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viernes, 11 de mayo de 2018

Homero, La Odisea


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M. I. Finley, en su luminoso El mundo de Odiseo, señalaba cómo las obras atribuidas a Homero «se ocupan de una era desaparecida, y su contenido es inequívocamente antiguo. La Odisea, en particular, abarca un amplio campo de actividades y relaciones humanas: estructura social y vida familiar, realeza, aristócratas y plebeyos, celebración de banquetes, arado de la tierra y cría de cerdos. De estas cosas sabemos algo en lo que se refiere al siglo VII, en el cual parece que fue compuesta la Odisea; pero lo que sabemos y lo que narra la Odisea simplemente no concuerda.» Y más adelante: «Si el historiador determinó que ni la Ilíada ni la Odisea fueron esencialmente contemporáneas a los sucesos que narran, debe examinar después su validez como cuadros del pasado. ¿Hubo alguna vez en Grecia una época en que los hombres vivían como lo describen los poemas (tras de haberlos desnudado de la intervención sobrenatural y de capacidades sobrehumanas)?»

Aparentemente, la acción de ambas obras transcurre en época micénica, pero «nuevamente Homero y la arqueología difieren repentinamente: en conjunto, aquél sabía dónde había florecido la civilización micénica, y sus héroes vivieron en grandes palacios en la Edad del Bronce, desconocidos en los propios días de Homero. Y esto es en realidad todo lo que sabía acerca de los tiempos micénicos, por lo que el catálogo de sus errores es muy extenso. Sus armas se parecen a las de su propio tiempo, totalmente distintas de las micénicas, aunque de manera persistente los arma con el bronce anticuado, y no con hierro. Sus dioses tenían templos, y los micénicos no construyeron ninguno; en cambio construyeron grandes tumbas abovedadas en las cuales sepultaban a sus jefes, mientras que el poeta los incinera. Un pequeño rasgo típico lo proporcionan los carros de combate. Homero había oído hablar de ellos; pero no sabía lo que realmente se hacía con los carros en una guerra. Y así sus héroes normalmente se alejan poco más de un kilómetro en los carros, de sus tiendas de campaña, se apean cuidadosamente de los mismos y luego proceden a combatir a pie. No menos completo es el contraste entre el mundo de los poemas y la sociedad revelada por las tablillas en Lineal B. La existencia misma de las tablillas es decisiva: el mundo homérico no sólo desconocía la escritura o los registros, sino que su sistema social era demasiado sencillo y sus operaciones demasiado limitadas, en escala demasiado pequeña, para que se necesitaran los inventarios o los registros que aparecen en las tablillas. En éstas se han identificado cerca de cien distintas ocupaciones agrícolas e industriales; Homero sólo conocía una docena, poco más o menos, y el porquerizo Eumeo las conserva todas fácilmente en la memoria, junto con el inventario de los rebaños de Odiseo.»

Y después: «Solemos olvidar que Homero no tenía ninguna idea de una edad micénica, ni del súbito rompimiento entre ella y la nueva época que siguió a su destrucción. La edad micénica es un concepto puramente moderno; el poeta creía que estaba cantando al heroico pasado de su propio mundo griego, a un pasado que él reconocía por la transmisión oral de los bardos que lo habían precedido. Las materias primas del poema consistían en las numerosas fórmulas heredadas, y a medida que pasaban a lo largo de las generaciones de bardos, sufrían cambio tras cambio, en parte por acción deliberada los poetas, sea por razones artísticas, sea por consideraciones políticas más prosaicas, y en parte por falta de cuidado y por indiferencia respecto a la veracidad histórica, producidos por los errores que son inevitables en un mundo sin escritura. No hay duda alguna de que hubo un núcleo micénico en la Ilíada y en la Odisea; pero era pequeño, y lo poco que contenía deformado hasta perder el sentido y la posibilidad de reconocimiento. Con frecuencia se contradecía a sí mismo el material, pero esto no era un obstáculo para su empleo.»

Definitivamente, «el mundo de Odiseo no fue la edad micénica, anterior en cinco o seis o siete siglos, pero tampoco fue el mundo del siglo VIII o VII a. C. La lista de exclusiones de instituciones y prácticas de la época es muy larga y significativa: no hay Jonia, no hay dorios de que hablar, no hay armas de hierro, no hay caballería en las escenas de batalla, no hay colonización, no hay mercaderes griegos, no hay comunidades sin reyes. Así pues, si hemos de colocar en el tiempo al mundo de Odiseo, como todo lo que sabemos por el estudio comparativo de la poesía heroica nos dice que debemos hacerlo, los siglos más probables parecen ser el X y el IX. Para entonces ya se había olvidado la catástrofe que acabó con la civilización micénica y se dejó sentir por todo el Mediterráneo oriental. O, antes bien, se había convertido en el “recuerdo” de una ya inexistente edad de héroes, de auténticos héroes griegos. Había comenzado la historia de los griegos como tales. En lo esencial, el cuadro de la sociedad y su sistema de valores que nos ofrecen los poemas es coherente. En algunos lugares, se les adhieren fragmentos anacrónicos, algunos demasiado antiguos y otros, particularmente en la Odisea, demasiado recientes, reflejos del propio tiempo del poeta.»

William Russell Flint

viernes, 13 de abril de 2018

Homero, La Ilíada


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Jacob Burckardt, en su monumental Historia de la cultura griega publicada en el penúltimo y nacionalista y liberal cambio de siglo, escribía: «A todos los pueblos jóvenes les proporciona la poesía mítica la posibilidad de vivir en lo durable y permanente, en la imagen iluminada de la nación; pero especialmente debieron los griegos esta vida a su Homero. Por eso tampoco en ninguna nación tuvo jamás un poeta tal posición entre viejos y jóvenes. Dice hermosamente Plutarco: “Homero solo ha triunfado sobre la variabilidad del gusto de los hombres; es siempre nuevo y de placentera hermosura juvenil” (…) Pero su fuerza se hizo incalculable cuando, de modo reconocido, se convirtió en el principal medio de educación de la nación a partir de la juventud. Los griegos son quizá la única nación culta que ya a los niños les ofrecía una imagen del mundo, éticamente muy libre y ―a diferencia de los libros de Moisés y el Shah Name― teológica y políticamente sin tendencia, contra lo cual Pitágoras, en seguida Jenófanes y (en los dos primeros libros de su República) Platón, más tarde, se levantaron; y así Homero les ha creado, no sólo los dioses, sino esencialmente mantenido o despertado en ellos la libertad humana. Es verdad que además de él se empleaban en la educación de la juventud poesías escogidas; pero La Ilíada y La Odisea eran con mucho las materias principales (…)

»Homero es para los griegos la fuente de las cosas divinas y humanas, en amplio sentido su código religioso, su maestro de guerra, su historia antigua, con la que aun más adelante se enlaza toda historia, y también suele referirse a él toda geografía; es para ellos mucho más de lo que hubiera podido ser un escrito y garantizado canto religioso, Hasta los literatos posteriores de época imperial, incluso hasta muy dentro ya de la época bizantina, llega un continuo estudio sobre él, crítico, estético, arqueológico, lingüístico. Se estudia su manera de designar las cosas y se busca explicar los pasajes oscuros, que no faltan, en lo que, desde luego, cuando no se sabe nada seguro, como Estrabón dice en una ocasión de éstas, se deja a veces obrar libremente a la fantasía. Había gentes que en cuestiones discutidas sólo a él seguían, y el mismo Estrabón encuentra necesario, con ocasión de una cita del catálogo de las naves, subrayar que se debe exponer la realidad, y sólo traer a colación las palabras correspondientes del poeta en cuanto convengan con aquélla; antes había sido su predominio en la educación tan grande, que toda afirmación se la creía confirmada cuando nada contradecía a la tan creída afirmación homérica sobre el asunto.»

Publicamos la atractiva traducción que publicó Luis Segalá y Estalella (1873-1938), también autor de una versión en catalán.

Eric Shanower, ilustración para su monumental Age of Bronze.