Mostrando entradas con la etiqueta Cadalso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cadalso. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de junio de 2021

José Cadalso, Defensa de la nación española contra la Carta Persiana LXXVIII de Montesquieu

  |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu, incluyó en sus célebres Cartas Persas (1721), una dedicada a España. Su crítica, bastante banal y basada en estereotipos propios de la época, se debe relacionar con los dardos que lanza a la sociedad francesa. Naturalmente, provocó un considerable rechazo o, a lo menos, una cierta decepción, entre los muchos admiradores del autor de El Espíritu de las Leyes. Uno de ello fue José Cadalso (1741-1782), de quien ya incluimos en Clásicos de Historia sus Cartas Marruecas, que en su juventud redactó la obra que presentamos, conocida sólo desde hace medio siglo. La profesora Ana Peñas Ruiz, en Cartaphilus, Revista de Investigación y Crítica Estética, 3 (2008), la estudió en detalle, y de ese artículo entresacamos algunos párrafos.

«La Defensa de la nación española contra la Carta persiana LXXVIII de Montesquieu es un texto atribuido a José Cadalso y desconocido hasta hace relativamente poco tiempo, cuando el crítico francés Guy Mercadier lo compró a un librero madrileño en el año 1970. Hasta este momento, se desconocía el paradero de esta obra que el propio Cadalso cita en una carta enviada a su amigo, el poeta Meléndez Valdés. Se trata de una carta escrita entre abril y mayo de 1775, en la que Cadalso nombra al poeta amigo “depositario” y “heredero” de sus manuscritos inéditos, para evitar con ello que le fueran atribuidos póstumamente textos ajenos a su pluma. Al hacer el inventario de las obras que se propone enviarle registra (...) y, junto a estas obras, la titulada Notas a la Carta Persiana N.º 78 en que el Sr. Presidente Montesquieu se sirve decir un montón de injurias a esta nación sin conocerla. El título definitivo ―al menos mientras no tengamos otra edición del texto― es el que figura en el manuscrito hallado por Mercadier: Defensa de la nación española contra la “Carta persiana LXXVIII” de Montesquieu. Notas a la carta persiana que escribió el presidente de Montesquieu en agravio de la religión, valor, ciencia y nobleza de los españoles

«Para el español, esta “mal fundada sátira”, como califica la “Carta LXXVIII” de Montesquieu, no pasa de ser una mera extravagancia. Lo que preocupa verdaderamente a Cadalso no es que los disparates que difunde este breve texto narrativo de Montesquieu surtieran algún efecto sobre los hombres de letras ―“de juicio”, los llama Cadalso―, sino que estas ideas pudieran llegar a “los necios”, mucho más abundantes que los primeros. (…) Cadalso se indigna de que un hombre de la talla y genio de Montesquieu haya sido capaz de agraviar tan injustamente a su país vecino; un país que, además, no conoce más que de lecturas y oídas. Esta situación era bastante frecuente en la España del siglo XVIII, y continuará durante el siglo XIX, cuando se multiplican las voces críticas que, sobre todo desde la prensa, claman contra los abusos y prejuicios de los escritores y viajeros españoles, cuya visión de España corresponde a la leyenda negra de un país atrasado y asolado por todo tipo de males endémicos, desde la falta de educación hasta a superstición y la poltronería como rasgo más sobresaliente del carácter de sus habitantes.»

«La crítica a Montesquieu en la Defensa se expresa a través de un doble juego: los comentarios y expresiones directas, hirientes y mordaces, junto a la ironía más velada de aparentes elogios al escritor. Ello se advierte ya desde el principio del texto, en las reiteradas referencias al carácter del escritor francés, de quien afirma Cadalso que no es esperable una calumnia tan descarnada contra un país ajeno, como sí lo sería de un “petimetre francés de poca edad, menor juicio y ninguna modestia.” Recordemos, para advertir lo hiriente del comentario, que Montesquieu tenía poco más de veinte años cuando escribe las Lettres persanes. Por otra parte, no hay que perder de vista que el propósito de Cadalso se centraba en responder a un texto de un escritor tan famoso y admirado como Montesquieu, a cuyos méritos literarios se añadía un buen linaje para completar su imagen externa de hombre grave y respetable. De hecho Cadalso reitera hasta siete veces este mismo adjetivo, “grave”, para referirse a Montesquieu (...) Esta insistencia no tiene como objetivo remarcar esa cualidad positiva del francés sino, muy al contrario, rebajar a éste mediante un elogio ex contrario ―muy frecuente, por lo demás, en los escritores españoles del siglo XVIII, que siguen la tradición de los grandes satíricos del Barroco―.»


jueves, 14 de enero de 2016

José Cadalso, Cartas marruecas

|  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

Escribe Gonzalo Anes: «De las críticas que se hicieron sobre España y sobre los españoles destacan las de Montesquieu, en las Cartas persas y en determinados pasajes de El espíritu de las leyes, y la famosa voz publicada en el tomo II de la Geographie, de L'Encyclopédie Méthodique, escrita por Masson de Morvilliers. Ambas posiciones críticas suscitaron respuestas en España, movidas por sentimientos patrióticos. Frente a las afirmaciones de Montesquieu, José Cadalso escribió las famosas Cartas marruecas sobre los usos y costumbres de los españoles antiguos y modernos, hacia 1768. No se imprimieron hasta 1789. Se trata de una sátira en la que ridiculiza las versiones de viajeros que se equivocaron en su descripción de la vida y costumbres de los habitantes de los países que visitan. Estos errores se cometían no sólo cuando los viajeros se fundaban en lo que decían otros sino también por quienes narraban sus impresiones sobre el país que visitaban, por ser mucha “la preocupación con que se suele viajar”. Cadalso presenta como ejemplo a Montesquieu, quien, “no obstante lo distinguido de su origen, lo elegante de su pluma, lo profundo de su ciencia” y tantas otras cualidades que le daban “tanta y tan universal fama en Europa”, parecía haberse transformado en otro hombre al hablar de España: sus errores y falsas apreciaciones se debían a “las malas noticias” que le habían dado “algunos sujetos poco dignos de tratar con tan insigne varón, en materias tan graves como la crítica de una nación que ha sido muy principal en todos tiempos entre todas las demás”.

»José Cadalso fue escritor precoz en exponer ideas nuevas sobre España como nación. Para él, un auténtico sabio habría de conocer bien la comunidad a la que perteneciese, por lo que era necesario que se interesase por su historia. Por eso recomendó la lectura de obras escritas por historiadores sobre el pasado de España. Sólo así sería posible comprender la individualidad de la patria y su carácter nacional. Afirma que cada nación “tiene su carácter”, mezcla de vicios y virtudes, “cada reino tiene sus leyes fundamentales, su constitución, su historia, sus tribunales y conocimiento del carácter de sus pueblos, de sus fuerzas, clima, productos y alianzas”. “La ciencia de los Estados” consistiría en entender todo ese complejo, para lo que es imprescindible conocer la historia, ya que la historia crea lo específico, lo que caracteriza a cada nación (...)

»Para Cadalso, el carácter nacional de un país ―Francia, Inglaterra, España― determina el ser francés, inglés o español. La nación como comunidad humana, en su ser específico, con su unidad, existe aunque haya discrepancias entre sus miembros, incluso profundas, como las que mantienen quienes quieren cambios y quienes desean que todo permanezca como está. Unos y otros tienen imágenes distintas del ser de España, pero acaban por entenderse políticamente. Con su carácter “mixto de vicios y virtudes, en el que los vicios pueden apenas llamarse tales si producen en la realidad algunos buenos efectos, y éstos se ven sólo en los lances prácticos que suelen ser muy diversos de los que esperan por mera especulación”. De ahí que el amor a la patria pueda ser ciego “como cualquier otro amor”. Ha de dirigirlo el entendimiento para que no lleve “a aplaudir lo malo, desechar lo bueno, venerar lo ridículo y despreciar lo respetable”. La actitud de Cadalso ante España y lo español es crítica: piensa que las guerras han desangrado el país; que la religión ha invadido campos que no le corresponden; que el espíritu caballeresco ―o guerrero― es causa del desprecio de las artes mecánicas y del comercio; que los nobles son vanidosos y que perturban el deseable orden social; que el oro y la plata de las Indias han sido y son perjudiciales para el buen funcionamiento de la economía; que, por todo ello, España ―la Península― “se hundió a mediados del siglo XVII” y que “ha vuelto a salir de la mar” sólo “a últimos del XVIII”. Cadalso sabe que la denominada por él “cultura nacional” tiene que mejorar con el conocimiento del extranjero, por lo que piensa que debe fomentarse la traducción de todo lo bueno que, de fuera de España, pueda recibirse. Los viajes a otros países permitirán adquirir una formación que luego será beneficiosa para la patria.

»El sentimiento de patria es comprobable en Cadalso, como en tantos otros autores del siglo XVIII, en varios pasajes de su obra: sabe que despierta uno de los afectos más nobles; que “la fuerza de los vínculos que unen a la patria” permite hacer el bien “al total de la nación”. La idea de nación y la de patria llevan a Cadalso a plantear la necesidad de que se escriba “una historia heroica de España”.» (Gonzalo Anes, España como nación en el siglo de las luces, en Real Academia de la Historia, España como nación, Barcelona 2000, pág. 197-199.)