenada por la Dictadura contra sus presuntos enemigos; la apología de cualquier tendencia regionalista; la noticia de la declaración de huelgas y de su desarrollo, de alteraciones del orden público, atracos crímenes, escándalos, pornografía o chantajes; el comentario de los problemas de subsistencias, combustibles o comunicaciones; la información detallada de los consejos de guerra o de temas militares referentes a Marruecos o Tánger (…) La parte gráfica de los periódicos quedó rigurosamente vigilada —los chistes sobre anodinos motivos florales de almohadón elaborados por Luis Bagaría en El Sol dan buena fe de ello—, y se podían llegar a censurar palabras del rey o de Primo.»
Luis Bagaría (1882-1940) fue uno de los grandes humoristas gráficos de la primera mitad del siglo XX. Desde 1915, con sus colaboraciones en la revista España, y dos años después en El Sol, en el que desarrollará casi toda su carrera, adquiere una popularidad enorme que mantendrá a lo largo de su vida. Su enorme facilidad para caricaturizar a los políticos y personajes diversos, su estilo aparentemente ingenuo, su humorismo y su imaginación desbordada, transforman poderosamente el género, ya antiguo, de la sátira gráfica, y será imitado o seguido por buena parte de los dibujantes posteriores. Por otro lado, republicano de izquierdas y socialista desde tiempo atrás, y siendo Pi i Margall y Pablo Iglesias sus referentes políticos más admirados, resultaba previsible su reacción ante el golpe de estado de Primo de Rivera. Y sin embargo…
Sin embargo, recibe ilusionado el pronunciamiento, ya que la inquina más acendrada la reserva para los políticos del régimen de la Restauración: conservadores como Maura y liberales como Romanones, pero también aquellos que desde fuera han colaborado con aquellos; catalanistas de derechas como Cambó, reformistas como Melquíades Álvarez, incluso republicanos que se han moderado con el paso del tiempo, como Lerroux. Como dice en su dibujo del 14 de septiembre, «la mueva quien la mueva, me parece bien; que el agua empantanada es infecciosa», mientras los políticos anteriores, transformados en ranas, escapan de la charca alborotada. Bagaría parece reconocer en Primo el cirujano de hierro que va a sanear España y a eliminar el caciquismo.
Pero pronto se producirá el desencanto a causa de la censura, a la que denunciará cada vez más con sus consabidos dibujos para bordados y sus múltiples chistes sobre los propios censores (que pasan a ser uno de sus principales recursos). Bagaría apuntó con sus «monos» a múltiples aspectos de la sociedad y el régimen de su tiempo: la Unión Patriótica como un nuevo avatar de los viejos partidos, el militarismo, la monarquía, el catolicismo, la desmovilización general popular, interesada sólo en el fútbol y los toros… Y sin embargo, un sector político patentemente colaboracionista con la dictadura quedó a salvo de sus sátiras, y nunca se refirió a ellos: los socialistas del PSOE y la UGT.
La censura previa eliminó innumerables dibujos de Bagaría, y se hizo frecuente en la portada de El Sol el aviso siguiente: «Nos es imposible publicar hoy la acostumbrada caricatura de Bagaría.» Pero a pesar de todo, lo más sorprendente es lo mucho que le permitió publicar. Y no eran críticas someras, sino que lograban ridiculizar profundamente al propio dictador y a su régimen. A pesar de sus repetidas y divertidas quejas, Bagaría fue también tratado benévolamente (hasta cierto punto) por la Dictadura.
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| El Sol, 26 de septiembre de 1923 |


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