Mostrando entradas con la etiqueta Volkogónov. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Volkogónov. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de julio de 2018

Lenin, La Gran Guerra y la Revolución. Textos 1914-1917


|  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

Dimitri Volkogónov, en su El verdadero Lenin (traducción española de 1996, prologada por Manuel Vázquez Montalbán) escribía: «… nuestra visión de Lenin ha cambiado no sólo porque hemos descubierto que hay más que las historias que nos contaron durante décadas. Comenzamos a dudar de su infalibilidad sobre todo por que la causa que impulsó y que costó las vidas de millones de seres humanos ha sufrido una derrota histórica de la mayor envergadura. No resulta fácil escribir esto. Como antiguo estalinista que ha hecho la penosa transición al rechazo total del totalitarismo bolchevique, confieso que en mi cabeza el leninismo fue el último bastión que hube de echar por tierra. Viendo cada vez más archivos, cada vez más secretos, como también las grandes colecciones occidentales de la Universidad de Harvard y la Hoover Institution en California, el perfil de Lenin se modificó ante mis ojos: gradualmente el lugar del creador y profeta fue siendo ocupado por el del jacobino ruso. Me di cuenta de que nadie conoció a Lenin; siempre lo tuvimos ante nosotros pero con la mascarilla mortuoria del dios terreno que nunca fue.»

Y más adelante: «Lenin nunca ocultó su convicción de que sólo se podría construir el nuevo mundo con ayuda de la violencia física. En marzo de 1922 escribió a Kámenev: Es el mayor error pensar que la NEP acabará con el terror. Volveremos al terror y al terror económico. Y en efecto, hubo terror de todo tipo. Tras muchas décadas nosotros, los rusos, lo condenamos rehusando ―por vergüenza― responder a la pregunta de quién lo había comenzado y quién lo había convertido en un objeto sagrado del método revolucionario. No dudo de que Lenin quisiese la felicidad del pueblo en esta tierra o, por lo menos, de aquellos a quienes llamaba el proletariado. Pero consideraba normal que dicha felicidad se construyese sobre la sangre, la coerción y la negación de la libertad.»

En esta entrega de Clásicos de Historia nos centramos en un puñado de textos de este auténtico padre del siglo XX (en su vertiente totalitaria). Corresponden al momento clave, cuando advierte la posibilidad de llevar a cabo la revolución social, anunciada y perseguida sin tregua por tantos revolucionarios de todos los países desde tanto tiempo atrás. Desde su ya prolongado exilio helvético, reconoce y aprovecha las circunstancias ―la guerra primero, la revolución de febrero después―, apresura y negocia su regreso a Rusia —el vagón sellado―, y se enfrenta al conjunto mayoritario de las fuerzas políticas existentes: demócratas, eseristas y mencheviques… ―y a buena parte de los dirigentes bolcheviques, que desconfían del golpe que Lenin promueve, al que consideran de éxito dudoso, cuando no contraproducente―.

Incluimos, por tanto, una parte significativa de la producción escrita de nuestro autor, grafómano empedernido, entre los años 1914 y 1917. De ellas destacan las Cartas desde lejos, las Tesis de abril, El estado y la revolución, las Cartas al Comité Central de septiembre y octubre, y por último sus intervenciones en el II Congreso de los soviets de diputados y obreros, inicio de una dictadura que se prolongará más de setenta años...



viernes, 9 de febrero de 2018

Serguéi Necháiev, Catecismo del revolucionario


|  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

Serguéi Necháiev (1847-1882) es reconocido por la historia como uno de los revolucionarios que, independientemente del resultado práctico de su acción revolucionaria, se constituirán en auténticos referentes para los revolucionarios posteriores. En su caso, de él queda su breve Catecismo del revolucionario, que comunicamos aquí, la memoria de su agitado activismo, así como la tremenda imagen reflejada (¿deformada?) por Dostoievski en Los endemoniados. Max Nomad, en su Apóstoles de la Revolución (citado por Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo), señala que el «sistema de desprecio total por cualquier principio de simple equidad y de justicia en la actitud [del revolucionario] hacia otros seres humanos… pasó a la historia revolucionaria rusa bajo el nombre de Nechayevschina.» Y su influencia posterior fue considerable...

Dimitri Volkogónov, en El verdadero Lenin (editado en España en 1996, con prólogo de Manuel Vázquez Montalbán) escribe: «Lenin admiraba mucho a Serguéi Necháiev, el revolucionario que había acabado loco en prisión. Bonch-Bruévich contó que Lenin le había dicho: “La gente ha olvidado totalmente que Necháiev poseía un talento especial de organizador, una capacidad para desplegar dones particulares, entre ellos el trabajo ilegal… Basta con recordar la respuesta precisa que hizo en uno de sus panfletos a la pregunta ¿A quién habría que matar de la familia real? La respuesta fue: A toda la ektenia. (Es decir, la lista completa de los Románov que se lee en una parte de la misa ortodoxa.) De modo que, ¿a quién habría que matar? A toda la Casa de los Románov, como cualquier lector podría entenderlo. ¡Genio puro!”»

Y en otro punto de su obra: «La presencia de Necháiev entre los predecesores de Lenin da que pensar. Tanto Marx como Engels habían condenado la doctrina de Necháiev de terror individual, y en numerosas ocasiones Lenin haría lo mismo. Pero Necháiev era más que un abogado del terror, pues su nombre fue sinónimo de conspiración política, incluidos los planes secretos para derrocar y exterminar sin piedad a las autoridades y gobiernos objetos de su odio. En la terminología de su época,tales tácticas eran llamadas blanquistas (por Louis Auguste Blanqui, activista radical que operó en Francia durante las décadas de 1830 y 1840). En tanto que condenaba ese punto de vista, Lenin no dudaría en recurrir a ello en momentos decisivos. Como escribió Plejanov en 1906: “Desde el comienzo mismo, Lenin fue más blanquista que marxista. Importó su contrabando blanquista bajo la bandera de la ortodoxia marxista más estricta” (…) Así la célebre máxima de Necháiev que sostiene que “todo lo que ayuda a la Revolución es moral, Todo lo que la impide es inmoral y criminal” fue adoptada por Lenin en el III Congreso de la Juventud Comunista de 1919 que todo lo que propiciara la victoria del comunismo era moral.»

Primera edición de Los endemoniados, de Dostoievski