lunes, 22 de febrero de 2021

Alfonso IX de León: Decretos de la Curia de León de 1188

 

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Con frecuencia se cita este ordenamiento como la más antigua muestra del parlamentarismo medieval europeo, al mencionarse en él a representantes de las ciudades del reino en la Curia celebrada dicho año. Su presencia sería por tanto anterior a los casos comparables ingleses, y como tal fue reconocida por la Unesco en su programa Memoria del Mundo (2013). Ahora bien, parece conveniente no exagerar la importancia de este hecho. Inés de Benito Rodríguez, en su Acerca de la primacía de la presencia urbana en las curias medievales (2015) cuestiona la pertinacia de dicho reconocimiento. Sus conclusiones son interesantes:

«1.- En primer lugar considero que España ―o más bien los reinos y territorios que históricamente la precedieron― tuvo un destacado papel precursor en lo relativo a la presencia ciudadana en las asambleas medievales, a través de las cuáles podían los monarcas obtener el apoyo de sus súbditos para lograr mantener la paz de su reino. El monarca no ejercía en solitario las funciones del gobierno y de administración, sino que se ayudaba de asambleas políticas que colaboraban junto a él, asistiéndole mediante una labor de consejo y asesoramiento.

»2.- La aparición de las Cortes debe ser vista como una evolución de las instituciones dentro de la monarquía medieval. Las Cortes no pueden ser estudiadas como algo que surge en un momento determinado ya que fueron evolucionando a lo largo del tiempo, por lo tanto, no es posible adjudicar una fecha concreta a su aparición. Además, al ser producto de una lenta y progresiva evolución, tampoco existe unanimidad por parte de la doctrina a la hora de establecer los requisitos necesarios para determinar el origen de estas asambleas.

»3.- La presencia ciudadana no es suficiente argumento para poder hablar de la existencia institucional de unas Cortes, aunque por diversas razones los historiadores hayan discutido su origen insistiendo única y exclusivamente en esta cuestión. Por otra parte esta presencia urbana en las asambleas del siglo XII me parece incidental, no siendo en ningún caso el elemento fundamental que nos permita hablar de un Parlamento propiamente dicho, para lo cual se necesita principalmente que esta presencia sea realmente representativa y no meramente consultiva, asumiendo los ciudadanos un cierto grado de poder y responsabilidad, requisito que no se da con plenitud en esta época al no ser tener estos capacidad real para deliberar.

»4.- En cuanto a la primacía de la presencia urbana en las curias regias del reino de León sobre el de Castilla o viceversa estimamos que al ser los concejos castellanos mucho más poderosos que los leoneses y por tanto, capaces de exigir una presencia curial al monarca, sería lógico pensar que la participación ciudadana en estas asambleas tuvo lugar en Castilla al mismo tiempo o antes incluso que en el reino de León.

»5.- La primacía de la presencia urbana en las curias castellanas ha sido objeto de una menor atención y estudio que la de las curias leonesas, a pesar de que en las primeras el estado ciudadano llegó a ser el estamento predominante y de que la función, composición y frecuencia de las curias extraordinarias de Alfonso VIII revelan interesantes aspectos del cambio institucional y de la relación de la monarquía con la nobleza.

»6.- Con base a la documentación existente y manejada, consideramos que en la quinta Curia plena celebrada por Alfonso VIII en San Esteban de Gormaz (1187) estuvieron efectiva e indiscutiblemente presentes significados representantes de las ciudades y villas del reino castellano. Es más, estimamos como altamente probable el que dicha representación urbana estuviera ya presente en la curia celebrada en la ciudad de Burgos de 1169, aunque a diferencia de la anterior no podamos afirmarlo con rotundidad.

»7.- Aunque no discutamos la existencia de curias extraordinarias en el siglo XII en el reino de León, sin embargo si nos cuestionamos la presencia en ellas de una representación ciudadana consolidada como sí queda probada para el reino de Castilla, especialmente en la Curia de León de 1188. A pesar de que durante el reinado de Alfonso IX tuvieron lugar importantes asambleas de la monarquía leonesa considero que desde el punto de vista formal no fueron Cortes.

»8.- En cuanto a los Decreta de León nuestras dudas acerca de su autenticidad son numerosas, al tratarse de una copia respecto de la cuál desconocemos su fidelidad con el documento original, que no se encuentra datada ni conocemos su forma de transmisión y que dispone de un contenido normativo que revela la posibilidad de que algunos aspectos recogidos en los mismos no daten necesariamente de esa presumible fecha de 1188, habiendo sido elaborados con notable posterioridad. Por otra parte la estructura documental y las formas diplomáticas que presenta no se corresponderían de manera rigurosa con los usos propios del reinado de Alfonso IX, lo cual no hace sino acrecentar nuestras más que razonables dudas.

»9.- Respecto a la inclusión de los documentos que testimonian la supuesta Curia plena de León de 1188 y los Decreta que habrían presumiblemente surgido de sus sesiones en el Registro de la Memoria del Mundo en 2012 potenciado por el organismo de la Unesco, dependiente de la Organización de las Naciones Unidas (O.N.U.), la decisión adoptada por el mismo calificándolos como “El testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo” no sería todo lo acertada que de una institución como esta sería deseable. Estimamos que a lo largo del proceso tanto de proposición como de verificación y adopción final del acuerdo se ha vulnerado flagrantemente los criterios de selección que el propio organismo ha fijado, al no haberse tenido en cuenta la falta de autenticidad de la mayor parte de los documento finalmente protegidos, ni sus serios problemas de datación e incluso de relación material Curia de 1188/Decreta conservados, ni haberse evaluado la importancia e influencia que dichos Decreta hayan podido tener a nivel mundial, de manera comparativa a otros documentos de análoga naturaleza.

»10.- Finalmente, en cuanto a la cuestionable declaración de la Unesco a la que hace mención el título del presente trabajo creo necesario insistir en que el reconocimiento que a la postre se ha otorgado al conjunto de documentos que testimonian la supuesta Curia plena de León de 1188 y los Decreta que habrían presumiblemente surgido de sus sesiones se reduce tan sólo a su calificación como el “testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo”, sin que en ningún caso dicha declaración y consiguiente amparo documental haya producido, como equívoca e interesadamente afirman tanto los medios de comunicación como las instituciones públicas más destacadas tanto de la ciudad y provincia leonesa, como de las regionales o autonómicas, e incluso nacionales, la concesión a la población en la que tuvo lugar la mencionada Curia de 1188 de un sorprendente y poco ajustado a la realidad histórico-institucional título de “Cuna del Parlamentarismo”.»

Archivo de la catedral de Orense

lunes, 15 de febrero de 2021

Codex Vindobonensis Mexicanus I

 

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Maarten E. R. G. N. Jansen, en su extenso Huisi Tacu. Estudio interpretativo de un libro mixteco antiguo, y desde la antropología cultural y el indigenismo, presenta así la obra que reproducimos: «El códice del que nos ocuparemos en más detalle y a cuya interpretación trataremos de aportar algo, es el manuscrito mixteco consevado en la Biblioteca Nacional de la ciudad de Viena, Austria, conocido bajo su clasificación Codex Vindobonensis Mexicanus I (…) Vindobonensis: una tira de piel de venado (se cuentan 15 pieles) de ca. 13 y medio metros de largo y ca. 22 cm. de ancho, doblada como biombo y cubierta con estuco blanco. Un lado, el recto (R) o Anverso, consiste de 52 paginas (de ca. 22 x 26 cms.) todas pintadas, y constituye una obra terminada. Algún tiempo después de la conclusión del Anverso, otro autor pintó el Verso (V) o Reverso. Las paginas del Anverso se numeran de 1 a 52 en cifras árabes, pero cuando se hizo la numeración era todavía mal entendido el orden de la lectura, de modo que el principio del relato fue nombrado pagina 52 y el fin página 1. El Reverso fue distinguido con números romanos de I a XIII. Las páginas se dividen por medio de líneas rojas, que hacen alternar la dirección de la lectura, “como los surcos que trazan los bueyes arando” (bustrófedon). Así se delinean renglones horizontales (en el Reverso) o columnas verticales (en el Anverso).»

¿Y qué contiene este códice? Las interpretaciones han sido muchas, pero Jansen se inclina a concluir que «el anverso relata, en primer lugar, el origen mítico de los fundadores de las dinastías mixtecas postclásicas en Apoala, y los rituales por los que tomaron posesión de sus territorios (asociados con los puntos cardinales y con fechas emblemáticas) (…) El Reverso trata de la genealogía de Tilantongo y nos ha llevado a discusiones algo técnicas de la cronología, dando como resultado que aquel principio mítico de la historia mixteca, tal como lo relata el Anverso, probablemente corresponde al siglo X d. C. y equivale al inicio de la época postclásica en la arqueología mixteca.» Se considera que la obra original se elaboró hacia el año 1500. Reproducimos el facsímil realizado por el artista italiano Agostino Aglio (1777-1857) entre 1825-1831, comisionado por Lord Kingsborough, que se encuentra depositado en el British Museum.

lunes, 8 de febrero de 2021

Sebastián Fernández de Medrano: Máximas y ardides de que se sirven los extranjeros para introducirse por todo el mundo

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El año de 1700, nuestro prolífico y conocido Sebastián Fernández de Medrano (1646-1705) es general de batalla y director de la Academia Real y Militar del Ejército de los Países Bajos, de notable prestigio en su tiempo. Publica entonces en Bruselas, dedicado al conde de Fuensalida, su Breve Tratado de Geographia dividido en tres partes, que la una contiene la Descripción del Río e Imperio de las Amazonas Americanas, con su Carta Geográphica: La otra lo que poseen Franceses y Ingleses, etc. en el nuevo Mundo, y la forma que se introducen en él: Y la tercera del Estado presente del Imperio del Gran Mogor y Reyno de Siam. Es por tanto una obra miscelánea, en la que (como en otras ocasiones), recoge, traduce y resume las obras que han llegado a él y despertado su interés.

Reproducimos en esta ocasión el segundo de los opúsculos, en el que da noticia del A New Voyage Round the World. Describing particularly the Isthmus of America, several Coasts and Islands in the West Indies, the Isles of Cape Verd, the Passage by Terra del Fuego, the South Sea Coasts of Chili, Peru, and Mexico; the Isle of Guam one of the Ladrones, Mindanao, and other Philippine and East India Islands near Cambodia, China, Formosa, Luconia, Celebes, etc. New Holland, Sumatra, Nicobar Isles; the Cape of Good Hospe, and Santa Hellena. Their Soil, Rivers, Harbours, Plants, Fruits, Animal, and Inhabitants. Their Customs, Religion, Government, Trade, etc. publicado en Londres en 1697 por William Dampier (1652-1715), ilustre marino de la Royal Navy, aventurero, en ocasiones pirata, y en otras excelente naturalista. Dio dos vueltas al mundo y publicó numerosas obras.

Sin embargo, el interés de Fernández de Medrano se reduce en esta ocasión a insistir en la necesidad de combatir la creciente infiltración en América por parte de Gran Bretaña, Francia y Holanda: «A estas islas, y particularmente a las de la América, llaman los especulativos agudas espinas del Nuevo Mundo que penetran por todo, porque dejando aparte las dichas mercancías, que se ha referido conducen a ellas, son cuevas donde salen los piratas a reconocer por toda la tierra firme.» La solución que propone es incrementar la vigilancia armada de las costas: «Ocho o diez fragatas de pie en aquellos mares les impidieran semejante comercio tan perjudicial a la España.»

De Fernández Medrano hemos comunicado su Breve descripción del Mundo, y su resumen de Louis Hennepin, Relación de un país que nuevamente se ha descubierto en la América septentrional.



lunes, 1 de febrero de 2021

Juan Castrillo Santos: Cuatro años de experiencia republicana 1931-1935

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Se puede considerar la Segunda República como la definitiva crisis del estado liberal español, tan tempranamente surgido y afirmado en el marco europeo. Aunque 1931 se presenta por sus satisfechos autores como la consecución de un régimen democrático hasta entonces inexistente, se pueden constatar las abundantes continuidades con las situaciones anteriores: debilidad de los partidos (de élites y notables, de los que apenas algunos han iniciado su conversión en partidos de masas), manipulación del sufragio popular (favorecido por el leonino sistema electoral elegido), autoritarismo del ejecutivo (bien aplicado por medio de los gobernadores civiles), las mismas clásicas crisis orientales… Ahora bien, la época es otra muy distinta, con realidades y problemas diferentes bien presentes en la España de aquellos años, y que se pueden sintetizar en el conflicto ideológico de carácter totalizador entre comunismos y fascismos. Si bien aquellos que los propugnan son minoritarios, siguiendo el curioso juego de las profecías que se autocumplen, al ser utilizados como espantajo para motejar al contrario, acabarán por darles relieve y contenido hasta ocupar, dominantes, las dos esquinas del ring de la guerra civil.

En este sentido, el fracaso de la Segunda República fue el fracaso de los republicanos que, sucesivamente, monopolizaron su dirección y su disfrute. De ahí la abundancia de expresiones de desencanto coincidentes con el «No es eso» orteguiano, desde los primeros meses de su andadura. El notario Juan Castrillo Santos (1891-1953) es uno de los liberales republicanos de primera hora. Miembro del Partido Republicano Progresista (el de Alcalá-Zamora), diputado y vicepresidente de las Cortes en la constituyente, en la que también fue miembro de la comisión redactora de la Constitución. Además de textos relacionados con el derecho, fue autor de un buen número de obras a través de las que analiza los problemas políticos de su tiempo, siempre desde sus principios liberales y contra las soluciones leninistas, fascistas y populistas: Apuntes para la historia de la ruina de España (1919), Las rutas de la libertad (1928), ¿Se ha redimido España? Balance de la dictadura. La senda del nuevo régimen (1930), La orientación de la República (1933), Cuatro años de experiencia republicana 1931-1935 (1935), Ante el drama de la reforma constitucional (1935), I distruttori della Spagna (1937), y Revolución en España (1938).

En el interesante artículo de Miguel Ángel Sanz y Ramiro Trullén, Las rutas de la libertad: el pensamiento político de Juan Castrillo Santos entre el liberalismo y el fascismo (“Hispania Nova”, 2016) presentan así a nuestro autor: «Durante toda su vida, Castrillo Santos se definió a sí mismo como liberal, ya fuera en la agonía del parlamentarismo oligárquico, durante la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República o el franquismo. Sus principales referentes ideológicos (a menudo citados explícitamente en sus obras) se adscriben a esta corriente ideológica (como John Locke o James Madison) y, por lo tanto, las referencias a ellos son inexcusables. (…) Juan Castrillo Santos nació en Valderas (León) en 1891 y murió en 1953. Notario y político, después de ser decano del colegio notarial de Zaragoza, fue diputado por León en las Cortes Constituyentes de 1931, encuadrado en el Partido de Derecha Liberal Republicana. (...) Desde febrero de 1933 acentuó sus críticas al gobierno de Azaña mientras se fue alejando de Alcalá Zamora, quien bloqueó la posibilidad de que fuera ministro en el gabinete de Martínez Barrio que convocó las elecciones de noviembre de ese año donde Castrillo no obtuvo escaño. Se pasó entonces a la agrupación liderada por Miguel Maura, pero tampoco fue elegido diputado en febrero de 1936. Tras la sublevación de julio de ese año, estuvo preso unos días en la cárcel republicana de El Escorial, hasta que fue puesto en libertad y cruzó la frontera francesa. Posteriormente pasó a Sudamérica.» Regresó a España tras la guerra.



lunes, 25 de enero de 2021

Louis Hennepin: Relación de un país que nuevamente se ha descubierto en la América septentrional

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Escribe nuestro conocido Sebastián Fernández Medrano en el prólogo a su resumen y traducción de la obra que comunicamos esta semana: «Habiéndome llegado de París, entre otras cartas geográficas, la de un nuevo Descubrimiento hecho en la América Septentrional por los franceses de Canadá… la curiosidad de saber qué terreno era el recién descubierto, motivó en mí a hacer viva diligencia de si había algo escrito sobre este punto, y averigüé cómo el Sr. de La Salle, gobernador de un fuerte de los que la Francia tiene en la América, había emprendido hacer dicho descubrimiento, como lo hizo con alguna gente en que iban diversos misioneros y entre ellos un recoleto llamado Luis Hennepin, natural de Atha (plaza de la provincia de Hainaut) y que vuelto éste a Francia con el Sr. de La Salle, hizo un Tratado de lo descubierto, atribuyéndoselo a sí; pero como el Sr. de La Salle había sido el cabo y motivo de todo, no logró aquel religioso la primacía que pretendía, y disgustado se pasó a Holanda, y se despicó con dedicar al rey Guillermo y a aquellos Estados dicho descubrimiento, ofreciéndoles ser guía para ir a establecer colonias y la luz evangélica en aquel dilatado país, que es tan grande que excede a la Europa, comprendido entre el mar Glacial, Florida y Nuevo Reino Mexicano, y por donde corre un caudaloso río navegable, llamado Mississippi, que entra en dicho golfo; y dice en su dedicatoria que a nadie como a las naciones inglesa y holandesa conviene más el apoderarse de aquellas regiones y plantar en ellas la fe (esto dice un religioso) y como una y otra tengan dominios en aquellas partes, que les facilitan la entrada, le dieron oídos.

»Y esto, y que al rey cristianísimo se le ofrece la misma ventaja, y de que ya se ha servido, y asimismo dichas naciones, como adelante diré, valiéndose del Sr. de La Salle referido, me obligó a dar noticia a mi patria de todo, por lo que importa y puede importar tenerla de aquellas regiones, y así saqué de su impreso lo concerniente al viaje que se hizo, dejando las digresiones que lo indignado que se muestra contra la Francia, le obligan a prolongar la obra de su descubrimiento, donde permita la Majestad Divina sean nuestros españoles los que allá planten la Fe católica, como lo han hecho en lo demás de la América, a donde si hay algunos cristianos apartados de la Iglesia Romana, son los que han sido instruidos por la secta de Lutero y Calvino, que son los Misionarios, que este buen Recoleto, por su pasión, procura hagan lo mismo en aquellos salvajes que viven hoy sin ley ni religión.»

lunes, 18 de enero de 2021

Alexandre Olivier Exquemelin: Piratas de la América, y luz a la defensa de las costas de Indias Occidentales

 

Cabeza de Morgan, isla de
Santa Catalina (Colombia)

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El joven francés Alexandre Olivier Exquemelin (1645-1707) emprendió en 1666 viaje a América, en dependencia de la Compañía Occidental: podemos suponer su ambiciosas esperanzas de enriquecimiento. Pero sus expectativas no se cumplen: pronto queda en situación de servidumbre, y finalmente sale adelante como uno más de los numerosos miembros de las repúblicas piráticas que proliferan en torno a las islas Tortuga y Jamaica. Formará parte de expediciones dignas de incluirse en la borgiana Historia universal de la infamia; sus caudillos principales serán Lolonois y Henry Morgan. Sin embargo logrará sobrevivir y regresar a Europa, donde redactará su Histoire de aventuriers flibustiers qui se sont signalez dans les Indes. Se justificará afirmando que «Les Voyageurs aiment naturellement à parler de ce qui leur est arrivé, sur tout lors qu’ils sont hors de danger, et qu’ils croyent que ce qui leur est arrivé merite d’estre sçû; c’est pourquoy je en veux point dissimuler que je prens quelque plaisir à raconter ce qui s’est passé dans mon voyage.» La obra será un éxito, aunque se publicará inicialmente traducida al holandés en Amsterdam en 1678, a partir de la cual el doctor Bonne-Maison, médico en dicha ciudad, realizará la versión española que se editará en 1681 en Colonia, a partir de la cual se realizará la versión inglesa… Para entonces ya se ha publicado la versión alemana, y pronto aparecerá una versión francesa más extensa.

El impresor de la primitiva edición flamenca, Jan Claesz ten Hoorn, presentó así la obra: «La parte de la América que pertenece a la dominación española, y que por sus dilatadísimos circuitos parece un Nuevo Mundo, es de tal suerte incógnita a nuestra nación flamenca, como si de ninguna manera fuese en el orbe, por razón que los bajeles holandeses navegan raramente hacia aquellos puertos. Hemos ignorado hasta el tiempo presente las cosas que allá se pasan, por cuya razón no dudamos que la presente obra deje de agradarte, no siendo única descripción de las islas principales y plazas fuertes, mas también una verdadera relación de todo lo que ha pasado en el tiempo que el autor se halló en aquellas partes y ocasiones. Juzga también a propósito dividir su relación en tres distintas partidas, a fin que de la una a la otra se pueda entrar al conocimiento de la obra, como por un camino derecho. La primera contiene el principio de su viaje, de Francia hacia la parte occidental de la América, estando por entonces en servicio de la Compañía de las Indias, francesa; como también la manera de la compra y venta de esclavos que en aquel país se practica, no siendo obligados de quedar en esclavitud toda la vida (como se hace entre turcos), mas solamente por un tiempo determinado. Esta primera parte contiene también una descripción curiosa de las islas Española, Tortuga, Jamaica, y de todos los frutos, animales y políticas de sus habitantes; guerras, encuentros, y casos sucedidos entre españoles y franceses, con todo lo más notable de su tiempo.

»La segunda hace mención del origen y aumento de los piratas franceses e ingleses; de su modo de vivir, de la fidelidad que se observa entre ellos; de los premios que se dan a los estropeados y heridos; de las atrevidas y jamás oídas empresas que se han hecho, y crueldades inhumanas cometidas contra la nación española. Después añade la vida y acciones de los más famosos robadores marítimos, Francisco Lolonois y Juan Morgan, de quienes las insolentes empresas y atrevidas ejecuciones no deben ceder en coraje e industria a los más célebres y valerosos hechos de antiguos héroes. El autor hace claramente ver en la tercera parte (además de una descripción de la tierra firme) la toma e incendio de la poderosa ciudad de Panamá, como también la invasión de diversos lugares y plazas de la parte septentrional americana, por los piratas franceses de Tortuga, e ingleses de Jamaica, debajo de la dirección del intrépido y corajudo Juan Morgan, que habría adquirido mayor honor por su sagaz disposición y atrevimiento, si su tiránica crueldad cometida contra los bajeles no hubiese borrado todo el lustre de su gloria. En cuanto a la Historia, de ningún modo creemos que haya algo en qué dudar, a causa de que el autor que la ha escrito con toda sinceridad, se halló presente él mismo en todas las piraterías de Lolonois y Morgan; así debe tener un conocimiento más exacto que otro cualquiera, que no lo sabría más que por haberlo oído decir.»

lunes, 11 de enero de 2021

Lilo, Tono y Herreros: Humor gráfico y absurdo en La Ametralladora (1937-1939)

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La Ametralladora fue el órgano de propaganda de los nacionales destinado a los soldados movilizados en la guerra civil. Publicó ciento veinte números (los dos primero con la cabecera de La Trinchera), pero tras varios meses un tanto anodinos, convencionales y previsibles, cambió de rumbo con la incorporación de un grupo de brillantes vanguardistas, presididos por Miguel Mihura (1905-1977), que con el seudónimo Lilo publica chistes, relatos fantásticos, montajes fotográficos… repletos de su personalísimo concepción del absurdo. Le secundará el maestro Tono (Antonio Lara, 1896-1978), y más tardíamente Herreros (Enrique García Herreros, 1903-1977). De estos tres autores hemos seleccionado una suficiente muestra de su humor gráfico publicado en dicha revista. Si bien nos encontramos ante una obra de propaganda política y de combate, con todas las limitaciones y sevicias que ello comporta, resulta interesante compararla con el talante de otros escritores y dibujantes, tanto del propio bando como del contrario (ya comunicamos en Clásicos de Historia una selección de la obra de Aníbal Tejada): las diferencias son patentes.

Y es que la revista superó con frecuencia los objetivos pragmáticos y primarios que le suponían sus mandatarios. Edgar Neville fue otro de los prodigiosos colaboradores de La Ametralladora, en paralelo al rodaje de documentales sobre la guerra, y años después dejará escrito que «se trataba de triturar una civilización burguesa y falsa que traía renqueando un siglo de cursilería y de convenciones, atado a los faldones del último chaquet. Sátira de las novelas románticas, de los folletines, de los sonetos a la rosa de té, de las visitas de cumplido, de María o la hija del jornalero, de los señores con barba y chistera, sátira del ingeniero que se casa con la mocita de Arenales del Río…, sátira del niño modelo, del famoso Juanito y del imbécil de su padre.» Pero Andrés Trapiello, en su canónico Las armas y las letras, comenta: «Parece que Neville se estuviera refiriendo a todas las nostalgias burguesas, a los romanticismos de saleta y a las evocaciones finiseculares de caracolas sobre las pianolas o las consolas, que con tanta afición cultivaban sus camaradas de la revista Vértice o poetas falangistas como Foxá o Sánchez Mazas, que venían de las visitas a los cementerios románticos y monasterios ruinosos baja la yedra.»