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viernes, 18 de noviembre de 2016

Francis Bacon, La Nueva Atlántida

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Francis Bacon (1561-1626), jurista, filósofo y científico, ocupará los primeros puestos de la política inglesa durante el reinado de Jacobo I: miembro del parlamento desde varios años antes, sucesivamente será nombrado lord guardasellos, gran canciller, barón de Verulam y vizconde de San Albán. Pero el final de su carrera política será repentino: en 1621 es destituido, juzgado y condenado a prisión perpetua por venalidad y uso indebido del sello real. Sin embargo, la protección de Buckingham, el privado del rey, le proporcionará un retiro dorado que podrá dedicar a sus trabajos científicos, por los que siente gran afición. En resumidas cuentas, Bacon, con sus múltiples intereses, es en buena medida todavía un personaje plenamente renacentista, como sus contemporáneos Cervantes y Shakespeare.

Con su Novum Organum, Bacon suele ser considerado uno de los primeros filósofos modernos por su introducción del empirismo y del método inductivo, una generación antes de que Descartes culmine el proceso de ruptura definitiva con la vieja escolástica. Guillermo Fraile, sin embargo, en el tomo III de su clásica Historia de la Filosofía sostiene que «Quizá más interesante que el Novum Organum es la New Atlantis (Londres 1627), breve obra incompleta, especie de utopía de la ciencia futura. En ella describe Bacon una ciudad ideal cuyos habitantes se dedican a estudiar y dominar las fuerzas ocultas de la naturaleza, para “extender los confines del imperio humano a todo lo posible”. Bacon tiene el mérito, aunque no la originalidad, de haber proclamado insistentemente la necesidad del método experimental en las ciencias de la naturaleza.» Sin embargo, añade el mismo autor, «parece ignorar los descubrimientos realizados en su mismo tiempo. No sin motivo Goethe lo comparó a un “Hércules, que limpia un establo de estiércol dialéctico para volver a llenarlo con estiércol de experimentos.” Ignoró las matemáticas: más que un práctico de la investigación fue un teorizante del método experimental.»

Y aunque sus obras fueron estimadas y ensalzadas por autores posterior tan eminentes como Boyle, Newton, Hobbes, Leibniz y los enciclopedistas del XVIII, este hecho no escapó posiblemente a la consideración de algunos perspicaces autores. El malicioso Jonathan Swift (de quien ya hemos comunicado su Una modesta proposición), parece tener en mente la Casa de Salomón de La Nueva Atlántida, cuando hace que su famoso Gulliver visite la hilarante Academia de Lagado, capital de Balnibarbi, auténtico paraíso de los experimentalistas más frenéticos. La persona que le gestionará la atenta visita a su numeroso elenco de profesores, tanto de estudios prácticos como especulativos, es el señor Munodi, «persona de alto rango, que había sido varios años gobernador de Lagado; pero por maquinaciones de ministros fue destituido como incapaz. Sin embargo, el rey le trataba con gran cariño, teniéndole por hombre de buena intención, aunque de entendimiento menos que escaso.»

lunes, 30 de noviembre de 2015

Jonathan Swift, Una modesta proposición.

Jonathan Swift, por Charles Jervas

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Escribe Santi Pérez Isasi, en http://unlibroaldia.blogspot.com/2013/03/jonathan-swift-una-modesta-proposicion.html: «Jonathan Swift (sí, el de Los Viajes de Gulliver) publicó en 1729, anónimamente, Una modesta proposición para prevenir que los niños de los niños de Irlanda sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público, más conocida simplemente como Una modesta proposición, y desde entonces está considerada como una de las mejores muestras de sátira moderna.

»En ella, siguiendo los modelos de la sátira clásica como Juvenal o Tertuliano, Swift presenta la difícil situación de las familias irlandesas, y la triste visión de las madres con “tres, cuatro o seis niños, todos en harapos e importunando a cada viajero por una limosna”. Ante esta lamentable situación, Swift propone una original y productiva situación: seleccionar cada año a 100.000 de esos niños mendigos de un año de edad, y utilizarlos como carne para la alimentación de los ricos y los terratenientes. “Un niño llenará dos fuentes en una comida para los amigos; y cuando la familia cene sola, el cuarto delantero o trasero constituirá un plato razonable, y sazonado con un poco de pimienta o de sal después de hervirlo resultará muy bueno hasta el cuarto día, especialmente en invierno.”

»La propuesta es obviamente satírica, pero está presentada con total seriedad, ofreciendo demostraciones de las ventajas económicas que esta medida supondría tanto para los irlandeses como para los ingleses. La ironía, por supuesto, no está exenta de crítica, con un nivel de acidez que hoy resultaría políticamente incorrecta. Por ejemplo, refiriéndose a los terratenientes ingleses, dice Swift: “Concedo que este manjar resultará algo costoso, y será por lo tanto muy apropiado para terratenientes, quienes, como ya han devorado a la mayoría de los padres, parecen acreditar los mejores derechos sobre los hijos.” Y más adelante, en relación con la división religiosa de la isla: “en consecuencia, contando un año después de Cuaresma, los mercados estarán más abarrotados que de costumbre, porque el número de niños papistas es por lo menos de tres a uno en este reino: y entonces esto traerá otra ventaja colateral, al disminuir el número de papistas entre nosotros.”

»Una modesta proposición no pasa de ser un breve panfleto político-literario, pero tiene además la virtud de mostrar de manera oblicua la terrible situación de los campesinos irlandeses y la acción u omisión culpable de los terratenientes ingleses. Leyéndolo es imposible no reírse ante lo absurdo de la propuesta, pero también es imposible no sentir la punzada de la terrible realidad que refleja. En la línea de la mejor sátira política de todos los tiempos...»