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sábado, 24 de diciembre de 2016

Jerónimo Zurita, Anales de la Corona de Aragón


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Tomo II  |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |
Tomo III  |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |
Tomo IV  |  PDF  |  EPUB  |  MOBI  |

Nuestro conocido Jerónimo de San José, en su Genio de la Historia, se refiere así al origen de los cronistas: «En los (reinos) de la Corona de Aragón, y especialmente del reino cabeza de ellos, hay una muy particular observancia y atención en la provisión de este oficio. Nombrábale en tiempos pasados solamente el rey, encomendando a quien le parecía a propósito el escribir la historia (...) Pasado algún tiempo, en el del serenísimo rey don Felipe el prudente, ya con más particular modo y solemnidad comenzó el reino a instituir este oficio de cronista con nombramiento y salario de ministro público, por especial decreto y acto que llaman de corte, hecho por todo el reino en las de Monzón año de mil y quinientos y cuarenta y siete; en virtud del cual se nombró el primero aquel insigne y nunca bastantemente celebrado varón Jerónimo de Zurita, cuya erudición, gravedad, verdad, entereza y sumo estudio pudieron granjearle la gloriosa fama que en todas las naciones dignamente goza, y dar a sus Anales la que él también recibe de ellos mismos.»

Por entonces ―mediados del siglo XVII― Zurita ya es considerado príncipe de historiadores, y San José lo ensalza así: «resplandece entre los historiadores españoles como entre menores astros la luna, el grave y eruditísimo Zurita, cuyos Anales en la comprehensión y disposición de las materias, en la averiguación de las cosas, en la conveniencia del método y propiedad del estilo; y en todas las demás partes de una perfecta historia, pueden competir con la más célebre de las antiguas y modernas. Con la misma excelencia escribió los que llamó Índices en lengua latina, que son un grave y elegante epítome de lo que había escrito en la vulgar, enriquecido con tesoros nuevos. Pero aunque todo lo que escribió es muy escogido, principalmente lo son aquellos dos últimos tomos de las acciones y gobierno del rey don Fernando el Católico; donde excediéndose a sí mismo Zurita, dejó más que admirar, que de imitar a los sucesores en la historia.»

Por su parte, el profesor Esteban Sarasa Sánchez, de la Universidad de Zaragoza, presenta así la obra que nos ocupa: «Jerónimo Zurita puede considerarse como el primer medievalista de Aragón, porque, en su magna y extensa obra historiográfica, trata la historia del Reino primero y de la Corona después, con los precedentes condales que le hicieron vincularse al reino de Pamplona; como, posteriormente, la unión dinástica de Aragón y Barcelona supuso sucesivamente la formación de la Corona de Aragón, o mas bien la Corona del rey de Aragón; a la que se incorporaron en los siglos XIII al XV, de manera temporal o permanente, Mallorca, Sicilia, Cerdeña o Nápoles. Además, este primer cronista oficial de Aragón, por nombramiento de la Diputación General del Reino, no se limitó a seguir las pautas de sus predecesores, que se limitaron a reescribir la historia según las crónicas precedentes, sino que indagó en los archivos y utilizó documentación original que formó parte de la llamada Alacena de Zurita.

»Su sólida formación humanística, sabiendo latín y griego, y conociendo el francés, italiano, portugués y catalán, permitió al cronista (1512-1580) utilizar a los clásicos y estudiarlos en el aprovechamiento para su relato; enriqueciendo la narración con pensamientos e ideas retóricas, fruto de su erudición. En su época, la distinción entre lo verosímil y lo inverosímil, lo legendario y lo real, se mezclaba habitualmente a la hora de remontarse a los orígenes de los pueblos y las naciones, pero Zurita supo depurar en lo posible el conocimiento para ofrecer un conjunto equilibrado de carácter historiográfico; sometido, eso sí, a su condición de cronista oficial, al interés de su tiempo por la historia y a su personal visión de los acontecimientos del pasado, aunque parte del principio de desconsiderar crédulas historias inconsistentes que circulaban por entonces.

»La composición de los Anales se prologó durante treinta años y la primera edición del último volumen se hizo en el año del fallecimiento del cronista. Tras un breve prólogo comentando las dificultades de reconstruir el pasado, se inicia la obra con la invasión musulmana, llegando hasta Fernando II el Católico, a quien dedicó una Historia especial sobre las empresas en Italia. Pero la obra en sí es también de interés peninsular, con un estilo fluido que, no obstante, refleja el trabajo de unir la información documental sin demasiada soltura. Las ediciones clásicas de los Anales son: la príncipe de 1562 editada por Bernuz, la corregida por el propio Zurita de 1585 y editada por Portonariis, la posterior de 1610 por Robles y la de 1659 por Dormer. Divididos en XX libros, constituyen la magna obra sobre el pasado medieval de Aragón, todavía de obligada consulta.»




Tomo I: Libros I, II, III, IV y V ― Desde los orígenes hasta el reinado de Jaime II (711-1313)
Tomo II: Libros VI, VII, VIII, IX y X ― De Jaime II hasta Martín el Humano (1314-1410)
Tomo III: Libros XI, XII, XIII, XIV y XV ― 
Tomo IV: Libros XVI, XVII, XVIII, XIX y XX ― 

martes, 25 de agosto de 2015

Jerónimo de San José, Genio de la Historia

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Jerónimo Ezquerra de Rozas (1589-1669) fue un prolífico escritor carmelita cuyo nombre de religión fue Jerónimo de San José. Al estudio de su orden y de sus miembros destacados dedicó la mayor parte de sus trabajos históricos, principalmente de carácter hagiográfico. Pero entre ellas destaca su Genio de la Historia, impreso en 1651 aunque redactado años atrás: su circulación manuscrita entre los círculos intelectuales que frecuenta nos es conocida por diversas referencias epistolares, como la laudatoria de Bartolomé Leonardo de Argensola en 1628: «Haga vuestra paternidad cuenta que este discurso histórico le han hecho en Atenas y en Roma los mayores historiadores Es un interesante tratado en el que el autor reflexiona sobre las características e índole (el genio) de la Historia. La definirá como «una narración llana y verdadera de sucesos y cosas verdaderas, escrita por persona sabia, desapasionada y autorizada en orden al público y particular gobierno de la vida.»

Su concepción de la historia toma como referencia la de los clásicos grecolatinos, naturalmente desde la recuperación y reinterpretación que han elaborado los humanistas del Renacimiento. Al mismo tiempo la herramienta racional que emplea es, inevitablemente, la que le proporciona la escolástica aristotélica común en su tiempo y que aún permanecerá vigente largo tiempo. No es por tanto una obra innovadora, y para el autor la historia es ante todo una obra retórica cuyo valor depende de su forma literaria y de su utilidad práctica y pública de carácter político o moral. De ahí que Jerónimo de San José dedica mucha más reflexión y espacio a las cuestiones de estilo y a los condicionantes que se le deben exigir al historiador, que a las cuestiones metodológicas sobre el acopio de información y su crítica. Quizás ésta sea la causa de su encomio entre los historiadores antiguos a Dextro y Máximo de Zaragoza, por entonces ya rechazados por muchos como meras falsificaciones.

Y sin embargo, podemos reconocer en el Genio de la Historia algunos planteamientos que nos resultan extrañamente modernos: su insistencia en la narratividad de la historia, en la historia como relato; sus precisiones sobre los diferentes conceptos de verdad histórica (diferenciando entre lo que Juan Cruz ha llamado verdad introversiva y verdad extroversiva); su preocupación por todos los aspectos de la realidad, hasta los que pueden considerarse nimios y sin importancia (particularizar cosas menudas, dice); su actualización del sine ira et studio de Tácito: «...el grave daño que a la república y al mundo se sigue de las falsas y apasionadas historias, y el remedio que en esto se debería poner, aunque sería mejor que el mismo historiador le pusiese, deponiendo el odio juntamente con el afecto demasiado. También debería deponer el temor; y armado de una enterísima constancia, atropellar con todo vano respeto, escribiendo lisamente la verdad, y con ella lo que siendo conveniente a la república, ha de herir a los que merecieron esta nota. De ejemplos buenos y de malos se compone la historia, y no la defrauda menos el que por temor calla los unos, que el que por odio los otros.»