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sábado, 2 de abril de 2016

José Mor de Fuentes, Bosquejillo de la vida y escritos delineado por él mismo

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Guillermo Fatás presentaba así en 1983 al ilustrado tardío José Mor de Fuentes (1762-1848): «De auténtico nombre José Mor y Pano, nació en Monzón y allí murió, en total miseria, acogido a la caridad de un sastre. Estudió Humanidades en Zaragoza y en Vergara (el mejor centro superior español de entonces). Militar e ingeniero hidráulico, participa en la toma anglo-española de Tolón (1793) y se retira de la milicia en 1796. Enemigo de Godoy y admirador de la Revolución Francesa, escribió contra Napoleón cuando éste, proclamado emperador, invadió España. Vivió el Dos de Mayo en Madrid, viendo morir a su amigo Velarde. En Zaragoza se le ofreció el mando de la defensa, que recayó, luego, en Palafox. Participó en ella oteando, con un catalejo de la condesa de Bureta, los movimientos enemigos, como vigía de la Torre Nueva. En Madrid dirigió los periódicos liberales El Patriota y La Gazeta, abandonada por sus redactores.

»Constitucionalista, en 1823 emigró a Toulouse, volviendo a Monzón y Zaragoza en 1826. Fue, más tarde, a París. Traductor de Horacio y Salustio, de Goethe y de Rousseau, fue comediógrafo y poeta (muchas de cuyas obras transcurren o mencionan a Aragón y Zaragoza) y escribió una famosa e importante autobiografía, redescubierta por Azorín (el Bosquejillo, en 1836), en la que narra, con extraordinario atractivo para el lector, numerosos pormenores de su vida, tan ajetreada, mostrando su radical independencia personal y política, los pleitos con su familia, sus éxitos literarios, etc. Su novela La Serafina, por ejemplo, cuya acción transcurre en Zaragoza, fue editada tres veces en 1797 y reeditada en 1802 y 1807. Soñó, inútilmente, con una España “gallarda, pundonorosa e independiente.”»

No se puede dudar de la capacidad de Mor como observador de la agitada época que le tocó vivir: todo le interesa, a todos conoce, en todo interviene y, según nos asegura, todos ―desde los más altos personajes al último conocimiento fortuito que hace― quedan maravillados por su talento en los más variados campos: la agricultura, las lenguas (es un consumado políglota), las armas, la diplomacia, y sobre todo las letras: poeta, dramaturgo y novelista. Y sin embargo… Manuel Alvar, en su Aragón, literatura y ser histórico (1976), ya señaló alguna de sus limitaciones:

«Mor de Fuentes va a París en 1834 y no acierta a comprender nada de lo que allí ocurre. La enumeración ―desde unos años antes― resulta impresionante: 1826, Cinq-Mars; 1829, Orientales; 1827, prefacio de Cromwell; 1830, Hernani y Rojo y negro; 1831, Nuestra Señora de París; 1834, Papá Goriot... Mor ha ido a París para cumplir ―viejo ya― un sueño largamente acariciado; intenta ver todo, enterarse de todo, disfrutar de todo. Interesan sus ideas literarias: va al teatro y los “románticos” le parecen unos bárbaros; Scribe y Hugo, simples autores de “desatinos y mentecateces”; lee poesías, y Lamartine le resulta “llorón (…) con sus yertos sollozos”, “el Parnaso francés viene a ser actualmente un desierto”. El pobre Mor ―paleto y provinciano― no acertó en nada.»


jueves, 10 de abril de 2014

Ignacio del Asso, Historia de la Economía Política de Aragón

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 Escribe Guillermo Fatás:

«Ejemplo de científico con método y talla internacionales, químico, botánico, jurista y economista, es un destacado ejemplo de la Ilustración española y aragonesa. Si el patriotismo, en su sentido más depurado y escueto, consiste en poner al servicio de la comunidad eficientes instrumentos para su mejora y engrandecimiento, desde la generosidad personal y el respeto al rigor del pensamiento científico, pocos patriotas mejores que Asso tuvo Aragón en el siglo XVIII.

»Ignacio Jordán Claudio de Asso y del Río nació en Zaragoza, de Onofre y María Antonia, el 4 de junio de 1742 y en ella moriría casi setenta y tres años después. Doctor en Derecho por Zaragoza, conocedor del griego, del latín y del árabe, profesor universitario, abogado al servicio de la corona en Madrid, cónsul de carrera con ejercicio en Dunquerque, Amsterdam y Burdeos, nunca dejó de amar profundamente a Aragón ni de trabajar por él. Aunque sin holguras económicas, pudo estudiar y publicar no sólo muy notables libros sobre la fauna y la flora aragonesa (editados en Amsterdam y elogiados en los medios científicos europeos) o sobre el derecho castellano (siete veces se reimprimió su Instituciones del Derecho Civil de Castilla, desde1771, texto obligado en las universidades españolas), sino, sobre todo, su Historia de la Economía Política de Aragón. Cuatro años (1794-1798) tardó en componer la obra, estudiando con gran esfuerzo personal en viejos archivos para poner a las autoridades aragonesas en condiciones de realizar planes de saneamiento económico y ciudadano, desde un enfoque extraordinariamente moderno y perspicaz.

»Asesor, en su ancianidad, de Palafox durante los Sitios, hubo de huir de Zaragoza para no ser fusilado por los franceses. Fue uno de los más notables miembros de la Real Sociedad Económica. Escribió más de cuarenta obras y murió, amado de su ciudad y respetado por la ciencia europea, en 1814.»

Publicado en: Beltrán, M.; Beltrán, A.; Fatás, G. (dir. y coord.). Aragoneses Ilustres. Zaragoza: Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1983. p. 31-32.