viernes, 31 de julio de 2020

Bernardino de Sahagún, Las ilustraciones del Códice Florentino, de la Historia general de las cosas de Nueva España

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Reproducimos la presentación de esta obra en la Biblioteca Digital Mundia y la Librería del Congreso: «Historia general de las cosas de Nueva España es una obra enciclopédica sobre la gente y la cultura del centro de México compilada por el fray Bernardino de Sahagún (1499-1590), un misionero franciscano que llegó a México en 1529, ocho años después de que Hernán Cortés finalizara la conquista española. El manuscrito, al que comúnmente se llama Códice Florentino, llegó a manos de los Médici a más tardar en 1588 y ahora se encuentra en la Biblioteca Laurenciana de Florencia.

»Sahagún comenzó a realizar investigaciones sobre las culturas indígenas en la década de 1540, utilizando una metodología que, en opinión de los estudiosos, es precursora de la técnica moderna en el campo antropológico. Sus motivos eran principalmente religiosos: creía que, para convertir a los nativos al cristianismo y erradicar su devoción a los dioses falsos, era necesario entender esos dioses y la influencia que tenían en el pueblo azteca. Si bien gran parte de la cultura nativa le producía rechazo llegó a admirar muchas cualidades de los aztecas. Según lo que expresa en el prólogo al Libro I de su obra, los mexicanos eran considerados bárbaros, gente de muy poco valor; sin embargo, él consideraba que, en materia de cultura y refinamiento, estaban un paso adelante de otras naciones que presumían de ser muy diplomáticas.

»Sahagún obtuvo la ayuda de dos grupos indígenas importantes: los ancianos (principales) de numerosas ciudades de México central y los estudiantes nahuas y exalumnos del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, donde Sahagún trabajó durante gran parte de su estadía en México. Los principales respondían cuestionarios que preparaba Sahagún sobre la cultura y la religión, y sus respuestas eran registradas en su propia forma pictórica de escritura. Los estudiantes nahuas interpretaban las imágenes y ampliaban las respuestas, transcribiendo fonéticamente el náhuatl con caracteres latinos. Sahagún luego revisaba el texto en náhuatl y agregaba su propia traducción al español. Todo el proceso llevó casi 30 años y finalmente se completó entre 1575 y 1577 con una copia nueva y completa del manuscrito preparado.

»Este manuscrito fue llevado a España por el fray Rodrigo de Sequera, comisario general de los franciscanos y partidario de la obra de Sahagún. Los 12 libros del códice se encuadernaron originalmente en cuatro volúmenes, aunque más adelante se volvieron a encuadernar en tres. La obra está organizada en dos columnas: a la derecha está el texto original en náhuatl y a la izquierda, la traducción de Sahagún al español. La mayoría de las magníficas 2.468 ilustraciones, realizadas por los alumnos, están en la columna de la izquierda, cuyo texto es más corto. Las ilustraciones combinan los rasgos sintácticos y simbólicos de la antigua tradición nahua de pintura-escritura con las cualidades formales de la pintura renacentista europea.»

Los doce libros en que se divide la obra se ocupan de las siguientes cuestiones:
Libro I: de los dioses
Libro II: de las ceremonias
Libro III: del principio que tuvieron los dioses
Libro IV: de la astrología judiciaria o arte adivinatoria indiana
Libro V: de los agüeros y pronósticos
Libro VI: retórica y filosofía moral
Libro VII: el Sol, la Luna y las estrellas, y la unión de los años
Libro VIII: de los reyes y señores
Libro IX: de los mercaderes
Libro X: del pueblo, sus virtudes y vicios, y otras naciones
Libro XI: de las cosas naturales
Libro XII: de la conquista de México.

viernes, 24 de julio de 2020

Felipe Guaman Poma de Ayala, Ilustraciones de la Nueva crónica y buen gobierno

Autorretrato
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Tomo II   |  PDF  |

Roberto Viereck escribe sobre Felipe Guaman Poma de Ayala en la Biblioteca de Traducciones Hispanoamericanas. «De su vida se sabe realmente muy poco, más allá de lo que él mismo afirma por escrito. Nació probablemente en Huamanga (departamento de Ayacucho, Perú). Según declara el autor en su Nueva crónica y buen gobierno (1615), se trata de un indio puro, descendiente de una dinastía de los Yarovilcas de Huánuco, cuyos padres habrían sido Huaman Malqui y Curi Ocllo, hija menor del Inca Túpac Yupanqui. Al igual que sucede con su abuelo, Huaman Chava-Yarovilca Allauca Huánuco, Guaman Poma resalta la figura de su padre para elevarlo a la categoría de “segunda persona del Inca” Túpac Yupanqui, su suegro, pero sin explicar cómo descendió después a la modesta categoría de curaca de la región de Lucanas. Notoriamente marcada por una constante motivación de reivindicación social y económica (especialmente por los litigios por tierras) en el interior de la incipiente y compleja sociedad colonial a partir de la segunda mitad del siglo XVI, la vida de Felipe Guaman Poma de Ayala se caracteriza por ser itinerante, como la de miles de personas andinas de su generación.

»Presentándose a sí mismo como un cristiano devoto (probablemente para evitar sospechas sobre la honestidad de su conversión, como indio, a la nueva religión), habría trabajado como asistente de inspector eclesiástico en el área de Lucanas hacia el final de la década de 1560, donde regresaría posteriormente como funcionario nativo de la administración colonial al final de la década de 1590 y donde, además, se instalaría después de 1600. Al parecer, inició la redacción de su única obra a partir de poco después del 1600. La escritura de Guaman Poma revela, en cuanto a su contenido esencial, una visión profundamente crítica de la sociedad colonial del Perú antiguo, revelándose en ésta, incluso, una perspectiva ideológica oral y andina de resistencia cultural que subyace tras una apariencia letrada y occidental. Tras permanecer el texto en la oscuridad por casi trescientos años (fue descubierto por Richard Pietschmann en la Biblioteca de Copenhague, en 1908, y su primera edición facsimilar la realizó Paul Rivet en 1936) la Nueva crónica y buen gobierno es considerada en la actualidad como una de las piezas únicas para el conocimiento del mundo indígena de la región de los Andes.»

La extensa y monumental obra de Felipe Guaman Poma contiene como elemento más llamativo un conjunto de casi 400 ilustraciones a página completa, objeto de la comunicación de Clásicos de Historia de esta semana, que en su conjunto suponen un exhaustivo reportaje gráfico del Perú de antes y después de la conquista. Recientemente se ha publicado en Lima un número monográfico de Letras. Revista de Investigación de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, dedicado a nuestro autor. En su estudio, Carlos García-Bedoya M. pone de relieve que «Guaman Poma ocupa un lugar de excepción en la cultura del Perú colonial. Es la única figura a la cual cabe considerar, en todo el sentido de la palabra, un letrado indígena.» Pero, a diferencia de Garcilaso Inca, «no intenta fusionar códigos andinos y occidentales, sino que se desplaza discursivamente entre esos dos polos diferenciados» y toma partido por lo indígena (aunque también por el cristianismo y por la monarquía):

«Guaman Poma no se conforma con establecer la superioridad moral de los indios, también busca dejar sentada su superioridad simbólica (…) Bastará traer a colación un conocido dibujo que lleva por título Pontifical Mundo: allí, contrariando las representaciones cartográficas entonces vigentes (y aún vigentes ahora), aparecen en la mitad de arriba las Indias, con el Cuzco como centro de un espacio cuatripartito (Tawantinsuyo), y en la mitad de abajo Castilla como centro de un espacio en que se aplica el tradicional modelo andino de la cuatripartición: las Yndias del Pirú en lo alto de España [...] Castilla en lo auajo de las Yndias. España queda relegada a la posición inferior de urin, mientras que las Yndias (el mundo andino tawantinsuyano) ocupan la posición superior de hanan. Para reforzar esta operación, recurre Guaman Poma a elaborar una peculiar etimología del nombre: En este tiempo se descubrió las Yndias del Pirú, y ubo nueua en toda Castilla de cómo era tierra en el día, yndia, más alto grado que toda Castilla y Roma y Turquía. Y ací fue llamado tierra en el día, yndia, tierra de rriqueza de oro, plata

viernes, 17 de julio de 2020

Juan Suárez de Peralta, Noticias históricas de la Nueva España

Retrato imaginario

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En realidad, el título original de la obra es mucho más preciso, aunque prolongado: Tratado del descubrimiento de las Yndias y su conquista, y los ritos y sacrifiçios, y costumbres de los yndios; y de los virreyes y gobernadores que las han gobernado, espeçialmente en la Nueva España; y del suçeso del Marqués del Valle, segundo, Don Martín Cortés; del rebelión que se le ynputó y de las justiçias y muertes que hizieron en México los juezes comisarios que para ello fueron por su magestad; y del rompimiento de los yngleses, y del prinçipio que tuvo Francisco Draque para ser declarado enemigo. Compuesto por Don Joan Suarez de Peralta, vezino y natural de México. Y aun trata de otras interesantes cuestiones, como el comercio de esclavos en la costa de Guinea, los espectaculares festejos en la corte novohispana, las sospechas de asesinato en la muerte de la primera mujer de Cortés, las expediciones en busca de las Siete Ciudades de Cíbola, y especialmente de la malhadada de Coronado… Suárez de Peralta no es historiador, y ni siquiera se considera letrado, «que no tengo sino una poca de gramática, aunque mucha afición de leer historias y tratar con personas doctas.» Es crédulo en ocasiones (especialmente de lo que encuentra escrito), pero resulta apasionante cuando nos cuenta lo que ha visto o lo que le cuenta un interlocutor. Nos proporciona así un animado fresco del México virreinal que conoció.

Miguel A. Márquez, en su Vida y obra de don Juan Suárez de Peralta, cronista y protoalbéytar de América, nos lo presenta así: «Don Juan Suárez de Peralta nació en la ciudad de México-Tenochtitlán en 1541, habiendo sido sus padres Don Juan Suárez Marcayda y Doña Magdalena de Peralta; el padre también conocido como Juan Suárez de Ávila, o como Juan Suárez “El Viejo”, hizo la campaña militar de la conquista del Imperio Azteca como compañero de armas de Don Hernán Cortés. Suárez de Peralta escribió tres grandes obras: Tractado de Alveiteria hacia 1575, Tractado de Cavallería de la Gineta y Brida en 1580 y Tractado del Descubrimiento de las Indias y su Conquista en 1589. Estos tres tratados hacen de Suárez de Peralta, una inevitable y riquísima fuente de información para todo historiador investigando las vetas de la Historia Virreinal Novohispana y de la Historia de España del siglo XVI. Su obra sobre medicina equina y zootecnia de los caballos, es un magnífico y estupendo trabajo que se levanta como el primer libro de su tipo escrito en América. Suárez de Peralta asociado con su hermano mayor, Don Luis, establece un criadero de caballos de raza fina en Tacubaya, en el poniente de la antigua ciudad de México, y es ahí en donde aprende el arte científico de la médica equina, de la reproducción y de la zootecnia caballar y sus habilidades como jinete y gran caballista.

»En 1579, Don Juan debido a una serie de circunstancias decide exiliarse a España arribando al puerto de Sanlúcar de Barrameda, como huésped en el Palacio de su pariente el VII Conde-Duque de Medina Sidonia, para después habitar en Trujillo y en Sevilla en donde escribe y publica sus otras dos grandes obras. Se muda a Madrid en donde contrae nupcias con una aristócrata dama de la alta nobleza castellana, Doña Isabel Hurtado de Mendoza, perteneciente a la poderosa Casa del Infantado. Con ella procrea un hijo, llamado Don Lorenzo Suárez de Peralta, quien viaja a la Nueva España para tomar posesión de los bienes de su padre, su abuelo y de su tío Luis. Don Juan, nuestro albéitar, quien “alládese enfermo de calenturas”, fallece el 8 de enero de 1613 y es enterrado en la Iglesia del Spiritu Sanctus de los Clérigos Menores en el Madrid de los Austrias (…) Sin duda alguna, el escenario de la albeitería novohispana y americana durante el siglo XVI es luminosamente monopolizado por Don Juan Suárez de Peralta por un lado, y por el otro, como primer criollo cronista de Indias, ocupa igualmente un lugar protagónico en la historiografía virreinal mexicana y en la historia colonial española. Suárez de Peralta con estilo sencillo y ameno relata vívidamente la vida cotidiana de los habitantes de la naciente ciudad de México-Tenochtitlán, capital del Virreinato de la Nueva España a mediados del siglo XVI, a través de su obra intitulada Tractado del Descubrimiento de las Yndias y su Conquista

Libro de Difuntos correspondiente a 1613, de la parroquia de San Sebastián de Madrid.

viernes, 10 de julio de 2020

Étienne de la Boétie, Discurso de la servidumbre voluntaria


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En el capítulo XXVII del libro primero de sus Ensayos, Michel de Montaigne se ocupó de la amistad, y la ejemplificó en la que mantuvo con el autor de la aportación de esta semana: «...mi capacidad no llega, ni se atreve, a emprender un cuadro magnífico, trazado y acabado según los principios del arte. Así que, se me ha ocurrido la idea de tomar uno prestado a Esteban de La Boëtie, que honrará el resto de esta obra: es un discurso que su autor tituló la Servidumbre voluntaria. Los que desconocen este título le han designado después acertadamente con el nombre de el Contra uno. Su autor lo escribió a manera de ensayo, en su primera juventud, en honor de la libertad, contra los tiranos. Corre ya el discurso de mano en mano tiempo ha entre las personas cultas, no sin aplauso merecido, pues es agradable y contiene todo cuanto contribuye a realzar un trabajo de su naturaleza. Cierto que no puede asegurarse que es lo mejor que su autor hubiera podido componer, pues si más adelante, en el tiempo que yo le conocí, hubiera formado el designio que yo sigo de transcribir sus fantasías, hubiéramos visto singulares cosas que lindarían de cerca con las producciones de la antigüedad, pues a ciencia cierta puedo asegurar que a nadie he conocido que en talento y luces naturales pudiera comparársele.

»Sólo el discurso citado nos queda de La Boëtie, y eso casi de un modo casual pues entiendo que después de escrito no volvió a hacer mérito de él, dejó también algunas memorias sobre el edicto de 1588, famoso por nuestras guerras civiles, que acaso en otro lugar de este libro encuentren sitio adecuado. Es todo cuanto he podido recobrar de sus reliquias. Con recomendación amorosa dejó dispuesto en su testamento que yo fuera el heredero de sus papeles y biblioteca. Yo le vi morir. Hice que se imprimieran algunos escritos suyos, y respecto al libro de la Servidumbre, le tengo tanta más estimación, cuanto que fue la causa de nuestras relaciones, pues mostróseme mucho tiempo antes de que yo viese a su autor, y me dio a conocer su nombre, preparando así la amistad que hemos mantenido el tiempo que Dios ha tenido a bien, tan cabal y perfecta, que no es fácil encontrarla semejante en tiempos pasados, ni entre nuestros contemporáneos se ve parecida. Tantas circunstancias precisan para fundar una amistad como la nuestra, que no es peregrina que se vea una sola cada tres siglos (...)

»Pero oigamos hablar un poco a este joven cuando tenía dieciséis años. Porque veo que este libro ha sido publicado con malas miras por los que procuran trastornar y cambiar el estado de nuestro régimen político, sin cuidarse para nada de si sus reformas serán útiles, los cuales han mezclado la obra de La Boëtie a otros escritos de su propia cosecha personal, renuncio a intercalarla en este libro. Y para que la memoria del autor no sufra crítica de ningún género de parte de los que no pudieron conocer de cerca sus acciones o ideas, yo les advierto que el asunto de su libro fue desarrollado por él en su infancia y solamente a manera de ejercicio, como asunto vulgar y ya tratado en mil pasajes de muchos libros. Yo no dudo que creyera lo que escribió, pues ni en broma era capaz de mentir; me consta también que si en su mano hubiera estado elegir, mejor hubiera nacido en Venecia que en Sarlac, y con razón. Pero tenía otra máxima soberanamente impresa en su alma: la de obedecer y someterse religiosamente a las leyes bajo las cuales había nacido. Jamás hubo mejor ciudadano, ni que más amara el reposo de su país, ni más enemigo de agitaciones y novedades; mejor hubiera querido emplear su saber en extinguirlas que en procurar los medios de excitarlas más de lo que ya están: su espíritu se había moldeado conforme al patrón de otros tiempos diferentes de los actuales. En lugar de esa obra se publicará otra [los veintinueve sonetos de La Boëtie, del capítulo siguiente] que igualmente escribió en la misma época de su vida, y que es más lozana y alegre.»

Manuscrito de la obra, del siglo XVI

viernes, 3 de julio de 2020

Tomás de Mercado y Bartolomé de Albornoz, Sobre el tráfico de esclavos

Retrato anónimo de desconocido

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Hugh Thomas escribe en su La trata de esclavos. Historia del tráfico de seres humanos de 1440 a 1870: «Tomás de Mercado, fraile dominico que de joven estuvo en México, hizo otra firme declaración en contra de la trata. Escribió una relación del comercio entre España y el Nuevo Mundo. Conocía, gracias a su observación personal, las miserables condiciones en que transportaban a los esclavos en los barcos. De modo que podía mostrarse más directo de lo que habían sido de Soto y otros. En su Tratos y contratos de mercaderes, publicado en Salamanca en 1569, aceptaba abiertamente la esclavitud como institución, reconocía también que a lo largo de la historia los prisioneros de guerra habían sido esclavizados y hasta creía que los esclavos estaban mejor en las Américas que en África.

»Sin embargo, también describía gráficamente el modo en que tantos seres eran secuestrados o engañados, sin importar que los secuestradores y quienes les engañaban fuesen generalmente africanos; señaló que el elevado precio que pagaban los europeos impulsaba a los monarcas africanos a atacarse entre sí y hasta convencía a los padres para que vendieran a sus hijos, en ocasiones por despecho. Los barcos de esclavos que cruzaban el Atlántico estaban tan abarrotados que sólo el hedor mataba a muchos: ciento veintinueve esclavos habían muerto, decía, la primera noche de una travesía reciente. De nada servirían, añadía, las normas oficiales acerca de la carga de esclavos, como las que habían intentado dictar los portugueses, de modo que, debido a la indulgencia respecto a la trata destinada a las Américas, los hombres incurrían automáticamente en pecado mortal, y aconsejaba que quienes en Sevilla, como Jorgess y otros distinguidos mercaderes, participaban en la trata, hablaran de inmediato con su confesor. Esta severa amonestación no causó efecto y el Arenal de Sevilla siguió lleno de barcos que partían hacia las islas de Cabo Verde, cuando no hacia el África continental.

»Unos años después, Bartolomé Frías de Albornoz, abogado oriundo de Talavera que había emigrado a México, fue más lejos que Mercado, en su Arte de los contratos, publicado en Valencia en 1573. Fue el primer profesor de Derecho civil en la Nueva España y ahora se le considera el padre de los juriconsultos mexicanos, paternidad que ciertamente ha tenido una numerosa progenie. En su libro ponía en duda que a los prisioneros de guerra se les pudiera esclavizar legalmente. A diferencia de Mercado, creía que a ningún africano le suponía un beneficio vivir como esclavo en las Américas y que el cristianismo no podia justificar la violencia de la trata y el secuestro. Obviamente, declaró, los sacerdotes eran demasiado perezosos para ir a África y actuar como auténticos misioneros (...)

»Pero un jesuita, frei Miguel García, opinaba como Frías de Albornoz. Al llegar a Brasil en 1580, uno de los primeros miembros de su orden en ese dominio, se horrorizó al ver que la Sociedad de Jesús poseía africanos que, según creía, habían sido esclavizados ilegalmente. Decidió negarse a oír la confesión de quienes poseyeran esclavos africanos y él y un colega, frei Gonzalo Leite, regresaron a Europa para protestar, pero ya no se oyó hablar de ellos. En 1580 el historiador Juan Suárez de Peralta, sobrino político de Hernán Cortés, expresó un punto de vista similar. Se preguntó por qué nadie abogaba por los africanos negros cuando tantos lo hacían por los indios. No había más diferencia entre unos y otros, señaló con sensatez, sino la de que unos eran de color más oscuro que otros.* Su libro, sin embargo, al igual que la Historia de las Indias en que Las Casas decía algo semejante, no se publicó hasta el siglo XIX.

»También el obispo portugués del archipiélago de Cabo Verde, frei Pedro Brandão, lanzó un feroz ataque contra la trata a finales del siglo XVI. Trató de ponerle fin y propuso que se bautizara y manumitiera a todos los negros. Estos dispares desafíos a la antigua institución pararon, como los demás, en oídos sordos. España, y con ella Portugal, iniciaba una época muerta, desde el punto de vista intelectual, en la que se daba por supuesto que había de conservarse el statu quo. La era de la aventura había terminado y aún no había llegado la de la atenta filantropía considerada (…) No obstante, gracias a estas denuncias aisladas la Iglesia puede, con mayor credibilidad de la que se le suele reconocer, presentarse como precursora del movimiento abolicionista. A lo largo del siglo XVII la Congregación para la Doctrina de la Fe en Roma continuó recibiendo cartas de protesta acerca de la trata por parte de capuchinos, jesuitas y obispos.»

* En realidad, Juan Suárez de Peralta no es tan tajante en este punto como señala este ilustre historiador. Incluso se duele de que se hayan liberado todos los esclavos indios por mandato de las autoridades: «Tanta injusticia es quitar el esclavo a su dueño, si le tiene con justo título, como contra ella hacer al libre esclavo, y menos justicia fue, porque hubiese algunos mal hechos, darlos a todos por libres, sin diferenciar.»

viernes, 26 de junio de 2020

Herblock (Herbert Block), Viñetas políticas 1930-2000

Herblock, por Jim Borgman
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En el número correspondiente al 12 de julio de 1954 de la revista Noticias de Actualidad de la Embajada de Estados Unidos en Madrid, apareció un artículo sin firma sobre Herbert Block (1909-2001) con el título Caricaturista premiado, que reproducimos a continuación:

Herbert Lawrence Block, caricaturista del periódico Washington Post, cuyos trabajos, con el seudónimo de Herblock, aparecen de vez en cuando en NOTICIAS DE ACTUALIDAD, acaba de ganar un Premio Pulitzer de 500 dólares (20.000 pesetas) por su notable labor como caricaturista durante el año 1953. La caricatura que le ha reportado este galardón se refiere a la muerte de Stalin y se publicó el día 5 de marzo del año pasado. En ella aparecía la encapuchada figura de la muerte diciéndole a Stalin: «José, tú siempre fuiste un gran amigo mío.» Los Premios Pulitzer de Periodismo y Letras, recompensas altamente apreciadas en los Estados Unidos, son conferidos anualmente, desde 1917, por la Universidad de Columbia, que tiene su sede en la ciudad de Nueva York.

Los dibujos de Herblock se publican el mismo día en unos 150 periódicos de los Estados Unidos, en la edición de París del New York Herald Tribune, en el Rome Daily American y en cierto número de periódicos canadienses. Casi a diario, la oficina del periódico de Washington recibe llamadas telefónicas de gentes deseosas de felicitar a Herblock por «haber dado en el clavo» con su caricatura. Las cartas elogiosas, y a veces de censura, que se reciben en la redacción, proceden de lugares tan distantes como Alemania y Filipinas. Una dama escribió en cierta ocasión, desde Italia, lo siguiente: «Me gustan sus caricaturas porque tienen un interés internacional. Soy italiana, pero si fuera holandesa o china gozaría con ellas en la misma medida.»

Herblock parece haber llegado a la eminente posición que ocupa sin ningún presentimiento particular de su destino, aun cuando siempre se sintió inclinado hacía el arte. Hijo de un químico de Chicago, comenzó a dibujar para el periódico de su escuela y continuó haciendo caricaturas en el Colegio de Lake Forest (Illinois). Una vez terminados sus estudios, consiguió empleo en el Daily News de Chicago. En 1933 ingresó en la Newspaper Enterprise Association, sindicato que vendía sus trabajos a 700 periódicos de diferentes partes de los Estados Unidos. Permaneció en esta organización hasta el año 1943, en que se alistó en el Ejército. Durante la segunda guerra mundial, fue destinado como caricaturista al periódico del Ejército Yank.

Después de la guerra, Eugene Meyer, propietario del Washington Post, invitó a Herblock a ir a Washington. El periódico no había tenido caricaturista desde hacía varios años. Los dos hombres hablaron durante una hora de las cuestiones mundiales y la conversación vino a recaer sobre un contrato entre ambos. Herblock dijo: «Mire, antes de pasar adelante, permita que le envíe unas cuantas caricaturas y así podrá usted ver si le gusta mi trabajo.» Mayer contestó rápidamente: «Y yo le enviaré algunos de nuestros editoriales para que usted pueda ver si le gustamos.» Tal conversación fue una confluencia de opiniones que ha subsistido. El periódico deja a Herblock dibujar lo que quiera, ya sea que zahiera a los republicanos, a los demócratas, a la política de los Estados Unidos, a los miembros del Congreso e incluso al propio Presidente. Uno de los tipos famosos de sus caricaturas es «Mr. Bomba Atómica» que tiene el cuerpo en forma de torpedo y una expresión facial humana y amenazadora. Frecuentemente emplea este símbolo para subrayar la necesidad de una inteligencia entre las naciones.

Herblock está asediado siempre por personas que desean saber cómo se le ocurren sus ideas. La sencillez de su respuesta —leyendo los periódicos, escuchando la radio y conversando con gente— parece desilusionar a los consultantes. Herblock, hombre alto, delgado, de aspecto modesto y ojos tristes, es soltero. Juega al golf sin interés y le gusta el cine. Uno de sus mayores placeres es deambular por las galerías de arte de Washington donde se detiene, a veces media hora, ante uno de sus cuadros favoritos. Su trabajo como caricaturista constituye para él la cosa más importante de su vida, y su única ambición es perfeccionar su técnica.

Sello conmemorativo del 175 Aniversario (1966) de
la Declaración de Derechos, diseñado por Herblock.

viernes, 19 de junio de 2020

Aníbal Tejada, Viñetas políticas en el ABC republicano (1936-1939)

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Francisco J. Espinosa-Etxenike presenta así a nuestro clásico gráfico de esta semana en su Viñetas de guerra en el ABC republicano (1936-1939), publicado el pasado año: «Las viñetas de ABC tuvieron un nombre propio, Aníbal Tejada. El ejemplar del 14 de abril de 1937, sexto aniversario de la Segunda República, recoge en primera plana la lista de componentes de redacción. En ella aparece Aníbal Tejada como dibujante. Tejada nació en 1897 en Argentina y existen pocos datos biográficos acerca de este artista. Por lo que se sabe de él, fue un creador muy prolífico que, ya en la década de los años 20, desenvolvió su actividad como fotógrafo, ilustrador y cartelista. La primera referencia de Tejada en ABC la encontramos el 28 de octubre de 1923 como autor de la ilustración de la portada de ese día, con un trabajo titulado La vendimiadora. (...)

»Con el inicio de la Guerra Civil, Tejada volcó gran parte de su actividad en las páginas del ABC republicano, aunque también colaboró con otros medios como en la publicación humorística No Veas. Fue el primer director de la sección de dibujo y pintura de Altavoz del Frente, creado en agosto de 1936. Como responsable de cultura de la 75 Brigada Mixta de la República, fue el alma mater de Balas Rojas, la publicación de la brigada, cuyo primer número (de un total de 29) vio la luz el 20 de febrero de 1937. A modo de «hombre orquesta», Tejada trabaja en Balas Rojas como redactor, dibujante, fotógrafo y diagramador. Esta actividad de Tejada en el frente da idea de su dimensión como creador de propaganda de guerra, cuyos objetivos primordiales consistían en algunos de los objetivos anteriormente mencionados, como mantener la moral alta en el frente y en la retaguardia (...) Al finalizar la guerra, Tejada fue encarcelado y puesto en libertad poco después. Parece que su condición de argentino le ayudó a resolver el trance, pues Franco pretendía establecer una alianza con el país sudamericano después de la contienda. Posteriormente, Tejada trabajó para la agencia Gisbert. No existen apenas datos acerca de las circunstancias de su muerte en los años 70.

»A partir del 29 de octubre de 1936, Aníbal Tejada comienza a publicar sus viñetas como dibujante de cabecera del rotativo madrileño y, desde el comienzo, lo hace prácticamente a diario, con una publicación de entre 20 a 25 viñetas cada mes durante la mayor parte de la guerra. A partir de enero de 1938, el volumen de trabajo de Tejada decreció lentamente (excepto julio y agosto). En julio de 1938, ABC publicó la última viñeta de otros autores, con lo que Tejada se convirtió en la única referencia en este terreno. El 14 de setiembre de 1938, Tejada también publicó su última viñeta previa a un periodo de total inactividad de cuatro meses en los que ABC no publicó una sola caricatura, probablemente debido a su actividad periodística en Balas Rojas y a su enfermedad posterior. Tejada reapareció con un dibujo publicado el 21 de enero de 1939, ausencia que el propio periódico excusaba por razones de enfermedad. La última viñeta firmada por este autor fue publicada el 5 de marzo de 1939, la misma fecha en la que se produjo el golpe del coronel Casado contra el Gobierno republicano de Negrín. Este último trabajo consistió en una llamada de atención a la retaguardia. Aparecía una mano blandiendo un enorme garrote en el que aparecía inscrito el lema Dignidad Ciudadana. En la parte inferior, la consigna rezaba: Contra el bulista empleemos un solo argumento: ¡Aplastarlo!

»Tejada destacó por su producción como cartelista y este hecho se refleja en sus viñetas. Estas se caracterizan por la presencia constante de elementos de movilización y de denuncia. Sus dibujos de trazo fuerte tienden a la utilización de figuras hercúleas para representar conceptos generales como República, España, Pueblo, Ejército del pueblo, Frente Popular o Madrid. En la otra cara de la moneda, Franco, Mussolini, Hitler o el ejército faccioso aparecen bajo figuras grotescas y ridiculizadas. En el caso de Franco, Tejada lo representa durante toda la guerra protegido con un casco prusiano en el que aparece grabado Von Franko, es decir, con una grafía que lo sitúa como lacayo de los intereses superiores de Alemania. Los mensajes son literales y directos e introduce los propios términos escritos dentro de sus viñetas para una directa identificación de los objetos y personajes que aparecen en ellas. Esta inserción de palabras identificativas dentro de las viñetas se convierte en un elemento importante que, en aquel momento, contribuye al proceso de alfabetización de los soldados en el frente y de los lectores en la retaguardia, ya que es importante entender el elemento textual para comprender el conjunto de la caricatura.»

Balas Rojas, septiembre de 1938.