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lunes, 8 de marzo de 2021

Los juicios por la sublevación de Jaca en el diario “Ahora”

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Tras la anticipada y fracasada sublevación de Jaca, en diciembre de 1930, sobre la que reprodujimos en su día las crónicas publicadas por el diario conservador ABC, los intentos de recuperación de la normalidad constitucional se deslizaron velozmente hacia la caída de la monarquía. El desistimiento de las izquierdas y derechas liberales, simbolizadas por Santiago Alba y Rafael Sánchez Guerra, tras la caída del gobierno Berenguer, supuso el reforzamiento definitivo de los elementos republicanos y socialistas, un buen número de ellos encarcelados a la espera del enjuiciamiento de sus responsabilidades por la sublevación. Uno de estos políticos, que se harán con el poder el 14 de abril, fue Miguel Maura, que escribe lo siguiente en su Así cayó Alfonso XIII:

«Habían sido juzgados y ejecutados los dos jefes más directos de la sublevación de Jaca, pero quedaba aún por verse la causa contra otros elementos militares que habían tomado parte en ella. Uno de los encartados, el capitán Sediles, estaba muy comprometido en el alzamiento, y el fiscal pedía la pena de muerte para él. El día 13 [de marzo] se celebró el consejo de guerra. Y, en efecto, se condenó a Sediles a la última pena, a otro capitán a reclusión perpetua, y a penas menores a dos oficiales y a un sargento. Así que fue conocido el fallo, los estudiantes y las organizaciones obreras pusieron el grito en el cielo exigiendo el indulto. No necesitaron esforzarse. Con antelación al propio consejo de guerra, el Gobierno ya había deliberado sobre el caso y acordado, por anticipado, que serían indultados los encausados sobre los que recayese la pena de muerte. Sin más trámites y sin conocer siquiera la sentencia aún inedita. Claro es que este apresuramiento contribuyó no poco a inspirar alientos y confianza a los revoltosos de aquellas jornadas.»

Y más adelante: «En ese ambiente francamente revolucionario y, además, de rebeldía general y de relajo máximo de la autoridad, fue señalado el día 20 para la celebración del consejo de guerra que había de juzgar al Comité encarcelado desde diciembre. El hecho de figurar entre los encartados don Francisco Largo Caballero, consejero de Estado, atribuía la jurisdiccional Consejo Supremo de Guerra y Marina. Presidía este alto tribunal el general Burguete, hombre de ideas avanzadas, muy aficionado a mostrar sus opiniones a través de diarios y revistas, e incluso de libros, y enemigo declarado, desde los tiempos de África, del general Berenguer, a la sazón ministro de la Guerra. Un hijo del general Burguete, Ricardo, había colaborado en la rebelión de diciembre, y su nombre figuraba, innumerables veces, en el sumario. Y ello era conocido al detalle por nosotros. No teníamos, pues, sino dejar hacer al Presidente del Tribunal y ayudar, si era necesario, con nuestra pasividad o nuestra protesta, para que el consejo de guerra fuese, como deseábamos, un gran espectáculo revolucionario.»

sábado, 12 de diciembre de 2015

Las sublevaciones de Jaca y Cuatro Vientos, en el diario ABC


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Hoy se cumplen ochenta y cinco años de la sublevación militar de Jaca (como parte de una compleja conspiración antimonárquica), a la que siguieron la de Cuatro Vientos en Madrid y una huelga general seguida muy desigualmente, pero que provocó alborotos e incidentes varios en muchos puntos de la geografía española. El intento de establecer violentamente la República dejó desde su arranque un número significativo de víctimas, a las que debemos sumar la de dos de sus protagonistas, los capitanes Galán y García Hernández, sentenciados a pena de muerte en Consejo de guerra sumarísimo. Cuando apenas cuatro meses después de estos acontecimientos se proclame de forma sorpresiva la República, serán considerados los mártires que propiciaron con su fracaso el triunfo posterior. Pero algunos de los dirigentes del movimiento fallido manifestarán más tarde una opinión más crítica:

«Lo ocurrido en Jaca fue un lamentable error, la locura de un exaltado, que redimió su grave culpa dejándose matar en vez de escapar , lo que le valió entrar en la Historia por la puerta roja de los mártires, cuando en realidad sólo censuras merecía por su insubordinación, por su ligereza y por la ausencia total de capacidad en el mando de la acción revolucionaria (…) Cuanta menos sangre costase la operación, mayores serían las probabilidades de arrastrar a la guarnición de la capital de provincia. Corrió la sangre en Jaca sin la menor necesidad desde los primeros momentos. Se perdieron horas y horas en el trayecto, sin justificación posible, y se dio lugar a que desde Zaragoza llegasen cuantos refuerzos fueron precisos para yugular el alzamiento. Ni política, ni estratégica, ni militarmente, tiene la menor justificación la aventura de Fermín Galán.» (Miguel Maura, Así cayó Alfonso XIII.)

Presentamos la narración de los hechos tal como los fueron recibiendo los lectores del diario ABC, ya revestido de su carácter monárquico y defensor del orden, aunque todavía promotor del respeto a la legalidad constitucional de la Restauración. Sin embargo, quizás pueda advertirse una cierta deriva ya iniciada hacia la defensa de soluciones cada vez más autoritarias, que culminará durante la Segunda República. Así, la información se presenta, se selecciona y se compone de un modo patente: se subrayan los excesos de los revolucionarios, casi siempre caracterizados como comunistas; se insiste en el escaso seguimiento de la población ante los llamamientos revolucionarios; se repiten de forma un tanto agotadora las abundantísimas adhesiones al rey y a su gobierno; se recalca la recuperación del orden y el fin de la huelga en un sinfín de localidades (lo que no se compadece con la repetición día tras día de estos mensajes tranquilizadores, aplicados a los mismos lugares…) Por otra parte, en cambio, se mencionan poco, y casi se ningunean, a los dirigentes liberales, republicanos y socialistas del movimiento, encarcelados o huidos, y a aquellos otros políticos que rechazando la intentona, defienden la urgencia de la convocatoria de unas elecciones constituyentes por considerar la persona del rey como definitivamente quemada por su colaboración con la dictadura.

Bando del capitán Galán en Jaca.