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viernes, 21 de agosto de 2026

Publio Virgilio Marón, Eneida

Mosaico procedente de Tréveris, s. III

PDF, EPUB Y MOBI EN INTERNET ARCHIVE 

Escribe Jorge Luis Borges, en su Biblioteca personal:

«Una parábola de Leibniz nos propone dos bibliotecas: una de cien libros distintos, de distinto valor, otra de cien libros iguales todos perfectos. Es significativo que la última conste de cien Eneidas. Voltaire escribe que, si Virgilio es obra de Homero, éste fue de todas sus obras la que le salió mejor. Diecisiete siglos duró en Europa la primacía de Virgilio; el movimiento romántico lo negó y casi lo borró. Ahora lo perjudica nuestra costumbre de leer los libros en función de la historia, no de la estética.

»La Eneida es el ejemplo más alto de lo que se ha dado en llamar, no sin algún desdén, la épica artificial, es decir la emprendida por un hombre, deliberadamente, no la que erigen, sin saberlo, las generaciones humanas. Virgilio se propuso una obra maestra; curiosamente la logró.

»Digo curiosamente; las obras maestras suelen ser hijas del azar o de la negligencia.

»Como si fuera breve, el extenso poema ha sido limado, línea por línea, con esa cuidadosa felicidad que advirtió Petronio, nunca sabré por qué, en las composiciones de Horacio. Examinemos, casi al azar, algunos ejemplos.

»Virgilio no nos dice que los aqueos aprovecharon los intervalos de oscuridad para entrar en Troya; habla de los amistosos silencios de la luna. No escribe que Troya fue destruida; escribe Troya fue. No escribe que un destino fue desdichado; escribe De otra manera lo entendieron los dioses. Para expresar lo que ahora se llama panteísmo nos deja estas palabras: Todas las casas están llenas de Júpiter. Virgilio no condena la locura bélica de los hombres; dice El amor del hierro. No nos cuenta que Eneas y la Sibila erraban solitarios bajo la oscura noche entre sombras, escribe:

Ibant obscuri sola sub nocte per umbram

»No se trata, por cierto, de una mera figura de la retórica, del hipérbaton; solitarios y oscura no han cambiado su lugar en la frase; ambas formas, la habitual y la virgiliana, corresponden con igual precisión a la escena que representan.

»La elección de cada palabra y de cada giro hace que Virgilio, clásico entre los clásicos, sea también, de un modo sereno, un poeta barroco. Los cuidados de la pluma no entorpecen la fluida narración de los trabajos y venturas de Eneas. Hay hechos casi mágicos; Eneas, prófugo de Troya, desembarca en Cartago y ve en las paredes de un templo imágenes de la guerra troyana, de Príamo, de Aquiles, de Héctor y su propia imagen entre las otras. Hay hechos trágicos; la reina de Cartago, que ve las naves griegas que parten y sabe que su amante la ha abandonado. Previsiblemente abunda lo heroico; estas palabras dichas por un guerrero: Hijo mío, aprende de mí el valor y la fortaleza genuina; de otros, la suerte.

»Virgilio. De los poetas de la tierra no hay uno solo que haya sido escuchado con tanto amor. Más allá de Augusto, de Roma y de aquel imperio que a través de otras naciones y de otras lenguas, es todavía el Imperio. Virgilio es nuestro amigo. Cuando Dante Alighieri hace de Virgilio su guía y el personaje más constante de la Comedia, da perdurable forma estética a lo que sentimos y agradecemos todos los hombres.»

Reproducimos la conocida y excelente traducción prosificada de Eugenio de Ochoa (1815-1872) publicada originalmente en 1869 en su edición de las Obras completas de Virgilio, como mero apoyo del texto latino. Pronto sin embargo adquirió relevancia en sí misma y ha gozado de gran difusión hasta nuestros días. Incluimos la parte de sus Comentarios correspondientes a la Eneida, las notas, los Argumentos de cada libro (que trasladamos al frente de cada uno), y el Índice alfabético de todos los personajes que entran en la acción de la Eneida.

Así la enjuicia: «Reúne este poema, en su indisputable unidad, por más que algunos críticos descontentadizos se la disputen, lo que pudiéramos llamar una fusión de los dos pensamientos que dan asunto y vida a los dos más grandes poemas de la antigüedad pagana, la Odisea y la Ilíada de Homero; los seis primeros libros de la Eneida, destinados a referir las peregrinaciones del héroe troyano, son, así puede decirse, su Odisea, y los otros seis, en que se cuentan sus afanes y batallas en el Lacio, son su Ilíada: dos acciones en realidad, o mejor dicho, dos grandes períodos distintos de una misma acción, desarrollada en un poema perfectamente uno.»

Vergilius Romanus (s. V) folio 74v.
Venus se aparece a su hijo Eneas.

lunes, 3 de enero de 2022

Textos antiguos sobre el mito de las edades (Hesíodo, Platón, Ovidio, Virgilio, Luciano)

Luciano de Samósata

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Hace unas semanas leíamos en Vasco de Quiroga la alabanza de las sociedades amerindias (y la consecuente crítica a la de los conquistadores), mediante su comparación con la mítica Edad de Oro: «Y cuasi de la misma manera que he hallado que dice Luciano en sus Saturnales que eran los siervos entre aquellas gentes que llaman de oro y edad dorada de los tiempos de los reinos de Saturno, en que parece que había en todo y por todo la misma manera e igualdad, simplicidad, bondad, obediencia, humildad, fiestas, juegos, placeres, beberes, holgares, ocios, desnudez, pobre y menospreciado ajuar, vestir, y calzar y comer, según que la fertilidad de la tierra se lo daba, ofrecía y producía de gracia y cuasi sin trabajo, cuidado ni solicitud suya, que ahora en este Nuevo Mundo parece que hay y se ve en aquestos naturales, con un descuido y menosprecio de todo lo superfluo, con aquel mismo contentamiento y muy grande y libre libertad de las vidas y de los ánimos que gozan aquestos naturales, y con muy gran sosiego de ellos, que parece como que no estén obligados ni sujetos a los casos de fortuna, de puros, prudentes y simplecísimos.»

En distintas culturas y tradiciones encontramos la referencia a un pasado ideal y perfecto (el Edén, las islas de los bienaventurados, la Atlántida, el mismo Númenor…) que por diversas razones se han desvanecido para siempre. Se perciben como la patria ancestral, que se añora, y se deploran las causas, propias y ajenas, inocentes y culpables, que motivaron su perdición. Y de ahí la satisfacción con que en ocasiones se encuentran atisbos o vislumbres de dicha plenitud en el presente de sociedades extrañas, como hizo Quiroga y tantos otros avistadores de paraísos perdidos, en los mares del Sur, por ejemplo. A ello se suma, desde el triunfo de la modernidad, una interesante inversión por la que la sociedad ideal se proyecta voluntariosamente, teleológicamente, hacia el futuro. Lo viene practicando buena parte de Occidente desde hace más de dos siglos, mediante el diseño de cambiantes, contradictorias y efímeras sociedades perfectas: y aquí caben tanto el omnipresente y voluble progresismo como los mundos perfectos totalitarios.

Pero en esta ocasión nos limitaremos a una breve selección de autores griegos y romanos. Hesíodo, en Los trabajos y los días, y Ovidio, en Las metamorfosis, nos presentan dos versiones del mito de las edades de los hombres, que arrancan con la del Oro. Por su parte, Platón en el Político, y Virgilio en las Geórgicas y en la Eneida, contraponen el mundo ideal regido por Saturno, a su mundo real, mucho más atroz, regido por Júpiter. Luciano de Samósata realiza la misma contraposición, pero tomando como punto de partida las tradicionales fiestas saturnales, en las que se pretendía imitar las condiciones de vida durante el reinado de Saturno. Y por supuesto, en su característico tono satírico. Todos estos breves textos nos permiten un acercamiento a lo que se percibía como deseable, pero no factible, en las sociedades humanas de ese tiempo. Es decir, a la utopía. Concluiremos con el conocido remake cervantino, el discurso de Don Quijote a los cabreros, o de las bellotas.


Fantasía, de Walt Disney.