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lunes, 8 de febrero de 2021

Sebastián Fernández de Medrano: Máximas y ardides de que se sirven los extranjeros para introducirse por todo el mundo

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El año de 1700, nuestro prolífico y conocido Sebastián Fernández de Medrano (1646-1705) es general de batalla y director de la Academia Real y Militar del Ejército de los Países Bajos, de notable prestigio en su tiempo. Publica entonces en Bruselas, dedicado al conde de Fuensalida, su Breve Tratado de Geographia dividido en tres partes, que la una contiene la Descripción del Río e Imperio de las Amazonas Americanas, con su Carta Geográphica: La otra lo que poseen Franceses y Ingleses, etc. en el nuevo Mundo, y la forma que se introducen en él: Y la tercera del Estado presente del Imperio del Gran Mogor y Reyno de Siam. Es por tanto una obra miscelánea, en la que (como en otras ocasiones), recoge, traduce y resume las obras que han llegado a él y despertado su interés.

Reproducimos en esta ocasión el segundo de los opúsculos, en el que da noticia del A New Voyage Round the World. Describing particularly the Isthmus of America, several Coasts and Islands in the West Indies, the Isles of Cape Verd, the Passage by Terra del Fuego, the South Sea Coasts of Chili, Peru, and Mexico; the Isle of Guam one of the Ladrones, Mindanao, and other Philippine and East India Islands near Cambodia, China, Formosa, Luconia, Celebes, etc. New Holland, Sumatra, Nicobar Isles; the Cape of Good Hospe, and Santa Hellena. Their Soil, Rivers, Harbours, Plants, Fruits, Animal, and Inhabitants. Their Customs, Religion, Government, Trade, etc. publicado en Londres en 1697 por William Dampier (1652-1715), ilustre marino de la Royal Navy, aventurero, en ocasiones pirata, y en otras excelente naturalista. Dio dos vueltas al mundo y publicó numerosas obras.

Sin embargo, el interés de Fernández de Medrano se reduce en esta ocasión a insistir en la necesidad de combatir la creciente infiltración en América por parte de Gran Bretaña, Francia y Holanda: «A estas islas, y particularmente a las de la América, llaman los especulativos agudas espinas del Nuevo Mundo que penetran por todo, porque dejando aparte las dichas mercancías, que se ha referido conducen a ellas, son cuevas donde salen los piratas a reconocer por toda la tierra firme.» La solución que propone es incrementar la vigilancia armada de las costas: «Ocho o diez fragatas de pie en aquellos mares les impidieran semejante comercio tan perjudicial a la España.»

De Fernández Medrano hemos comunicado su Breve descripción del Mundo, y su resumen de Louis Hennepin, Relación de un país que nuevamente se ha descubierto en la América septentrional.



lunes, 25 de enero de 2021

Louis Hennepin: Relación de un país que nuevamente se ha descubierto en la América septentrional

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Escribe nuestro conocido Sebastián Fernández Medrano en el prólogo a su resumen y traducción de la obra que comunicamos esta semana: «Habiéndome llegado de París, entre otras cartas geográficas, la de un nuevo Descubrimiento hecho en la América Septentrional por los franceses de Canadá… la curiosidad de saber qué terreno era el recién descubierto, motivó en mí a hacer viva diligencia de si había algo escrito sobre este punto, y averigüé cómo el Sr. de La Salle, gobernador de un fuerte de los que la Francia tiene en la América, había emprendido hacer dicho descubrimiento, como lo hizo con alguna gente en que iban diversos misioneros y entre ellos un recoleto llamado Luis Hennepin, natural de Atha (plaza de la provincia de Hainaut) y que vuelto éste a Francia con el Sr. de La Salle, hizo un Tratado de lo descubierto, atribuyéndoselo a sí; pero como el Sr. de La Salle había sido el cabo y motivo de todo, no logró aquel religioso la primacía que pretendía, y disgustado se pasó a Holanda, y se despicó con dedicar al rey Guillermo y a aquellos Estados dicho descubrimiento, ofreciéndoles ser guía para ir a establecer colonias y la luz evangélica en aquel dilatado país, que es tan grande que excede a la Europa, comprendido entre el mar Glacial, Florida y Nuevo Reino Mexicano, y por donde corre un caudaloso río navegable, llamado Mississippi, que entra en dicho golfo; y dice en su dedicatoria que a nadie como a las naciones inglesa y holandesa conviene más el apoderarse de aquellas regiones y plantar en ellas la fe (esto dice un religioso) y como una y otra tengan dominios en aquellas partes, que les facilitan la entrada, le dieron oídos.

»Y esto, y que al rey cristianísimo se le ofrece la misma ventaja, y de que ya se ha servido, y asimismo dichas naciones, como adelante diré, valiéndose del Sr. de La Salle referido, me obligó a dar noticia a mi patria de todo, por lo que importa y puede importar tenerla de aquellas regiones, y así saqué de su impreso lo concerniente al viaje que se hizo, dejando las digresiones que lo indignado que se muestra contra la Francia, le obligan a prolongar la obra de su descubrimiento, donde permita la Majestad Divina sean nuestros españoles los que allá planten la Fe católica, como lo han hecho en lo demás de la América, a donde si hay algunos cristianos apartados de la Iglesia Romana, son los que han sido instruidos por la secta de Lutero y Calvino, que son los Misionarios, que este buen Recoleto, por su pasión, procura hagan lo mismo en aquellos salvajes que viven hoy sin ley ni religión.»

jueves, 11 de diciembre de 2014

Sebastián Fernández de Medrano, Breve descripción del Mundo

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Sebastián Fernández de Medrano nació en la población de Mora, en la Mancha toledana, en 1646. Soldado, participó en numerosas campañas en Italia y en los Países Bajos. Pero su prestigio como ingeniero militar, artillero, matemático y geógrafo, le condujo a una trayectoria profesional académica.

«Las obras de este tratadista militar deben considerarse como libros de texto de los alumnos que frecuentaban la Academia Militar, sita en Bruselas, en la que Sebastián Fernández de Medrano era profesor de matemáticas, un cargo para el que había sido propuesto por el duque de Villahermosa, capitán general de los Estados de Flandes, hacia 1676. Años después, en 1692, es nombrado por el gobernador general, José Fernando, Elector de Baviera, director de la Academia Real y Militar del Exército de los Países Bajos. La falta de un cuerpo cualificado, formado en fortificación, uso de artillería y morteros, con sólidos conocimientos geográficos, obligaba al ejército español a valerse de ingenieros extranjeros. La Academia, un centro de formación de cuadros del ejército español de Flandes, tenía como objetivo conseguir esa élite instruida en ingeniería militar, capaz de afrontar un sistema de guerra basado en los sitios de las plazas y en el mantenimiento de líneas atrincheradas.

»La Academia militar se crea en los Estados de Flandes en 1671. Es la más importante de las que España mantiene fuera del territorio nacional en Nápoles, Orán, Cerdeña y Milán. El gobernador general, conde de Monterrey, es quien transforma la Casa de pajes de los antiguos duques de Brabante (creada por los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia en 1600) en Academia, para que la nobleza estuviese suficientemente instruida en matemáticas y fortificación. El primer director es Francisco Paran de Ceccati, anterior director de la de Besançon. El duque de Parma, nuevo gobernador general, la reorganiza en 1680.

»El éxito de la Academia, y el de Fernández de Medrano, se pueden deducir de su nota A los curiosos y aficionados lectores —inserta en la primera edición de El Ingeniero— y del memorial que, en 1699, tras treinta y cuatro años de servicios, presenta a Carlos II para que le honre con el grado de general de Artillería. En la nota, escrita en 1687, alude a que además de 700 oficiales que desta Academia han salido aprovechados, son muchos aquellos que solo por mis obras han adquirido alguna inteligencia. En el memorial asegura que la Academia ha formado en ese tiempo ingenieros militares para todas las fronteras de España y que el prestigio alcanzado es tanto, que los príncipes de la Liga y el duque de Baviera también se nutren de los alumnos de este centro. No consta que alcanzase el nombramiento pero sí que consiguió, a través de la Secretaría de Estado, cuatro mil escudos en compensación de los gastos afrontados en la edición de sus libros. Felipe V le ratifica las mercedes concedidas por el anterior monarca y le anima a que siga la labor en la Academia, de la que anualmente salen entre veinte y treinta ingenieros militares. Fernández de Medrano muere un año antes de que Bruselas caiga en poder de la Gran Alianza y la Academia Militar desaparezca en 1706.»*

La obra que presentamos es fruto del interés didáctico del autor: un vademécum geográfico del mundo, más manejable que los grandes Atlas que, como dice Medrano, «son embarazosas para usar de ellos de ordinario; lo que no tiene mi obra citada (que en sustancia contiene los dichos tomos) por ser tan manual». Y para mayor atractivo, encarga a su discípulo Manuel Pellicer y Velasco (¿quizás el futuro académico de la RAE?) que lo ponga en verso, «para que así se pudiese mejor encomendar a la memoria».

* Tomado de: http://cvc.cervantes.es/obref/fortuna/expo/historia/histo002.htm