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lunes, 15 de marzo de 2021

Andrés Giménez Soler: Reseña histórica del Canal Imperial de Aragón

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Cuando en 1798 Ignacio del Asso, en su Historia de la economía política de Aragón, estudia la agricultura del corregimiento de Zaragoza, se refiere a la importancia de los regadíos con estas palabras: «La providencia de las acequias, para regar casi todos los términos mencionados, fue también obra debida al cuidado e industria de los moros, que supieron sangrar los ríos con acierto, y repartir las aguas con economía, como se echa de ver particularmente en las tierras, cuyo producto dependía del escaso riego de la Huerva. Mas estas son las que en el día lo gozan con más abundancia, y las que hasta ahora han participado más que otras de los beneficios que promete el célebre Canal Imperial, del cual será bien decir alguna cosa, antes de pasar al examen de las producciones de nuestro territorio. El principio de esta grande obra se puede referir al año 1529, en que la ciudad de Zaragoza cedió al Sr. Carlos V. el derecho que tenía de sacar acequias para dar riego a sus términos, obligándose en la Cédula despachada sobre este importante objeto a repartir las tierras que se hubieren de regar a vecinos y naturales de este reino, con exclusión total de los extranjeros. Parece, que en 1541 estaba poco adelantada la obra por escasez de fondos...» Y describe la persistente abundancia de planes y carencia de resultados. Pero «en 1770 se suscitó nuevamente la idea de habilitar y proseguir el Canal Imperial a solicitud de una compañía de nacionales y extranjeros, que quiso emprenderlo de su cuenta con ciertos pactos y condiciones; lo cual ocasionó tantas consultas y representaciones con oposición de dictámenes, que nada se adelantó en el transcurso de dos años, hasta que su Majestad en 1772 tomó a su cargo la obra, encomendando su ejecución al conocido talento de D. Ramón Pignatelli, que tuvo la gloria de llevarla felizmente al punto en que hoy la vemos.»

Antonio de Las Casas Gómez y Ana Vázquez de La Cueva en El Canal Imperial de Aragón, de la meritísima colección divulgativa CAI 100, escribían así en 1999: «El Canal Imperial de Aragón es una de las más importantes obras de ingeniería hidráulica realizadas en Europa durante el siglo XVIII. Fue concebido inicialmente, en torno a 1530, como una acequia de riego, en época del rey de España y emperador de Alemania (de donde viene su nombre de “Imperial”) Carlos I, y se construyó al fin por Ramón Pignatelli, como canal de riego y navegación, durante el reinado de Carlos III. Tras numerosos avatares, en 1786 se finalizaba la “Fuente de los Incrédulos” y el agua del Canal llegaba a Zaragoza. La obra arranca de la margen derecha del río Ebro, en el lugar conocido como El Bocal, situado en el término municipal de Fontellas (Navarra) —unos 7 km aguas abajo de Tudela—. Desde allí, sigue una trayectoria prácticamente paralela al río por los términos navarros de Fontellas, Ribaforada, Buñuel y Cortes; y ya dentro de la Comunidad Autónoma de Aragón, por los de Novillas, Mallén, Gallur, Boquiñeni, Luceni, Pedrola, Figueruelas, Grisén, Alagón, Pinseque, Zaragoza, El Burgo y Fuentes de Ebro. Aquí acaba su recorrido, de 110 km, tras haber salvado un desnivel de 125 m y encauzado un caudal que oscila entre los 25 y 30 m3/s, lo que permite el riego de más de 25.000 hectáreas de terreno y el abastecimiento de agua a muy diversas industrias y poblaciones. Su construcción supuso un gran coste financiero y político para la monarquía ilustrada que lo llevó a cabo, pero los múltiples beneficios que ha producido a lo largo de su historia (riegos, navegación, energía motriz, abastecimientos de agua, etc.) justifican sobradamente el esfuerzo realizado.»

De Andrés Giménez Soler ya hemos comunicado La Edad Media en la Corona de Aragón (1930) y Don Jaime de Aragón, último conde de Urgel (1901)

Inscripción en la Fuente de los Incrédulos, en Zaragoza.

jueves, 10 de abril de 2014

Ignacio del Asso, Historia de la Economía Política de Aragón

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 Escribe Guillermo Fatás:

«Ejemplo de científico con método y talla internacionales, químico, botánico, jurista y economista, es un destacado ejemplo de la Ilustración española y aragonesa. Si el patriotismo, en su sentido más depurado y escueto, consiste en poner al servicio de la comunidad eficientes instrumentos para su mejora y engrandecimiento, desde la generosidad personal y el respeto al rigor del pensamiento científico, pocos patriotas mejores que Asso tuvo Aragón en el siglo XVIII.

»Ignacio Jordán Claudio de Asso y del Río nació en Zaragoza, de Onofre y María Antonia, el 4 de junio de 1742 y en ella moriría casi setenta y tres años después. Doctor en Derecho por Zaragoza, conocedor del griego, del latín y del árabe, profesor universitario, abogado al servicio de la corona en Madrid, cónsul de carrera con ejercicio en Dunquerque, Amsterdam y Burdeos, nunca dejó de amar profundamente a Aragón ni de trabajar por él. Aunque sin holguras económicas, pudo estudiar y publicar no sólo muy notables libros sobre la fauna y la flora aragonesa (editados en Amsterdam y elogiados en los medios científicos europeos) o sobre el derecho castellano (siete veces se reimprimió su Instituciones del Derecho Civil de Castilla, desde1771, texto obligado en las universidades españolas), sino, sobre todo, su Historia de la Economía Política de Aragón. Cuatro años (1794-1798) tardó en componer la obra, estudiando con gran esfuerzo personal en viejos archivos para poner a las autoridades aragonesas en condiciones de realizar planes de saneamiento económico y ciudadano, desde un enfoque extraordinariamente moderno y perspicaz.

»Asesor, en su ancianidad, de Palafox durante los Sitios, hubo de huir de Zaragoza para no ser fusilado por los franceses. Fue uno de los más notables miembros de la Real Sociedad Económica. Escribió más de cuarenta obras y murió, amado de su ciudad y respetado por la ciencia europea, en 1814.»

Publicado en: Beltrán, M.; Beltrán, A.; Fatás, G. (dir. y coord.). Aragoneses Ilustres. Zaragoza: Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1983. p. 31-32.